Martes 16 Abril 2024

Cuenta una antigua historia china que a un labrador que periódicamente enumeraba las desgracias que le pasaban, muerte del ganado, incendios en los campos, muertes gravísimas en la familia, un anciano sabio no hacía más que contestarle: "¿Y quién dice que sea una desgracia?". Quería decir que de cada cosa nace otra y uno nunca debe desesperarse. En otras palabras, que todo fluye.

De hecho, es necesario recurrir a la milenaria cultura china para encontrar una respuesta a la cadena de hechos paradójicos, desconcertantes, auténticos rayos caídos del cielo, que han marcado las últimas semanas en el frente de la lucha contra la mafia.

Basta recorrer los títulos que abren, incluso en este momento, las páginas de Antimafia Duemila. Una sucesión de giros imprevistos.

Echemos un vistazo a vuelo de pájaro.

Para presidir la decimoctava (si las cuentas son correctas) Comisión Parlamentaria Antimafia fue nombrada una señora, diputada de los Hermanos de Italia, quien, según la prensa general (con fotografías incontrovertibles adjuntas), cuenta con excelentes amistades en la galaxia del terrorismo negro y subversivo, implicado en la masacre de Bolonia (85 muertos).

Se desató un escándalo.

Los familiares de las víctimas de las masacres (algunos, no todos) protestaron duramente y le pidieron al gobierno que retire esa candidatura.

Salvatore Borsellino expresó palabras igualmente claras. Ex magistrados, como Roberto Scarpinato y Gian Carlo Caselli, han hecho lo mismo.

En sede política, los parlamentarios del PD (Partido Democrático) y 5 Estrellas han elegido el camino del Aventino (que, sin embargo, como todos los analgésicos a la larga generan adicción), al no votar por esta señora, para luego votar por el vice de la señora (el ex magistrado Federico Cafiero de Raho, de 5 Estrellas).

Dicho sea de paso, compartimos totalmente lo dicho por Paolo Mieli, que hace algunas noches en Otto e mezzo observó que ciertos Aventinos no pueden durar el espacio de una mañana, cuando lo que está en juego es demasiado alto, demasiado simbólico o demasiado indigerible para la opinión pública. En resumen: las oposiciones habrían hecho mejor abandonando los cuarteles para que los italianos supieran que esa sería la antimafia de los Hermanos de Italia. Nada más y nada menos.

Porque cosa hecha, jefe tiene.

Parece que la dama es amiga de Giorgia Meloni, y muy leal a la misma. Y ha contestado diciendo que conoce los ambientes que se le cuestionan, que objetivamente sabe poco del fascismo subversivo, y que trabaja en nombre de la defensa de los derechos de los presos. En resumen, los conoció ya redimidos.

Galaxia, red, cadena, llámenla como quieran, descrita admirablemente en un reciente programa de Report, que emite Rai 3, dirigido por Sigfrido Ranucci. Y precisamente en ese programa se hizo una denuncia por difamación por parte del abogado Gian Domenico Caiazza, en nombre de una garantía –según él– pisoteada.

En este punto, el sabio chino habría dicho: "¿Y quién dice que sea una desgracia?".

Luego, aparecieron en Palermo, con motivo del 23 de mayo, disposiciones de la Prefectura y de la Jefatura de Policía prohibiendo el ingreso a la calle Notarbartolo, frente al árbol de Falcone, a las asociaciones de jóvenes no gratas y no invitadas a la ceremonia oficial.

"Hecho inaudito" dijo el fiscal Nino Di Matteo, y en la misma longitud de onda hubo varias declaraciones de quienes –evidentemente– todavía les funciona la cabeza. Qué espectáculo, de hecho, ver a los policías antidisturbios cargando, en el día del aniversario de la masacre de Capaci, contra jóvenes y ciudadanos que salieron a las calles para gritar su indignación por esa masacre.

El caso es que, en el palco oficial, el previsto para la ceremonia, el deseado por la Fundación que desde hace treinta años regula el tráfico antimafia, estaban la señora Maria Falcone, el exsenador Pietro Grasso, el jefe de gobierno siciliano Renato Schifani y el alcalde de Palermo, Roberto Lagalla.

Por otro lado, no se dejaron ver ni Marcello Dell'Utri ni Totò Cuffaro, ya completamente rehabilitados después de haber cumplido penas de prisión y condenas por hechos mafiosos –como observó en su momento el profesor Giovanni Fiandaca– y con todo el derecho de este mundo a expresarse libremente.

Pero no se puede culpar a los ausentes.

De hecho, Alfredo Morvillo, cuñado de María Falcone, en la víspera del 23 de mayo reiteró su polémica anual al afirmar que los políticos "charlatanes" no debían estar en ese palco.

Pero, incluso en este caso, cosa hecha jefe tiene.

Maria Falcone explicaría más tarde que ella invita a las instituciones y no a personas, y que desde allá arriba (el palco) no podía saber lo que pasaba abajo (en la calle) donde policías y jóvenes se apaleaban en el día del aniversario de Capaci.

Pietro Grasso, por su parte, obligado por una carta abierta de Giorgio Bongiovanni, director de ANTIMAFIADuemila, hablando en el programa Media hora más, con Lucia Annunziata, expresó su solidaridad a los policías y a los jóvenes magullados. En estos casos ¿no debería haber un bueno y un equivocado? ¿No?

El sabio chino habría dicho: "¿Y quién dice que sea una desgracia?".

Y, de hecho, por primera vez en los últimos años en Palermo, 80 docentes de escuela media inferior y superior tomaron lápiz y papel para denunciar toda su indignación ante las imágenes de los jóvenes siendo cargados por la policía por una orden de la Prefectura, tal vez del Ministerio, que prohibía el acceso a la calle Notarbartolo.

Y pusieron la firma. Nombre y apellido. Lo cual, en Palermo, siempre tiene cierto efecto.

Y hablamos de esa orden ministerial porque, quizás, alguien debería explicarle al ministro del Interior, Matteo Piantedosi, la diferencia entre una reunión de rap y las que se hacen en nombre de la memoria de las víctimas de la mafia. Son cosas diferentes.

Ahora sería bueno que se sumaran profesores universitarios a los profesores de la escuela media inferior y superior. Y en particular, por ejemplo, los de la Facultad de Derecho, el templo del derecho palermitano en calle Maqueda, donde los jóvenes universitarios tienen derecho a saber qué tipo de antimafia se estudia y practica en su ciudad.

¿O acaso los alumnos deben contentarse con profesores que les enseñan –esto realmente sucedió– que el Maxiproceso de Falcone y Borsellino fue un "oprobio"?

¿Cómo es posible que, de la Facultad de Derecho, donde se graduaron Falcone y Borsellino, nunca lleguen grandes voces tronantes para recordarnos que la mafia sigue entre nosotros? Tenemos dudas de que esto llegue a suceder.

Debemos conformarnos.

Mario Ridulfo, secretario provincial de la CGIL (Confederación General Italiana del Trabajo) de Palermo (el gremio hizo muy bien en participar de la marcha) declaró, en referencia a Maria Falcone: "Por respeto a las instituciones ¿habría invitado también a Ciancimino?" y, demostrando que no tiene pelos en la lengua, reforzó la dosis: "El respeto a las instituciones no se mide por los fondos que entregan, si bien son justos y necesarios para financiar proyectos legales, ni pueden condicionar juicios y comportamientos".

Indiscutiblemente claro. No hay nada que decir.

¿Ahora se entiende por qué se dice que lo que sucede no siempre es una desgracia?

A la luz de estos hechos, excluimos que el próximo 19 de julio la familia Borsellino cierre la calle D'Amelio a los jóvenes que quieran manifestarse en memoria de Paolo Borsellino, Emanuela Loi, Agostino Catalano, Vincenzo Li Muli, Walter Cosina y Claudio Traina.

Estamos seguros de no equivocarnos.

Foto: Paolo Bassani