Fue además un maestro de la educación popular en Uruguay y un líder social único
Trabajando en la redacción de Palermo, en Sicilia, Italia, saber de la desaparición física del líder social colombiano Efraín Pablo Trejo Freire me abrazo la tristeza y al mismo tiempo, la serenidad, porque debí admitir, que el ciclo de la vida es implacable cuando llega la hora del final; ese final que más tarde o más temprano nos involucra a todos. Y también -mal que me pese- lo involucró a él, a quien desde hace algunos pocos años no veía, aunque sabía que venía pasando por algunos difíciles momentos debido a un quebranto de salud que lo fue demoliendo progresivamente, por más que él sobrellevaba esa lucha por su vida con estoicismo admirable. Porque él era así: fuerte y frontal frente a las adversidades en su batallar personal y en su diario andar como líder social de su tierra natal, diría yo, como un verdadero revolucionario de la vieja guardia, fortalecido en sus convicciones y en sus acciones, siempre demostrando con el ejemplo -en particular- que teniendo las manos en el arado de la vida y con auténtico y verdadero espíritu de lucha, era la única forma de crecer y de sembrar -para las nuevas generaciones, y con disponibilidad, tesón y paciencia- los , múltiples caminos para hallar (y recuperar) la libertad, la paz y la justicia, como valores esenciales de la convivencia de su pueblo y de los pueblos.
Así, sin apartar las manos en el arado, lo conocí hace ya unos cuantos años, en su paso por Uruguay, por Montevideo. Así lo descubrí, y así, ambos, junto a mi compañera Erika y otros muy queridos amigos uruguayos, fuimos cultivando los lazos de amistad abrazados a ideas en común, asumiendo además, que ambos, no éramos ni más ni menos que dos compañeros de lucha; de una lucha sin fronteras, en una América Latina desangrada por los autoritarismos y las opresiones, y las injusticias sociales.
Así, mancomunados en esas lides nos vimos en tierras uruguayas, en preciosos e inolvidables momentos, en los que compartimos secuencias de militancia y de afinidades ideológicas, en donde además, la educación popular era uno de sus pilares, como lo era la música de su patria, de ahí que no puedo olvidar, ni por asomo, una de aquellas tardes que instrumentos musicales de por medio hicimos arte popular en el jardín de mi casa junto a otros compañeros que seguramente hoy compartirán estas nostalgias, que saben a muy enriquecedoras y emotivas vivencias, pero que en realidad fueron eslabones para fortalecer la militancia y la amistad; esa amistad con mayúsculas que ahora mismo me llena de emoción; pero una emoción desgarradora porque me hace ver que él ya no está, y que su presencia se ha transformado en un profundo recuerdo, y felizmente en un profundo homenaje a su persona y a su memoria.
Pablo conocía al ser humano como ninguno. Pablo, en un abrir y cerrar de ojos desarticulaba toda suerte de mezquindad o de insanía abroquelada en su interlocutor, o en contrario, articulaba amigablemente sin titubeo alguno, tratándose de un compañero de lucha,de un ser querido, o de un amigo; tenía la capacidad de conocer a fondo la condición humana; tenía el don de la sabiduría militante; esa sabiduría del senti- pensante que siempre aludía Eduardo Galeano, seguramente uno de sus preferídos de Pablo, quien además, como todos los colombianos, hacía gala de su hablar pausado y calmo, en voz y en tono, y fundamentalmente cuando desplegaba sus enseñanzas de educación popular, con el sello del seductor inconfundible, a la hora de la docencia, que se hizo más que fructífera en el suelo uruguayo, donde sembró un sólido ideario, con aires de revolución cultural. Porque Pablo era un luchador social por naturaleza.
Pablo, por acá y por allá no pasó inadvertido. Y mucho menos para su amigo y hermano del alma, y de la vida, Heber Santander Álvarez, colombiano también, cuyas sentidas palabras dirigidas a Pablo, como no podía ser de otra manera, desde Colombia llegaron a mi mesa de trabajo, para sumarse con la elocuencia que corresponde al homenaje a nuestro amigo y hermano en común, hoy libre en la eternidad; esa eternidad que lo cobijará merecidamete en nuestra memoria, en la memoria de su pueblo y en la memoria de su país, y de la América Latina por la que tanto luchó, y por la que tanto se sacrificó, como tantos y tantas compañeras de esas tierras colombianas donde los líderes sociales no bajaron las manos de los arados; arados con los cuales contra viento y manera, y soportando represiones, abrieron más que profundos zurcos de una lucha social , hoy por hoy, mucho más que urgente.
“De manera espontánea procedo a hablar un momento sobre un líder social, comunitario que marcó un hito en la lucha en favor de nuestros pueblos” enfatizó Heber Santander Álvarez y agregó: “Pablo Trejos Freire, un ciudadano colombiano que nació en el Sur del país, en la frontera con la hermana República del Ecuador. Nos conocimos en el fragor de la lucha, fundamentalmente la lucha de los pueblos del Sur de Colombia por mejorar sus condiciones de vida, exigiendo la inversión social y la presencia que el Estado colombiano no hace, convirtiendo a nuestra región en una zona marginal y olvidada. Ahí nace, en favor de nuestros pueblos, el Movimiento Social de las exprovincias de Obando y Tuquerres, que más tarde se denominó el Movimiento Social del Sur y que tuvo que recurrir a las vías de hecho, para encontrar respuesta en el gobierno central y compromiso frente a las exigencias de beneficio social para nuestras gentes, sus comunidades y territorios. Las vías de hecho nos llevaron primero a concientizar desde las comunidades y con ellas, organizar y planificar, en el Municipio de Guaitarilla, lo que fue el Movimiento Social del Sur. Trabajamos en mesas de trabajo por áreas, la salud, la educación , el sector agropecuario, dado que la población es mayoritariamente campesina; repito, en condiciones de marginalidad, olvido y atraso, y también frente a la carencia de infraestructura técnica instalada y la no existencia de procesos agroindustriales que mejoren y dignifiquen la vida de los nuestros; vías de penetración. Así fue cómo se levantó un pliego de peticiones y de exigencias que el Estado colombiano no tuvo en cuenta. Para llamar su atención nos tomamos la Asamblea del departamento de Nariño; luego, la gobernación del departamento de Nariño; el puente internacional colombo-ecuatoriano de Ruischaca y por último nos tomamos el Ministerio Nacional del Interior donde se pudo firmar un acta de compromiso en representación de nuestras gentes, en los líderes y lideresas del Sur de Colombia, entre ellos Pablo Trejos Freire y por parte del Estado, el Ministerio del Interior en representación del gobierno de la época. Eso destacó un liderazgo ciudadano social y comunitario, pero también colocó en aprietos, dado que la respuesta real que dió el Estado colombiano en su momento fue de carácter represivo. Tuvimos más de cincuenta detenidos y luego se abrieron procesos judiciales; judiciando la labor ciudadana, social y comunitaria y atacando directamente al Movimiento Social del Sur. Eso llevó a algunos de los nuestros al exilio y de hecho a Pablo que exilió en la República Oriental del Uruguay, donde jugó un papel político destacado en favor también de la sociedad uruguaya y en solidaridad con la lucha y las banderas que siempre hemos levantado los líderes ciudadanos sociales y comunitarios en un país como Colombia. Queda de Pablo Trejos Freire su enseñanza, su espíritu revolucionario indeclinable que mostró en los momentos más difíciles, su capacidad de solidaridad, su liderazgo auténtico, original y originante, y de hecho un compromiso que nunca declinó en favor de las masas y mayorías populares, en favor de las gentes citadinas y campesinas,que necesitan de la organización y de la movilidad social para poder dignificar su vida mejorando sus condiciones de existencia. La organización social jugó un papel importante, fortificando, fortaleciendo el sistema organizativo de las comunidades, cualificando los liderazgos naturales, en verdaderos cientistas sociales y de hecho reivindicando aspectos sustanciales que hoy hacen parte de la vida cotidiana de nuestros pueblos”
Más que palabras fueron las de mi amigo y hermano de lucha y de conciencia social, Heber Santander Álvarez, sobre nuestro querido compañero Pablo Trejos Freire; más que palabras, ya que fueron, en definitiva, sentimientos traducidos en una suerte de canto al compañerismo militante, refiriéndose a un hombre al que admiraba profundamente.
Pablo Trejos Freire, tus enseñanzas perdudarán; tu memoria la preservaremos contra todos los vientos huracanados que podrán quizás aparecernos en los más recónditos caminos de una lucha social viva, latiendo más que nunca en el corazón mismo de una América Latina de cuyas entrañas emergieron hombres como tú, y que como tú, no hicieron otra cosa (y siguen haciendo) -a lo largo de la historia de los pueblos de nuestro continente- que dar forma a una resistencia natural del hombre, cuando, comprometidamente, percibe nítidamente y a conciencia que los sometimientos y las injusticias sociales siguen siendo moneda corriente; y que tan solo por eso, hoy, las luchas sociales no se detendrán todavía, sino que por el contrario, se multiplicarán, sin límites ni hipocresías.
!Tal como lo hacías tú!
*Foto de Portada: gentileza de Heber Santander Álvarez