Finalmente su padre decidió dar permiso a los médicos del hospital de Addenbrooke, en el condado de Cambridgeshire, para que desconectaran la máquina, según relató ése en un programa especial de la BBC emitido el pasado martes.  
En el último momento, sin embargo, los médicos se percataron de que el paciente, que hasta aquel momento no había respondido a ningún estímulo externo, podía parpadear y parecía capaz de establecer algún tipo de comunicación mediante gestos.  
Entonces le preguntaron tres veces si quería seguir viviendo y tres veces seguidas Rudd asintió mediante el parpadeo de sus ojos.  
De aquello han transcurrido ya nueves meses, y ahora el paciente puede mover la cabeza y sonreír a sus familiares.  
"Estoy muy contento de que haya podido sobrevivir y decidir sobre su vida. Decidir uno mismo sobre la vida de un hijo es casi imposible", declaró su padre a la emisora.  
El paciente ha sido trasladado a otra unidad del hospital, donde los especialistas le enseñarán a comunicarse con los ojos, los músculos faciales y la lengua.  
Según los medios británicos, este dramático caso plantea una serie de interrogantes sobre la oportunidad de los "testamentos" que hacen a veces los pacientes y en los que expresan su voluntad de no ser resucitados.

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