Efectivamente la plaza, donde se asoma el Papa Ratzinger para dar sus bendiciones, tiene un aspecto bastante poco espiritual y por todas partes se ven emplazadas las enormes pancartas publicitarias. Por otro lado son tiempos duros y las entradas de los anunciantes son una necesidad. Se ocupa de todo la empresa Mab.q, una agencia de comunicación con sedes en Roma, Milán y París, altamente especializada en la promoción de entes y eventos religiosos.
Su presidente  Egidio Maggioni se presenta: “Existen muchas posibilidades de colaboración entre el 'mundo Iglesia' y las empresas, que pueden aplicarse en varios frentes de la comunicación, relativos a la apertura de nuevas oportunidades y canales comerciales prolíficos para ambas partes”.
Entonces he aquí las gigantografías de San Pedro, los anuncios publicitarios en Radio Vaticana, la organización de simpáticas iniciativas como la  Clericus Cup, campeonato de fútbol para prelados. Luego, naturalmente están las operaciones especiales, sobre temas que la Iglesia considera particularmente delicados para el alma de los fieles.
Como las centrales nucleares. El pasado 19 de enero, los lectores del periódico trentino “l'Adige“ se encontraron delante a un extraño anuncio publicitario a pago, firmado Mab.q: "La Iglesia y la energía nuclear". El texto reproducía las declaraciones del Cardenal Renato Martino, presidente emérito del Consejo  Pontificio de la Justicia y de la Paz:
“La energía nuclear no debe ser mirada con los ojos del prejuicio ideológico, sino con los de la inteligencia, de la racionalidad humana y de la ciencia, acompañadas del ejercicio consciente de la prudencia, en la perspectiva de realizar un desarrollo integral y solidario del hombre y de los pueblos”.
El anuncio tambíén ha salido publicado en otros periódicos locales en Italia y miles de familias han tenido la posibilidad de leer las mismas palabras, al recibir en sus casas un opúsculo igualmente favorable al átomo, 47 páginas con el profético título  "La energía para el futuro". Dentro de éste, diez preguntas y respuestas para alentar a los católicos: la energía nuclear es algo bueno y justo.
Sin embargo no han faltado las reacciones negativas. Muchísimos fieles han dirigido feroces críticas a sus propios obispos por la insólita iniciativa. Incluso porque algunas extrañas coincidencias inducen peligrosamente en tentación. ¿Quién ha sido el primer sponsor que se ha materializado en las frecuencias de Radio Vaticana? Enel. ¿De  quién son los mega-paneles de San Pedro? Enel. ¿Quién es el cliente de la Mab.q? Enel.
Si pensáramos mal se podría decir que los intereses del Vaticano y los de la sociedad que hoy se está ocupando del relanzamiento de la energía nuclear, estén encaminados desde hace algún tiempo a vivir una sólida armonía de intenciones.
Pero quizás hay que suavizar el método: basta de opúsculos y anuncios publicitarios a pago, es mejor afrontar el tema con mayor autoridad. Hace algunos días el periódico “Avvenire” decidió alabar la central de  Flamanville, que está en construcción en el Canal de la Mancha, señalándola como un “modelo para Italia”. El artículo se ha olvidado algún detalle, como por ejemplo los graves problemas de costos, seguridad y contaminación que están atrasando, en alrededor de un año, la finalización de las obras, además de huelgas y protestas populares. Pero la planta no es de Enel, es de la empresa francesa Epr, por lo tanto es un mal pensado quien se pone a pensar en la publicidad oculta. Sólo quien está acostumbrado a poner la otra mejilla le haría un spot publicitario a alguien de la competencia.

De Il Fatto Quotidiano del 13 de junio de 2010

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