Desbordado, el gobernador provincial pidió ayuda a Estados Unidos

Varios de esos focos, comprobadamente intencionales

Por Victoria Camboni-20 de febrero de 2022

En Corrientes, provincia argentina, las autoridades no dan abasto para combatir la “emergencia ígnea”. Tal es el calificativo que aplicó el gobernador provincial, Gustavo Valdés, sobre el desastre ambiental propagado por los incendios sin freno que se desataron en las últimas semanas, y que lo llevó a solicitar ayuda a Estados Unidos porque entiende que es “imposible apagar el fuego”. Un fuego que persiste implacable, al momento mismo de redactarse estas líneas.

Más del 10 % de la provincia de Corrientes se está quemando; así lo reportó el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina. Unas 800 mil hectáreas están incendiadas desde hace unos 50 días, incentivadas por la sequía y el consecuente déficit hídrico; varios de esos focos habrían sido iniciados de manera intencional. El resultado, una provincia bajo emergencia climática; y la naturaleza que se muere consumida por el fuego. Y los resultados económicos, catastróficos: se han indicado hasta el momento, pérdidas por 25 mil millones de pesos argentinos.

“Los daños que ha sufrido la producción, la flora y la fauna son muy importantes, tuvimos que evacuar a muchas especies”, explicó a medios locales el gobernador provincial. “Vamos a necesitar mucha ayuda cuando el fuego se vaya, pero, hoy, la prioridad es apagar los focos”, destacó. Además, dijo que, aunque la provincia recibió ayuda de Mendoza, Misiones, Córdoba, Jujuy, Buenos Aires y CABA, solo la naturaleza puede detener el fuego.

Los reclamos de ambientalistas sostienen que el desastre se podría haber evitado, ya que el fenómeno de sequía se conoce hace años, pero hay un vacío de políticas públicas, es decir de un ordenamiento territorial y de gestión ambiental. Las alertas existían, tanto a nivel provincial como nacional. Hubo incluso documentos que respaldaron tales pronósticos: el Plan Nacional de Manejo del Fuego en su reporte mensual apuntó en la mira a Concordia, de la cual destacó un riesgo inminente. El Servicio Meteorológico Nacional, puso sobre la mesa el fenómeno de La Niña, que sumado al calentamiento global producto de la crisis climática, dejaba en estado de máxima vulnerabilidad al territorio. El INTA presentó informes por la seca que lleva tres años azotando a la provincia, y alertó sobre la bajante hídrica del Paraná, histórica.

Desde hace tiempo movimientos sociales y ambientales reclaman la implementación de una ley de protección de los humedales, que regulan el agua en los territorios, pero por tres años consecutivos, este intento ciudadano fue desechado.

En tanto el gobierno correntino trabaja en la conservación de áreas protegidas, “deja que los sectores productivos hagan lo que quieran”, dice Emilio Spatara, licenciado en Gestión Ambiental e integrante de la Red Nacional de Humedales, a medios locales. Y se explaya: “Se han expandido por cientos de miles las hectáreas de monocultivo forestal -pino y eucaliptos- destruyendo bañados y lagunas hasta secarlos, y luego les han plantado árboles encima”.

Spatara dice que las cámaras del agro notificaron pérdidas de 25 mil millones de pesos tras los daños causados por el avance devastador del fuego, cifra calculada por la Sociedad Rural Argentina. Además, sostiene que la sequía se mantendría y que no hay pronósticos de que eso vaya a cambiar.

Las áreas más afectadas, según la información brindada a la prensa por el jefe de Operaciones de Defensa Civil de Corrientes, Orlando Bertoni son el centro y el noroeste de la provincia. “Corrientes vive una sequía extraordinaria, nunca vista”, dijo y destacó que, aunque a veces por descuido y otras intencionalmente, “la mano del hombre”, es la que “tiene entre un 90 y 95 por ciento de culpabilidad”.

La devastación arrasa con monte nativo, humedales, extensiones forestales y campos de pastizales, y compromete justamente a la actividad forestal y también a la ganadería, actividades cruciales para la provincia de Corrientes, que cuenta con la mayor superficie plantada en todo el país, y la cuarta región con más ganado.

Cifras oficiales indican que las pérdidas del sector forestal rondan los 6 mil millones de pesos -incluyendo plantaciones dedicadas a la extracción de resina-, a lo que se debe sumar 1.500 millones de la inversión que deberá hacer dicho sector en la recomposición de los campos de forestación.

800 mil has son devoradas por un fuego voraz en Corrientes Argentina

En cuanto a la producción ganadera, las pérdidas representan más de 3.500 millones de pesos. Con el cultivo de arroz, que es uno de los más importantes del país, se calcula casi 5 mil millones de pesos en pérdidas económicas. Este último podría estar en riesgo para la próxima temporada de cultivo, ya que depende del agua de una represa que está casi seca por completo.

Las plantaciones de yerba mate se vieron afectadas en 3.200 millones de pesos, y se calcula casi 500 millones de inversión para recuperar los cultivos. Por su parte, la citricultura tuvo pérdidas de unos 1.800 millones de pesos, que representan prácticamente la mitad de toda la producción en Corrientes.

Los incendios, “un problema cultural”

La descomunal propagación de incendios que atraviesa la provincia de Corrientes en Argentina “es un problema ambiental pero también cultural; hay una pésima cultura de uso del fuego en todos los sectores: un ganadero hace quema para renovar pastizales de manera no planificada; otra persona pesca una tararira, hace un asado y apaga mal el fuego; otra tira un pucho; los forestadores plantan muchas hectáreas en continuo y no hay un cortafuegos por la mitad”.

Así es como lo entiende José Vizcaichipi, un empresario del ecoturismo local que perdió todo en los incendios.

“Todo el mundo en la provincia está agotado, desesperado y desanimado. Yo soy joven, me voy a recuperar. Pero hay muchos productores de 60 años o más, que no se van a levantar -tampoco los más jóvenes pero pobres-, mucha gente se va a deprimir. Yo hago mi duelo hablando”, recalcó.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Argentina, Juan Cabandié, se hizo presente en helicóptero en San Miguel, desde donde anunció su apoyo para combatir los incendios con 118 brigadistas, personal de parques nacionales y de Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), un avión observador, tres helicópteros y cuatro aviones hidrantes, móviles varios y autobombas. Desde la provincia de Buenos Aires también participó su ministro de Seguridad, Sergio Berni, quien en representación del gobernador bonaerense Aexl Kicillof, se acercó a Corrientes para asegurar el abastecimiento de bomberos, brigadistas, camiones cisterna, autobombas, helicópteros y vehículos para la contingencia de las extensas quemas de territorio correntino.

Mientras tanto, cinco accesos al Parque Provincial Esteros del Iberá fueron cortados por el avance del fuego, en tanto que otro acceso, el Galarza, fue cerrado por incendio en la entrada y falta de agua.

El año pasado el desastre ambiental producto de los incendios devastó las provincias de Chubut y de Río Negro. Esta vez es Corrientes, que arde fuera de control.

En una falta flagrante de cuidados, de políticas específicas de contingencia y control de la zona que previamente debían establecerse, Corrientes se deshace en fuego y humo. ¿Realmente se puede hablar de ‘descuido’ frente a la falta de acciones? ¿Cuáles son los intereses que paralizan una planificación correcta de gestión ambiental, para evitar la destrucción y la consecuente muerte de animales, de plantas, árboles, vegetación y de ecosistemas completos? Porque el dinero y la producción para negocios, no deben ser prioritarios. La intencionalidad y la negligencia, producto de intereses económicos y políticos, arrojan como resultado cientos de miles de hectáreas devastadas y mucha, muchísima muerte.

Cuando la vida no es prioridad, lo que ocurra es invariablemente desastroso. Si no cambia el enfoque, si los intereses no se ajustan a la necesidad vital de los ecosistemas, inevitablemente viene la destrucción. Lo que consume a Corrientes no es el fuego, es la irresponsabilidad con los recursos y el ambiente que nos rodea. Es un llamado imperioso, a dejar la esquizofrenia en la que vivimos, producto de una sociedad que lo consume todo, y abrir los ojos y la cabeza a la realidad de la cual todas y todos somos responsables. Hoy, aún, quizás, estemos a tiempo de salvarnos.

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*Foto de portada: Agrofy News

*Foto 2: Meteored

*Video: Twitter

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