La muerte de un trabajador en la central nuclear de Atucha I, hace parte de un proyecto estafa contaminante

Por Agustín Saiz, desde Argentina-17 de setiembre de 2022

El pasado miércoles 7 de septiembre, Juan Salazar, un trabajador de la central nuclear de Atucha I, falleció debido un grave incidente. Mientras se encontraba realizando un trabajo de mantenimiento, la celda donde se encontraba había quedado conectada a la alta tensión y como consecuencia de ello se produjo un arco eléctrico que le genero múltiples quemaduras. Luego de ser trasladado al Hospital Virgen del Carmen de Zárate, falleció horas más tarde debido al delicado cuadro.

Este hecho puede verse como uno más dentro de las estadísticas inevitables sobre seguridad en la industria en general. Pero para nosotros, no. Esta muerte, se circunscribe en un proyecto que es una estafa al pueblo, que es contaminante, que ha impactado en la salud y el territorio con un daño muy difícil de cuantificar y que expone a las generaciones futuras a tener que enfrentar el pasivo radioactivo que se sigue acumulando sin solución posible.

Por lo tanto, en nuestro grito de justicia también está incluido el pedido de esclarecimiento por la muerte de Juan Salazar y que la empresa se haga responsable.

Nucleoeléctrica S.A. ha publicado como es ya habitual, un comunicado por demás insuficiente que no aporta ningún dato relevante. Su postura frente a la comunidad es una mirada de arriba hacia abajo, propia de la soberbia del poder que ostentan y la impunidad que los caracterizan: “No se registraron explosiones ni riesgos radiológicos de ningún tipo. Las causas del mismo están aún bajo investigación”. (1)

Por un lado, sabemos que no es necesario que haya una explosión como en Chernobyl, para identificar que el sistema de gerenciamiento de la operación de las Atuchas está fallando y que todos estamos asumiendo el riesgo de esta impericia. Es una fantasía pensar que un hombre puede morir electrocutado pero que la operatividad del propio reactor en si está asegurada. Cuando falla el sistema de gestión un servicio auxiliar, está fallando como mínimo la cultura de trabajo de todo el conjunto. Por otro lado, seguramente tendremos que esperar una investigación dilatada sin sentido en el tiempo, que le permita a la empresa bajarle el perfil al caso y que tantos los gremios, como la prensa, disminuyan el foco en la opinión pública.

Como si fuera poco la empresa admite que se activaron los sistemas de emergencia: “El accidente ocasionó un cortocircuito y los sistemas de seguridad, que se mantienen activos durante la condición de parada programada, actuaron de acuerdo a lo previsto, conectándose el sistema de emergencia de generadores diésel”. (2) Tampoco tenemos detalles de lo que sucedió, pero si algunas unidades como las piletas de enfriamiento del combustible gastado, quedan desconectadas de la red eléctrica, es necesario el aporte energía desde los generadores de emergencia para evitar un accidente con riesgo radioactivo.

Muy lejos de los estándares de seguridad que caracterizan en general a la industria nuclear en el mundo, en el complejo de Atucha podemos encontrar el caso de Juan Manuel Serralta, quien falleció en el año 2014 cuando estaba trabajando bajo una situación muy similar (3). Pero también podemos remontarnos más cerca en el tiempo y recordar que el año pasado, sucedió un episodio del mismo tipo, en donde otro trabajador sufrió quemaduras graves en la central de Embalse, gerenciada por la misma empresa. (4)

La empresa destaca casi como un logro, que esta vez, no hubo riesgo radiológico. En el año 2017, en la central Embalse más de 500 trabajadores fueron expuestos a diferentes niveles de dosis radioactivas: “La mayoría eran empleados subcontratados que, al finalizar la extensión de vida de la central, perdieron sus trabajos, pero no las dosis recibidas. La ARN guardó silencio durante unos 7 meses, recién informó del evento cuando tomó estado público”. (5). Y fue también en ese mismo año, pero en Atucha, cuando envenenaron con material radioactivo la botella de la cual bebía el gremialista Damián Straschenco. Desde entonces, la empresa viene acusando judicialmente al trabajador, insólitamente, por autoinfringirse el atentado. Esperemos a que la justicia dictamine la verdad y que Nucleoeléctrica nos explique cómo es posible que se fugue material radioactivo, desde el reciento de un reactor, hacia la botella de Pet en la oficina del gremialista. (6)

Desde el Movimiento Antinuclear de la República Argentina (MARA), conformado por todas las comunidades afectadas por el plan nuclear a lo largo de todo el territorio argentino, se difundió un comunicado de repudio al accionar de la empresa: “Hace ya algún tiempo que el lobby nuclear argentino se deslizó hacia las más oscuras técnicas de propaganda de las peores organizaciones de la historia: el ocultamiento, la acusación sin pruebas, la insinuación, intentar alinear al discrepante con el enemigo, culpar a las víctimas de los accidentes y arrogarse la verdad suprema de su lado”.

Y parafraseando a Tolstoi nos recuerda que: “La última voz que se oirá después de un accidente catastrófico en una central nuclear, será la de un funcionario del átomo diciendo que eso, es completamente imposible”. (7)

En definitiva, todo lo que nos ha dicho la industria nuclear argentina, en los hechos ha sido siempre lo contrario.

Simplemente, basta de energía nuclear, antes de que sea demasiado tarde.

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Referencias:

(1) https://www.clarin.com/sociedad/atucha-negaron-registrado-explosiones-muerte-operario_0_8e2bAnjpHt.html

(2) https://www.argentina.gob.ar/arn/accidente-laboral-en-la-central-nuclear-atucha-i

(3) https://www.laizquierdadiario.com/Fallece-trabajador-por-accidente-en-Atucha-II

(4) https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/national_nuclear_safety_report_2022.pdf

(5), (7) https://antinuclearmara.blogspot.com/2022/09/en-una-central-nuclear-segura-no-mueren.html

(6) https://www.youtube.com/watch?v=AeofeiIVShU&fbclid=IwAR0Bzx9OGFMKx2mcxRELcmixa-MfOhzclo11X85yxcScNR61lQa-C-3tZPQ

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*Fotos de portada: lavozdetandil.com.ar

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