Viernes 12 Julio 2024

Reproducimos íntegramente un artículo de Barbara Spinelli publicado en Il Fatto Quotidiano el pasado 28 de marzo. Un artículo de gran actualidad, aunque de hace varios meses, titulado: "Occidente: un 'jardín' que nos vuelve feroces". Una referencia a las inadmisibles declaraciones del responsable de la política exterior de la UE, Josep Borrell: "Europa es un jardín. El resto del mundo es una jungla y la jungla puede invadir el jardín".

Palabras llenas de suprematismo frente a ese otra parte del planeta no alineado con los dogmas y prioridades del bienamado "Occidente". Spinelli destaca las contradicciones de este último, las mentiras, la estupidez y el descaro con el que pretende proseguir la guerra en Ucrania a pesar de los fracasos y los riesgos para toda la humanidad que esta guerra trae consigo.

Occidente: un "jardín" que nos vuelve feroces

Por Barbara Spinelli

Los errores, las promesas traicionadas, la arrogancia, la falta de intuición y de capacidad de penetración con que Occidente ha gestionado la posguerra fría y las relaciones con Rusia, bajo el liderazgo de seis administraciones estadounidenses, se están pagando con decenas de miles de muertes en Ucrania.

Una guía carente de sagacidad, que en los últimos treinta y cuatro años ha creado el caos en todas partes y lo ha llamado "orden basado en reglas", en inglés rules-based international order, en el cual las reglas son las estadounidenses.

La Rusia de Putin invadió Ucrania, pero la historia de esta violencia ilegal tiene sus raíces en un pasado sistemáticamente ocultado por quienes en Washington y en Europa sólo ven el segmento ucraniano de un período desastroso de treinta años, que las administraciones estadounidenses narran como una lucha del bien contra el mal, como una repetición fantasiosa de la guerra contra Hitler o un cuento de Caperucita Roja, según el Papa. Aquí en Occidente los buenos, allá los bárbaros de la incivilidad. Aquí la potencia estadounidense, desesperadamente ansiosa por parecer que salió victoriosa de la Guerra Fría y como única potencia hegemónica del planeta, allá los Estados y pueblos que rechazan esta hegemonía porque ha demostrado ser incapaz de producir estabilidad y una coexistencia incruenta. Le correspondió a un europeo, el jefe de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, personificar la arrogancia atlantista con las palabras más dementes: "Europa es un jardín. El resto del mundo es una jungla y la jungla puede invadir el jardín". ¿Qué jardín? Como mínimo es incongruente despotricar sobre los jardines con la Francia de Macron al borde de la insurrección popular, la Italia de Meloni que quiere abolir el delito de tortura (pero está prohibido por la Convención de la ONU contra la tortura de 1984), la Polonia hambrienta de guerra nuclear, y los guardacostas libios pagados por la Unión Europea que disparan contra el barco Ocean Viking para enviar de regreso a Libia, a campos mortales, a 80 inmigrantes que huyen hacia el lecho de flores europeo que nos vuelve tan feroces.

Hemos llegado a estas locuras -acompañadas del envío de armas cada vez más ofensivas, incluido uranio empobrecido- y todavía hay quien habla, en serio, de un regreso a la Guerra Fría. No es la guerra fría lo que está matando a Ucrania, sino un ejercicio de guerras calientes entre potencias atómicas. La Guerra Fría fue violenta y engañosa, pero nunca faltó la capacidad de negociar, de evitar catástrofes e iniciar eras de distensión, de ostpolitik y de desarme.

Hoy no hay claroscuros, todo es negro. En varias ocasiones la paz estuvo cerca, entre Moscú y Kiev, y cada vez Washington y Londres han vetado e impuesto la continuación de la guerra a una Ucrania tratada como un héroe y un vasallo. Ocurrió por primera vez el 5 de marzo del 2022, inmediatamente después de la invasión, como reveló el 4 de febrero el ex primer ministro israelí Naftali Bennett: Putin "entendía totalmente las limitaciones políticas de Zelensky y ya no pedía el desarme de Ucrania", Zelensky estaba dispuesto a enterrar la membresía en la OTAN (un compromiso inscrito en la Constitución desde el 2019). Pero el veto provino de Boris Johnson y luego de Biden (el objetivo, según Bennett, era "destruir a Putin", aplastar a Putin). Lo mismo ocurrió tras la propuesta de tregua de 12 puntos (la paz aparece sólo como una perspectiva) adelantada el 24 de febrero por Pekín: incluso antes de conocer las reacciones de Zelensky y los resultados de la visita de Xi Jinping a Moscú, Washington rechazó no sólo la paz sino también el alto el fuego.

Barbara Spinelli occidente un jardin que nos vuelve feroces 2

Justo antes de la visita de Xi a Moscú, para dejar las cosas claras, el 17 de marzo la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Putin por crímenes de guerra. Washington aplaudió, a pesar de que una ley autoriza al presidente a utilizar la fuerza cada vez que un tribunal acusa a un estadounidense. Es difícil tratar con quien acabas de llamar criminal. Negar la existencia de una guerra por poderes en Ucrania choca con la repetición de vetos que se oponen a las treguas y el evidente interés estadounidense en demoler a Putin.

Algo sin embargo está sucediendo fuera del pequeño recinto de la OTAN (y de la alianza entre los servicios secretos de los llamados "Cinco Ojos": Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Reino Unido). Algo planetario que el conflicto descubre. Dos tercios de la humanidad están en contra de la guerra y las sanciones. La potencia hegemónica ha fracasado espectacularmente en Afganistán después de veinte años de guerra. Fracasó en Irak, Libia y Siria. Ha dado origen a monstruos como el Estado Islámico. Durante más de medio siglo, ha ignorado la ocupación ilegal de Palestina y ha aceptado el carácter "clandestino" de la bomba atómica israelí. Estados Unidos es más hegemónico que nunca y, por lo tanto, victorioso en la Unión Europea, pero se derrumba en el Sur global: un territorio cada vez más hostil al intervencionismo estadounidense y más tranquilizado por China y Rusia. Es el "momento Suez" de Estados Unidos, dicen algunos, evocando el fiasco de Londres, París y Tel Aviv cuando desafiaron a Nasser ocupando militarmente el canal egipcio en 1956.

El pasado escondido por los gobiernos y los grandes periódicos en Occidente ya está pasando desde que el nuevo activismo de Beijing entró en escena, con fuerza inesperada y formidable: primero con el plan de tregua en Ucrania, el 24 de febrero, seguido de la visita de Xi a Moscú el 20 de marzo; luego con la reconciliación entre Irán y Arabia Saudita patrocinada por Xi, el 10 de marzo. La reconciliación perturba radicalmente a todo el Medio Oriente. Tranquiliza a Assad en Siria, controla los planes de guerra israelíes, facilita la paz en Yemen, tranquiliza al Estado afgano, que teme nuevas intervenciones estadounidenses de "cambio de régimen". A Irán y Arabia Saudita se les ha ofrecido la adhesión al grupo BRICS no alineados (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica): una promoción llamativa.

Conviene leer el informe publicado el 20 de febrero por el Ministerio de Asuntos Exteriores chino, titulado "La hegemonía estadounidense y sus peligros". Se habla de una hegemonía quíntuple, cada vez más desestabilizadora: hegemonía política (exportaciones de democracia que "producen caos y desastres en Eurasia, Norte de África, Asia occidental"), militar (uso desenfrenado de la fuerza), económica (hegemonía del dólar, político depredador), tecnológica y cultural.

El plan chino sobre Ucrania es vago, claro. Intencionalmente vago. Pero leído junto con el texto sobre la hegemonía estadounidense se convierte en una forma de empoderamiento, de conciencia de la propia fuerza condicionante. El primer punto debería complacer a Kiev y Moscú, dado que defiende la integridad territorial soberana de todos los Estados de la ONU y va acompañado de necesidades precisas: aplicación no selectiva del derecho internacional (punto 1); arquitectura de una seguridad europea sin expansión de alianzas militares (punto 2); neutralidad de las operaciones humanitarias (punto 5), fin de las sanciones unilaterales (punto 10).

Entre líneas, lo que se lee es una alternativa al desorden provocado por el suprematismo estadounidense. Es inútil temer la transición de la unipolaridad a la multipolaridad: ya está ocurriendo, bienvenidos a la realidad. Los BRICS también cuestionan el uso político del dólar. El comercio entre China, Rusia, Arabia Saudita e Irán ya no será en dólares. Es el trauma inevitable que experimentamos. Es la solemne confirmación de que más allá del jardín hay mucho más que una selva.

Il Fatto Quotidiano 28 de marzo de 2023

Tomado de: barbara-spinelli.it

Foto de portada: © Imagoeconomica

Foto 2: Josep Borrell, responsable de la política exterior de la UE

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