Ni siquiera hemos terminado de “celebrar” el Día de la Obesidad (10 de octubre), patología que aflige a millones de personas, sobre todo en el mundo desarrollado, con consecuencias sanitarias y económicas demasiado graves (pero también en los países en vías de desarrollo el número de obesos está superando al de las personas que padecen hambre), que ya llega la Jornada Mundial de la Alimentación.
Que nos recuerda el “peso” de los hambrientos esparcidos en los cuatro ángulos del planeta, altísimo aún con respecto a los Objetivos del Milenio – reducir a la mitad pobreza y hambre antes del 2015 – y al plan estratégico de la FAO. Incluso si los datos que la FAO presentó el 15 de septiembre con IFAD y WFP son relativamente alentadores: en un año las personas que padecen hambre sobre la tierra han disminuido en alrededor de 95 millones (1.020 millones en el 2009). Pero no es suficiente.
Por otro lado se registran tres paradojas. La primera: la FAO estima que la producción agrícola mundial podría nutrir a 12.000 millones de seres humanos, el doble de los habitantes del planeta. La segunda paradoja es que hambre y saciedad, escasez y abundancia, se entrecruzan, a veces peligrosamente: donde hay desnutrición hay abundancia, donde hay escasez encontramos obesidad. La tercera tiene que ver con la comida en la basura: donde termina toda la comida que se desperdicia. Se calcula un nivel de desperdicios que serviría para alimentar a 3 mil millones de individuos.
En resumen el desperdicio podría representar incluso una oportunidad, para algunos (no pocos).
No son muchos, sin embargo, los análisis científicamente fundados en el campo del desperdicio agro-alimenticio.
Este “vacío”, tan lleno de productos comestibles, será colmado – al menos para Italia – por el Libro Negro sobre los desperdicios que se presentará en Bologna el 30 de octubre, jornada de cierre de la campaña europea “Un año en contra del desperdicio 2010”, promovida por Last Minute Market y por las Facultades de Agronomía italianas con el Parlamento Europeo.
Algunos números: Desde el sector del campo hasta la mesa se tiran 20 millones de toneladas de comida, las cuales podrían nutrir a un país como España (de 44 millones de habitantes) por un valor de 37 mil millones de euros, el 3% de nuestro PBI. En resumen en nuestro mundo escasez y abundancia, hambre y saciedad, producción y consumo incluso chocándose no se encuentran: son las dos caras de la misma moneda.
Un amalgama que une desnutrición, en seguridad alimenticia, salud, pobreza y desperdicio. Éste es el verdadero escándalo: no tenemos que alimentarlo.
Por Andrea Segrè
Directora de la Facultad de Agronomía de Bologna
Presidenta de Last Minute Market

L'Unità 16 de octubre de 2010

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