Domingo 23 Junio 2024

"Il colpo di spugna. Tratativa Estado-Mafia: el juicio que no debía celebrarse" es el libro por el cual el senador de Forza Italia, Maurizio Gasparri, le pidió a Nordio una acción disciplinaria contra el magistrado antimafia Nino Di Matteo. Un ataque que podría sentar un grave precedente para la independencia de la magistratura.

Los libros examinados por los representantes de la derecha actual en Italia son muy variados. Entre ellos no sólo se encuentran novelas, cuentos y textos de autores, como en el sensacional caso de Antonio Scurati, un narrador que recientemente saltó a la fama. Ganó el Premio Strega en el 2019 por "M. El hijo del siglo", trilogía dedicada a Mussolini, con una convincente representación de la sociedad italiana durante el período histórico entre la caída del régimen socialista y la creación del Partido Nacional Fascista. El libro dio la vuelta al mundo, pero su autor fue censurado por la RAI por un monólogo sobre el antifascismo, previsto para el Día de la Liberación, el pasado 25 de abril.

Otro texto de la escritora Nadia Terranova también fue objeto de censura en la televisión pública, en el mismo programa de RAI Tre, Che Sarà: no se emitió su monólogo, cuyo tema era la carga policial contra los estudiantes de Pisa, debido a su participación en una Marcha pro Palestina. Eran jóvenes que protestaron, precursores de sus pares que ahora animan las protestas en las universidades estadounidenses de costa a costa: desde la Universidad de Columbia en Nueva York hasta la UCLA, la Universidad de California en Los Ángeles.

Hasta ahora estamos hablando de intelectuales, artistas y estudiantes. A lo que hay que sumar también al profesor Luciano Canfora, un conocido filólogo, recientemente acusado, que deberá acudir a los tribunales el 7 de octubre por un proceso de difamación iniciado contra él por la primera ministra Meloni, que fuera definida por él una "neonazi de corazón" durante un discurso pronunciado en un instituto de Bari. La primera ministra, que se sintió ofendida, pidió 20.000 euros de compensación y subrayó que estará presente en el juicio.

Lo sorprendente, sin embargo, en el caso del ataque de censura de Maurizio Gasparri, jefe de la bancada de Forza Italia en el Senado, es que su objetivo es un magistrado, que actualmente se desempeña en la Dirección Nacional Antimafia y Antiterrorismo. Anteriormente fue consejero togado independiente del CSM y, antes, fiscal adjunto en Caltanissetta y luego en Palermo. ¿Qué hizo Di Matteo que haya sido tan grave como para merecer una pregunta parlamentaria al ministro de Justicia Nordio, para que intervenga con una medida disciplinaria para castigarlo?

Escribió un libro-entrevista con el periodista Saverio Lodato, titulado "Il colpo di spugna. Tratativa Estado-mafia: el proceso que no debía hacerse", publicado a finales de enero por la Editorial Fuori Scena. ¿Entonces? Según Gasparri, Nordio debería verificar qué responsabilidades disciplinarias existen para Di Matteo, para proteger a la magistratura, a la Corte de Casación y también investigar la posible existencia de delitos derivados de las declaraciones contenidas en el volumen. Palabras verdaderamente incendiarias, evidentemente, que el senador pensó en contrarrestar por la indignación que le causaron

"Parecería que el senador Gasparri ha invocado el tamiz de las responsabilidades disciplinarias y penales contra Di Matteo como consecuencia del hecho de que éste expresó su opinión en sentido crítico respecto a la sentencia de Casación que absolvió a los oficiales del ROS Mori, Subranni y De Donno, así como a Dell'Utri, ex senador de Forza Italia, todos acusados en el llamado proceso de la Tratativa Estado-mafia, junto con los exponentes de Cosa Nostra". Esto es lo que afirma un "tercero" en este asunto, el Movimiento Agendas Rojas, fundado por Salvatore Borsellino, hermano del juez Paolo, en una carta abierta dirigida a Meloni en abril.

"Es difícil creer -dice el Movimiento- que el acto del senador no constituya realmente un precedente serio para todos los magistrados que quieran seguir pensando de forma independiente. Es casi imposible no ver un abuso en el acto de inspección y una desfiguración de la memoria de funcionarios del Estado como Falcone y Borsellino. Es preocupante el nuevo intento de boicotear, aislar y deslegitimar a los magistrados que sacrifican sus vidas por un alto sentido del Estado y de la justicia. Esto sería suficiente para que el senador Gasparri sienta la necesidad de dar un paso atrás".

El Movimiento también pidió "que el Gobierno y el Parlamento adopten una postura decidida para proteger a quienes sufren continuos ataques y deslegitimaciones", que "son un terreno fértil para la proliferación del pensamiento y la acción mafiosos".

¿El resultado? Gasparri decidió denunciar a las Agendas Rojas por esta defensa de Di Matteo. "Encuentro fuera de las reglas constitucionales el delirio de quienes quisieron impedir el uso correcto del instrumento parlamentario de la pregunta que utilicé para la increíble historia del magistrado Nino Di Matteo, que impugna de manera infundada y arbitraria la sentencia que, desmantelando su tesis acusatoria, absolvió luego de años de injusticia a los héroes de los carabineros Mori, Subranni y De Donno -dijo el senador- y no me dejaré intimidar por esta acción arrogante y amenazante basada en una intolerancia peligrosa. Defiendo el Estado de derecho y a los protagonistas de la lucha contra la mafia. Atacados y denigrados por quienes deberían justificar sus errores en Caltanissetta y Palermo. Y los culpo de estas amenazas en mi contra, que evidentemente denunciaré ante las autoridades judiciales, con denuncia motivada".

En resumen, un escándalo. El artículo 21 de la Constitución establece: "Toda persona tiene derecho a expresar libremente su pensamiento mediante la palabra, la escritura y cualquier otro medio de difusión". Entonces, ¿por qué Nino Di Matteo no puede hacerlo? Además, su libro habla de la Tratativa Estado-mafia, de la que el magistrado fue uno de los protagonistas, siguiendo desde su inicio con la audiencia del 27 de mayo de 2013 hasta su conclusión, ocurrida una década después. "Las sentencias, dice un viejo refrán, no se comentan -dice Di Matteo en el volumen- pero no está prohibido compararlas entre sí. Aprovecharemos esta opción". Y luego "reivindico, ya concluido el asunto judicial, mi derecho a hablar".

El escritor Leonardo Sciascia declaró una vez que "si el Estado italiano realmente quisiera derrotar a la mafia debería suicidarse". Algo más que una broma, un juicio. Y es al menos evidente que un proceso en tres niveles, en el que cada vez se anula el resultado anterior, haciendo pasar a los acusados de "culpables" a "todos absueltos por no haber cometido el delito" causa sensación y genera debate. Lo que está en discusión es la sal de las democracias y veamos quién es capaz de afirmar lo contrario.

Tomado de: micromega.net