Como no podía ser de otra manera, la compañía artística uruguaya “Extasia” junto con la Asociación de Promoción Social Our Voice (Voces Insurgentes) cosechó -una vez más, y merecídamente- aplausos y vítores a granel en su única presentación de la obra teatral “El Reino del Desorden” en la sala de Villa Filipina, de la ciudad de Palermo en Sicilia, Italia. A platea llena los directores de la obra: Sonia Bongiovanni -que además es fundadora de la compañía con sede en Montevideo, Uruguay- y Diego Grachot presentaron una más que acertada reposición de un espectáculo que tuvo un descomunal despliegue, y en el que catorce actores profesionales y un músico, allanaron acertadamente los caminos artísticos para que en definitiva el evento teatral en su conjunto generara un gran impacto en el público presente, constituyéndose así en uno de sus más destacados logros dentro de Italia, lo que nos hace pensar (sin margen de error) que la compañía podría perfectamente hacer una gira por todo el país, redoblando mucho más que aplausos.
¿Listos para entrar en el Reino del Desorden? Es la interrogante que surge desde el escenario, y que se responde desde los primeros minutos del espectáculo; ya desde el abc de la obra, la ambientación toma forma de anzuelo inequívoco para que el espectador vaya alineándose a una puesta en escena compleja y multi actoral, donde la dramaturgia brilla y se luce, apoyada por una muy acertada estructura escenográfica y lumínica; y un más que óptimo despliegue coreográfico que se disfruta desde la platea, en una dinámica única y sorprendente. Y tanto así que no defrauda al espectador, pero ni por un instante.
Casi sin darse cuenta el espectador se interna en el reino consumido por la locura del desorden, donde los habitantes se obstinan en aceptar su absurda condición de vida para sobrevivir. Donde su corta memoria los encierra en un bucle infinito, en el que, inexorablemente, algunos de ellos pierden la vida. Y allí, entre cuadros vivientes y sombreros, se encuentra Rosa, una señora que intenta devolverle la vida a su hijo Ítalo. Entonces: ¿Podrá un secreto desconocido detener el tiempo y romper la maldición que los encadena a la misma historia desde siempre?.
Sobre el escenario vimos un texto sólido, convincente y que no da respiro al espectador, el que lo va degustando cada escena, como se puede degustar un muy buen vino, saboreándolo trago por trago. Un texto portando la cadencia de una historia, quizás de una de tantas historias de nuestros días; un texto que va cobrando personalidad e identidad escénica, minuto a minuto; es en concreto el desarrollo de una historia que atrapa a la platea en todos sus más mínimos detalles porque quizás y seguramente el espectador vaya descubriéndose en el microcosmos de todos y cada uno de los personajes.
Se trató de un viaje al caos, dentro de un contexto inmersivo y surrealista; dentro de un reino en el que lo grotesco se da la mano con las historias, de un amor al poder y de un romanticismo implícito. Una experencia inédita, que mucho vale la pena ver y sumergirse en ella.
Porque la historia del Reino del Desorden es de hecho un espejo de la sociedad actual; es una más que contundente expresión de los entuertos del poder y de las rebeliones que se desatan en consecuencia. Y eso se palpa. Y eso lo advierte el espectador. Y en muchos parlamentos -de una dramaturgia a cargo de Sonia Bongiovanni, Elis Pagano, y Beatrice Boccali-se dejan entrever los recovecos y las bondades de los activismos sociales; y los vericuetos de la condición humana. Y en concreto, el texto, es en sí mismo un mensaje más que profundo, dirigido a la platea (y a la humanidad). Es otra vez, sobre un escenario, el arte teatral de “Extasia” en demostración irrefutable del compromiso social. Un arte teatral con personalidad definida e inconfundible, sea en Italia o en el Uruguay.
Simona Mulia tomó a su cargo las difíciles riendas de la coreografía, y lo resultados fueron destacados; el maestro del violín y de la composición en vivo, mismo sobre el espacio escénico, y con acierto en grado máximo fue el mexicano Andrés Gonzáles; la excelente música fue de Fabrizio Fortunato y Chiara Bruno; los actores del Reino fueron Roberta Borelli, quien fue Rosa, en una magistral interpretación y composición del personaje, de hecho polifacético e intrincado; su par, en nivel de actuación, en el papel de Salvo, fue Jason Maiorino, versátil y talentoso; Dido, un personaje mordaz en su esencia y de un muy definido rol protagónico, junto a Rosa y Salvo -en una trilogia despampanante- fue interpretada por una actriz que fue baluarte de la noche, por su ductilidad y solvencia actoral:Serena Marchese; por su parte, Giuseppe Faranna, dominó la escena desde las alturas mismas de la historia, como el custodio del Reino, y su aporte fue plus de brillo para los protagonistas, de una dramaturgia y de un espectáculo distópico; las figuras ensamblandas en los cuadros de la más que cautivante escenografía fueron Martina Vasta y Julieta Jimena, otros estandartes de una puesta en escena descollante, con un rol interpretativo que supo ser centro de atención en la noche; en el papel de Trina, brilló actoralmente Chiara Bruno; y en el papel de Reo, Mario Urso, ambos destacados y exitosos; hicieron lo propio los demás obreros, que fueron broche de oro coregráfico, escénico y pieza fundamental de la obra en su conjunto, a saber: Dalia Galat, Alessia Puleo, Adele Balsamo, Davide Tomasello, Rafaella Faranna y Egle Abate.
El vestuario fue responsabilidad de Cecilia Mercado, y merece un sonoro aplauso desde éste texto, al igual que la escenografía, a cargo de Sofia Capretta (que también se hizo cargo del maquillaje) y Lorenzo Capretta.
El público presente supo asumir, perfectamente, la esencia y el sentido de ese Reino del Desorden, que hizo parte de una impronta única que lleva el sello de los directores Bongiovanni y Grachot; fue el teatro de Extasia, el teatro de un mensaje de compromiso en el marco de un espectáculo sobrio, dinámico; de una presencia multiactoral indiscutible y por esa misma razón el valor escénico se erige como una marquesina visible al mundo, sobre cargada de lauros, porque convengamos que no debe haber resultado fácil subir a escena una propuesta de esta magnitud, en absoluto.
Seguramente fue desde el inicio un desafío mayúsculo, pero los caminos se fueron transitando progresivamente y los logros se hicieron sentir a la hora de subirse los telones del espacio escénico elegido, quizás no el más ideal para este tipo de propuesta, pero igualmente supo ser muy bien aprovechado. Y eso fue más que meritorio.
Lo cierto y lo tangible, y lo palpable, y lo visto, desde todos los ángulos, es que “Extasia” fue broche de oro en la noche palermitana y marcó presencia, y bastante sólida; y más aún, fue muy profesional, y eso la enaltece, la señala dentro del universo del arte teatral -y ya sin reservas- como una compañia artística de nivel internacional. En su debut en Montevideo brilló, y me consta; y en su debut en Palermo, como compañía recién formada, como un trabajo en reposición (porque el espectáculo ya estuvo sobre el escenario anteriormente) también brilló, y !vaya de que forma!
Aplausos es poco, muy buenos tiempos futuros en el mundo del espectáculo sobrevendrán, mas que seguro. “Extasia” tiene madera de arte vivo, de arte dinámico y de presencia con el compromiso social, como mensaje esencial, en todo su ADN actoral, escénico y dramatúrgico.
Con sello inédito y prometedor. De eso estoy más que seguro.
*Fotos: Davide De Bari