Los vientos del olvido, denostando la memoria de una mujer admirable, valerosa e íntegra, me estoy refiriendo a Berta Cáceres, están siempre al acecho, pero se disipan rápidamente porque somos muchos los que no perdemos ni un solo segundo para lograr ese objetivo, loable y merecido, de alejar los olvidos en torno a una víctima del poder de turno, que sigue sobrevolando las tierras centro y sudaméricanas, ansiadas siempre para el saqueo de recursos, la violación de las libertades de las comunidades indígenas, para atravesarlas de mezquidades colonialistas e imperialistas, avasallando la legítima autodeterminación de los pueblos y de sus tierras ancestrales, bajo el artero pretexto del progreso, siendo que en realidad no hacen más que buscar réditos financieros destinados a las multinacionales criminales, que para lograr su meta, no dudan en generar, propiciar, asistir y ser autores de derramamientos de sangre, y de crímenes; crímenes de luchadores y de luchadoras que se atrevieron y atreven honradamente a confrontarlos, y a denunciarlos a los cuatro puntos cardinales del planeta; tal como ocurrió , ya hace unos diez años, con Berta, la dirigente lenca que por confrontrar a brazo partido, dentro y fuera de Honduras, a los intrusos, estos orquestaron todo para que fuera asesinada a balazos; hoy, su hija Bertha Zúñiga Cáceres, a sus 33 años, sigue con las manos en el arado, coordinando en el terreno, la lucha que hizo tenazmente y valerosamente su madre, y su familia junto a su comunidad, como un legado viviente de una lideresa única como fue Berta.
Entonces, ahora mismo, desde la redacción de Antimafia Dos mil, de Montevideo, Uruguay y de hecho, desde la redacción de Antimafia Duemila, de Palermo, Sicilia, Italia, como mínimo, le rendimos un muy sentido y militante homenaje, a Berta y a su hija, y a quienes, junto a ella, haciendo parte del Copinh (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) caminan sobre los mismos pasos de Berta, abriendo un gran zurco militante en su tierra; la tierra en la que los asesinos materiales e ideológicos de Berta, pretendieron callarla y amordazar a la comunidad, sin lograrlo; porque el Copinh, está más vivo que nunca y el río que Berta defendió a costa de su vida, sigue libre; libre, gracias a ella.
No tuve el gozo de conocer personalmente a Berta Cáceres; ni de pisar suelo hondureño, ni muchos menos de estar a orillas del río Gualcarque, compartiendo horas con ella y su comunidad, tal como lo hizo, Claudia Korol, una mujer argentina activista por naturaleza, a la que admiro igualmente -por ser tan guerrera como Berta misma- y que sí conosco, habiéndome cruzado con ella e intercambiando diálogos en varias oportunidades; Claudia tuvo la posibilidad de escribir un libro, enriquecedor y consistente, sobre Berta, de ahí que se ha transformado en un testimonio viviente de la obra y de la vida de ella.
Pero sumando testimonios, para este homenaje, no puedo dejar de nombrar a Bertha Zúñiga Cáceres, la hija de Berta, a quien conocí y la entrevisté en marzo de 2019, en el entonces hotel Bauen, de la avenida Callao y Corrientes, en Buenos Aires; su presencia allí, junto a otro de los hijos de Berta, Salvador, fue en ocasión de un evento organizado para presentar el libro de Korol: “Las revoluciones de Berta” y recordarla además, dentro de un contexto de activismo propio del Copinh y feminista además.
En aquella oportunidad, apenas tres años años después del crimen de Berta, que fue en la madrugada del 2 al 3 de marzo de 2016, su hija, dotada de una grandeza y fuerza increíble, visible a leguas pese a su frágil estampa, nos concedió una entrevista que fue en sí misma una vivencia testimonial que todavía la guardo en mi memoria; una vivencia periodística que oportúnamente compartimos con los lectores de Antimafia Dos Mil y en el Bauen, con integrantes del Movimiento Our Voice (Voces Insurgentes).
Un fragmento de sus palabras fue clarificador sobre lo acontecido con Berta; una certera apreciación de una hija que en su juventud portada una madurez de conciencia, que debo destacar y enaltecer; era, me atrevo a decir, el calco de una Berta Cáceres de un tiempo contemporáneo, abazado literalmente a la energía que solo puede dar la convicción de una lucha, lícita, ética y por sobre todo, cargada de una autenticidad ancestral y comunitaria, inconfundible.
En tono calmo, pero sin titubeos ni restricciones en sus palabaras, y con cero diplomacias, Bertha Zúñiga nos declaró : ”El peligro es normal para mí. Mi madre me enseñó cómo seguir con su lucha, cómo protegerme en las manifestaciones, como entender los problemas sociales. Mi madre no murió, fue puesta en esta tierra como una semilla. A mi madre no solo querían matarla, sino que querían descabezar la organización del COPINH y desaparecerla, pero se equivocaron. Esto no ocurrió”
Y luego agregó: ”Yo creo que para nuestro país es un momento de fuerte desesperanza, las caravanas migrantes, la desarticulación popular es una manifestación de eso, y hoy es más urgente que nunca el pensamiento y la práctica que tuvo Berta Cáceres en trabajar, fuertemente, también en la articulación nacional, en construir esperanzas, un tiempo para nosotros frente a los fracasos de muchos procesos de izquierda o bueno... los ataques que están sucediendo, de construir una esperanza desde lo que sabemos, que es la lucha popular”.
De aquellas palabras a hoy, transcurrieron siste años; y en siete años Bertha Zúñiga, creció en ideas y en sabiduría militante; en activismo con identidad lenca; con sentimiento de Copinh; pautado por el tiempo, por el talento, por su personalidad y por la magnitud de una lucha que no ha cesado; que no se ha estancado, sino que en contrario, se ha redoblado. Una lucha que lleva a Berta Cáceres, por que ella es el alma de ese camino, y de una comunidad lenca que no ha dejado de tomar el arado, para trabajar en esa tierras, con más fuerza; y siempre sembrando la memoria de Berta, y su revolucionario activismo, en favor de la vida, de la lucha justa y de la verdad, en sus alocuciones.
No hace poco, Bertha Zúñiga, a propósito del décimo aniversario del asesinato de su madre, fue entrevistada por Las Bravas, espacio feminista de La Diaria de Montevideo, y en la crónica, de la colega Luciana Peker, hay un párrafo en el que la hija de Berta pone énfasis en el atentado contra su vida, señalando lo siguiente: “El crimen de mi mami se pudo prevenir, pero no se hizo nada para evitarlo”.
Muy elocuente; muy preciso; sin rodeos. Y sumó algo más: “Ella nos enseñó a dar una batalla a partir de creer en que los pueblos tenemos la capacidad de salir victoriosos” ;” La libertad del río Gualcarque, que es por el que murió mi mami, defendiendo este río, y por el que seguimos luchando, es muy importante, ya que representa un espacio como hábitat funcional para las comunidades del sector norte de Intibucá, pero también tiene un valor espiritual que nosotros defendemos por su significado para nuestro pueblo. Significa la posibilidad de futuro para los niños y niñas del territorio del pueblo lenca y para todas las comunidades por las que camina el río Gualcarque”; “La estructura empresarial sigue impune”; “La figura de mi madre trasciende las fronteras por la fuerza de su palabra”; “Para mi madre sería muy importante la articulación de los espacios de lucha. La fuerte potencia que las mujeres estamos llevando a los espacios populares, donde también tiene que haber un proceso de revolución interna, de despatriarcalización y denuncia, va a ser para bien: para fortaleza, para democratización, para construir una esperanza de vida desde la mirada de las mujeres”
Con estas sus palabras, que solo son un tramo de la entrevista que concedió a Las Brevas, solo resta madurarlas en nuestra conciencia urbana, para expandirlas bajo la premisa de que Berta Cáceres, está viva; está entre nosotros, codo a codo con su hija -ya una líder gigantesca- y de todos quienes junto a ella, siguen librando la batalla para que el río Gualcarque, siga siendo de la comunidad lenca; y más aún, que siga siendo libre, y libre como el viento.
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*Foto de Portada: Antimafia Dos Mil
*Foto 2: Antimafia Dos Mil/ Gentileza de OUR VOICE