Jueves 23 Mayo 2024

Los suicidios en las cárceles italianas van en aumento. En este 2023, 11 reclusos ya se han suicidado tras las rejas de su celda. El último de ellos murió hace aproximadamente un mes en el policlínico de Bari tras prenderse fuego a finales de mayo en la prisión de Pescara. Se llamaba Fakhri Marouane y sólo tenía 30 años. El año pasado, en este mismo periodo, 16 reclusos se suicidaron. En el 2022 el número de suicidios en prisión fue el mayor desde 1990, en promedio hubo un suicidio cada cuatro días y medio, con una incidencia 20 veces mayor que en la población general. Es evidente la necesidad de intervenir lo antes posible para detener esta tragedia que se suma a otra tragedia. En este sentido hemos recibido y proponemos la lectura de una carta escrita por alguien que pudo conocer bien las condiciones degradantes en las que se encuentra la población penitenciaria en Italia. Fue escrita por la compañera de un ex guardia de seguridad condenado por matar a un ladrón que huía con dos cómplices tras robar unos cajeros automáticos. La mujer se dirige al ministro de Justicia, Carlo Nordio, denunciando que la población penitenciaria es instigada al suicidio privándola de asistencia, derechos y protecciones.

Mi nombre es Franca Berto y soy la pareja de Massimo Zen, un exguardia de seguridad que en la madrugada del 22 de abril del 2017 mató a Manuel Major quien, con dos cómplices, huía tras propinar cuatro golpes en un cajero automático de la zona y que fue condenado a nueve años y seis meses por homicidio voluntario. Tras la sentencia del Tribunal de Casación ingresó a la prisión de Padua el 16 de junio del 2023 y posteriormente fue trasladado, por razones de seguridad, ya que muchos familiares del fallecido están detenidos en el mismo lugar, a la cárcel de Verona Montorio.

En estos meses de asistencia semanal a las entrevistas, he adquirido una visión espantosa de la situación a partir de historias y reportajes sobre la vida cotidiana detrás de los muros. No quiero en absoluto entrar en el fondo de la decisión de la sentencia, la mía quiere ser una carta de denuncia basada en este testimonio y en lo que he podido comprobar sobre la situación higiénico-sanitaria y psicológica en la que se encuentran los presos que se ven obligados a vivir en esta prisión, y sobre el trato que reciben los familiares que acceden a las entrevistas. Quiero ser la pareja, la esposa, la madre, la hija o la hermana de cualquier recluso que no tenga voz para contar el lamentable día a día que vive. En este caluroso verano en el que se recomendaba quedarse en casa en un lugar fresco o ir a supermercados y centros comerciales para aprovechar el aire acondicionado, más de 500 presos (en un lugar con capacidad prevista de 335 personas) se vieron obligados a vivir en celdas abarrotadas sin posibilidad de refrigeración, ni siquiera de un pobre ventilador, y que esperan la hora de las entrevistas semanales para acceder a habitaciones climatizadas. Pasan su hora de aire fresco en un patio de cemento durante las horas más calurosas donde es inhumano resistir. Por no hablar de las duchas comunes ruinosas, sucias, agrietadas, sin mandos ni grifos, de donde, si todo va bien, sólo sale agua fría... ¡a menos que esté cerrada por racionamiento! Los internos se ven obligados a lavarse semidesnudos para evitar el riesgo de contagiarse de algún hongo o tétanos, y también deben lavarse la ropa.

El hacinamiento también genera constantes riñas y apuñalamientos, quemas de colchones en señal de protesta, y los ataques a los guardias, que son insuficientes para garantizar un mínimo de seguridad, están a la orden del día. Y todo ello se debe a una política de recorte de costos en detrimento de la calidad de vida de los presos y de la seguridad de quienes allí trabajan.

Por no hablar del fantasma de la llegada del próximo invierno, donde quienes ya lo vivieron en prisión cuentan de las noches pasadas con la gorra puesta, dos suéteres y una manta, en una celda similar a un frigorífico.

Incitacion furtiva al suicidio en las carceles 2

Hablemos ahora del fantasma de la "rehabilitación", una gran palabra que sólo sirve para llenar la boca de algunos políticos, pero que traducida a la realidad de esta prisión se trata de acceder a cursos escolares durante el año para algunos, pero que en el período estival debido al cierre de las escuelas se traduce en una búsqueda absurda de cómo pasar el tiempo disponible. Y poder mantener la cabeza firme, incluso en ausencia de apoyo psicológico, no es cosa fácil y la prueba son los suicidios e intentos de suicidio que son mucho más frecuentes de lo que se piensa porque a veces las noticias no se filtran. Si las personas no se mantienen ocupadas con itinerarios de rehabilitación serios y durante todo el año, si no se da un apoyo psicológico válido y constante y si las condiciones de vida en el interior no son "humanas", ello se traduce en una instigación al suicidio solapada pero lamentablemente realista.

Vivir durante años en esta situación inhumana es imposible, a nosotros nos horroriza que Estados Unidos aplique la pena de muerte en muchos estados, pero vivir en cárceles tan mal estructuradas, al límite de la decencia, es aplicar una muerte lenta.

También quiero hablar de los alimentos que la mayoría se ve obligado a comprar en la nota de compra semanal para integrar los menús poco variados y sobre todo por la ausencia del carrito de comida los domingos por la noche y las noches de los distintos días festivos, por ejemplo, a mediados de agosto. En cualquier caso, los alimentos que se pueden ingresar del exterior son pocos y su exclusión muchas veces está motivada no por razones de seguridad, sino porque los mismos productos se venden internamente y por tanto los internos tienen que comprarlos, pero a precios más elevados.

Por ejemplo, el pan de sándwich y las patatas fritas (contenidos en bolsas transparentes y resellables) son rechazados porque se "venden adentro". Pero si el miembro de la familia por razones económicas quiere comprar los productos con descuento a un precio reducido no puede hacerlo y tiene que desembolsar más dinero ¿¡a nombre de qué!? Entiendo que no es posible por motivos de seguridad enviar muchas cosas desde el exterior, pero lo qué no implica riesgos ¿¡por qué hay que comprarlo internamente a precios más elevados!? Y, en cualquier caso, los precios de los productos ¡¡¡deberían ser adecuados y no aumentados!!!

¿Hablamos del trato reservado a los familiares visitantes? Entiendo la dificultad de relacionarse con personas de diferentes culturas, clases, educaciones y niveles de comprensión, pero en la base falta una adecuada formación del personal, o hay una falta total de la misma. ¡No todos los que entran en ese mundo son, sólo por tener un familiar en prisión, "delincuentes"! La empatía es la base de quienes tienen que relacionarse con lo social para el trabajo, pero ¡esto sería pedir demasiado a un sistema que sigue siendo punitivo y no rehabilitador! Si se utilizan métodos de intimidación poco explicativos y dictatoriales con los familiares, ¿cómo se puede estar preparado para tener una visión de "recuperación y rehabilitación" del preso como una "persona" y no como un delincuente?

Cuando acudimos a visitarlos, los familiares también perdemos nuestra personalidad porque ya no nos llaman por nuestro nombre ¡sino por el nombre del detenido!

Por no hablar de las lamentables condiciones higiénicas de los baños de la sala de espera de los familiares, los únicos aseos que se pueden utilizar mientras se espera la entrevista, si es necesario al propio riesgo, sucios y sin papel ni jabón para lavarse las manos, Pero todo esto nunca es denunciado, ya sea por miedo a las represalias internas a los seres queridos, o porque la próxima vez tal vez no le dejarán pasar cosas que deben entregarse al familiar, pero sobre todo porque la voz de los "marginados" difícilmente se escucha. Nos preocupamos por el bienestar psicofísico de los inmigrantes porque son visibles a los ojos de la opinión pública e interesantes desde el punto de vista económico, pero ¿¡a quién le importa los reclusos que no tienen voz!?

Estimado ministro Nordio, usted que piensa en tantas soluciones para el hacinamiento, no le parece que sería sencillo y resolutivo hacer que los presos que están cumpliendo su primera condena y no son peligrosos, que tienen una residencia y una familia funcional a la cual volver y una Comuna que garantice que sus conciudadanos cumplan con las medidas aplicadas, puedan tener formas cautelares alternativas a la cárcel. Tal vez cuesta mucho menos un brazalete electrónico (si se considerase necesario) que el costo de mantener una prisión.

Quizás de esta forma se preocupe menos por eliminar el 41bis a los presos mafiosos, por dar descuentos en las penas a personas que no han mostrado el más mínimo arrepentimiento ante crímenes atroces, por querer sacarlos por medio de permisos premio, desalentando la colaboración con la justicia, para evitar que salgan a la luz ciertas realidades indescriptibles que aún ocultan la verdad sobre las masacres de hace 30 años.

Pero la pregunta que le hago a nuestro ministro de Justicia es: ¿por qué se presta tanta atención a las personas extremadamente peligrosas y condenadas a prisiones duras y, en cambio, hay una indiferencia total hacia todos los demás condenados por delitos menores que viven en condiciones inhumanas?

Gracias.

Foto 1: Imagoeconomica

Foto 2: Carlo Nordio

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