Mientras las autoridades y los organismos humanitarios empiezan a implementar masivos planes de rehabilitación de infraestructuras en el norte del país, en el sur extensas zonas continúan anegadas por las aguas, lo que impide que cientos de miles de personas puedan regresar a sus hogares.
"El agua no se marcha, está estancada. En Sindh (sureste) no se puede pensar en rehabilitación, es una situación de emergencia. Intentamos concienciar a los donantes de que la crisis está lejos de haber acabado pero desde hace semanas no están llegando casi fondos", expuso hoy a Efe una portavoz de la ONU, Stacey Winston.
"Nuestras tropas siguen muy activas en Sindh, allí están desplegados gran parte de los 20.000 efectivos que participan actualmente en las tareas de asistencia, así como la mayoría de nuestros helicópteros y los de países amigos", explicó a Efe un portavoz del Ejército paquistaní, el general de brigada Azmat Alí.
Las fuentes describieron un paisaje dantesco de aldeas sumergidas, carreteras e infraestructuras básicas destruidas y campamentos de desplazados abarrotados en los que algunos cabezas de familia se acercan a supervisar el estado de sus casas o cultivos, aunque a menudo se trata de un esfuerzo en vano.
Pese a una frenética agenda de reuniones, visitas y llamamientos, la utilización de reclamos como la actriz estadounidense Angelina Jolie o grupos de música locales, el organismo multilateral apenas ha recaudado el 40 por ciento de los algo más de 2.000 millones de dólares solicitados a la comunidad internacional en septiembre.
Los datos oficiales de la ayuda total prometida o entregada al país surasiático hasta la fecha no son mucho más positivos: 1.870 millones de dólares, lo cual incluye las donaciones directas a las autoridades paquistaníes (34 por ciento) y los fondos canalizados por las propias Naciones Unidas y otras agencias humanitarias.
Esto se traduce en unos escasos 89 dólares por cada uno de los cerca de 21 millones de damnificados, una cifra ligeramente superior a la cantidad establecida como salario mínimo mensual en la depauperada potencia nuclear asiática.
"Todavía estamos lejos de poder entregar material de cobijo a cada damnificado", se lamentó en un comunicado Hasan Mostafa, el director regional de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), quien recordó que siete millones de personas carecen de este tipo de ayuda.
Algo básico ante la inminente llegada del invierno y la situación vulnerable de unos afectados entre los que afloran ya problemas de malnutrición y multitud de infecciones respiratorias (1,2 millones de casos), dérmicas (1,2 millones) u otras enfermedades como la malaria (371.000), el dengue (4.360) y la diarrea aguda (986.000).
Analistas consultados por Efe achacan la pérdida de interés a la prolongación de una tragedia que empezó a finales de julio en las áreas más septentrionales y montañosas y se fue expandiendo hacia el llano centro y sur como un "tsunami a cámara lenta" -en palabras de la ONU- causando devastación en todas y cada una de las provincias.
Por si fuera poco, en los últimos meses también han sufrido inundaciones otras partes de Asia y del mundo, lo que acaba creando una fatiga entre los donantes en plena crisis económica global para aportar fondos a un país en conflicto que ya de por sí despierta poca empatía en el exterior, según las fuentes.
A mediados de este mes, el Banco Mundial y el Asiático de Desarrollo cifraron en 9.700 millones de dólares los daños provocados por el monzón en Pakistán, donde el desbordamiento de las aguas del río Indo y sus afluentes llegó a anegar una quinta parte del territorio y destruyó o dañó 1,7 millones de viviendas.