Martes 16 Abril 2024

Por Giorgio Bongiovanni-18 de agosto de 2022

Era de esperar que los grandes diarios (desde "Il Foglio" al "Riformista", pasando por "Il Giornale" y otros), las grandes firmas (como Enrico Deaglio), barones y profesores (como los Fiandaca de turno) volvieran a hacer oír su propia voz después de que se dieran a conocer los fundamentos de la sentencia de segunda instancia en el juicio de la Tratativa Estado-Mafia. Además, en las tres mil páginas escritas por los jueces de la Corte de Apelaciones de Palermo, Angelo Pellino y Vittorio Anania, hay argumentos que claramente hacen "ruido", a pesar de las absoluciones que se han dictado contra los imputados institucionales. Y para entenderlos basta ver las "molestias" del general Mario Mori, señaladas hoy en "Il Riformista": los contactos que los hombres del ROS hicieron con el alcalde mafioso de Palermo, Vito Ciancimino, definidos como "improvisados"; la forma de proceder del propio Mori y de De Donno que era "cuestionable y poco respetuosa de los procedimientos"; los Carabineros que tenían una "visión hipertrófica" de "su propia autonomía"; y la evasión de Bernardo Provenzano que de alguna manera fue "favorecida" para luchar contra la facción de Totò Riina.

Y el mismo fastidio producen las consideraciones sobre lo actuado por Marcello Dell'Utri, cuyos contactos con la mafia, según los jueces de Apelación, fueron probados no hasta 1992, como dice la sentencia definitiva en la que se lo condena por concurso externo, sino hasta 1994.

De estas cosas es mejor no hablar y contar, de hecho, por "románticas motivaciones", que la Tratativa Estado-mafia es "fantasmagórica" o que la acusación de los fiscales ha sido "demolida" (cosa que no es cierta). Y luego se abraza la conclusión "justificadora" de los jueces de apelación sobre la "tratativa con un buen propósito", llevada a cabo para salvar vidas humanas (lo que no sucedió, ya que después de la muerte de Falcone y Borsellino hubo otros muertos en 1993 y solo un caso fortuito evitó la masacre más grande (la del Olímpico) en 1994.

Hay una lógica en todo esto.

Y finalmente, gracias a la gran información, contratada y publicitaria, podemos abrir los ojos.

La mafia de las masacres fue derrotada. Los datos, aproximados por defecto, que difunden los informes de Sos Impresa, Istat o similares, son falsos. La nueva mafia no "gana" más de 150 mil millones de euros al año. La mafia no es más que algo de pueblos chicos, extorsiones, distritos, ajuste de cuentas, y cosas similares.

No se trata de que quiera pasar desapercibida. Es que el Estado ha ganado la batalla.

Ya no es necesario sentir vergüenza cuando, como italianos, viajamos por el mundo.

Las relaciones del más alto nivel que las mafias han tenido o tienen dentro del sistema criminal nunca han existido ni existen.

A lo sumo hay alguna "oveja negra" dentro de los círculos de la política o del empresariado, si no dentro de la masonería (aunque hay quienes pretenden que esto también es un invento de algún que otro fiscal y es mejor no tomarlo en serio), que desarrolla relaciones de beneficio personal que nada tienen que ver con el condicionamiento de nuestra democracia.

La mafia vuelve a ser aquella de los setenta, antes del maxi proceso. Puede haber algún "viddano" (como en su día los Liggio y los Riina) o algún "príncipe" (como lo fue Stefano Bontade en Palermo). Pero ni la sombra de acuerdos con el Estado. Sin intercambio de favores, sin papel de "brazo armado" del poder para asesinar magistrados, policías, carabineros, periodistas, empresarios y mártires. Frente a todo esto ¿cómo podría pensarse en la existencia de una tratativa Estado-mafia?

Siempre desde esta óptica, Silvio Berlusconi, como empresario, fue solo una "pobre víctima" de un amigo cercano llamado Dell'Utri, un hombre de la mafia. Y poco importa si juntos, a pesar de esas relaciones, crearon un partido que reinó durante veinte años.

Entonces, frente a todo esto, seamos realistas y contemos todo.

No nos escondamos detrás de un dedo.

Incluso la condena a muerte dictada contra Nino Di Matteo, uno de los magistrados que dirigió el juicio en primera instancia, es un "gran sinsentido".

El jefe corleonés Totò Riina, en la cárcel sufría de depresión, y mientras fue escuchado hablando con la dama de compañía, Alberto Lorusso, no mostraba más que arrogancia y locura.

Porque era perfectamente consciente de que Nino Di Matteo, junto con el pool antimafia de Palermo, solo perseguía "un burro que vuela".

Sin embargo, incluso los periódicos que se ocupan de las extorsiones de la mafia y de los distritos mafiosos, están de acuerdo en que él era el jefe de Cosa Nostra.

No importa si otras escuchas, más o menos recientes, han registrado la voz de jefes que ponían de relieve lo global y central que fue su figura en vida.

Ese viejo zorro sabe que no puede hablar de "cosas serias" como expresar una sentencia de muerte o pedir una masacre contra Di Matteo, con quien no es de Cosa Nostra.

Menos con un apuliano, perteneciente a la Sacra Corona Unita.

Porque la "mafia única", de la que hablan los colaboradores de justicia, es folklore.

Como folclóricos son los juicios que hablan de la llamada "mafia invisible".

Los periodistas, buenos para hablar de aprietes, venta de drogas, y al final bocadillos y vino, obviamente están convencidos de que existe una extraordinaria capacidad telepática entre Totò Riina y otro sujeto con una mente desequilibrada: Matteo Messina Denaro. No es cualquiera. Hablamos de un sujeto que padece una locura de masacres (¿pero la mafia de las masacres no había sido derrotada?, ndr) y que, además, desde 1993, está dotado de otra habilidad especial: la de desmaterializarse. Un poder que lo hace, de hecho, invencible.

Otra que protección del Estado.

Otros colaboradores de la justicia también hablaron de él. Algunos de los más destacados como Vito Galatolo, hijo del jefe mafioso de Acquasanta, Vincenzo Galatolo.

Él es el que informó que quien dio el impulso para llevar adelante el proyecto de atentado contra Di Matteo, fue el jefe que está en la clandestinidad, el prófugo Matteo Messina Denaro.

"Me dijeron que fue demasiado lejos", se habría dicho en una carta que el jefe de la mafia de Trapani envió a Palermo a finales de 2012, para pedir formalmente a las familias mafiosas de la capital que organicen un atentado contra Di Matteo. ¿Quién le habría dado estas indicaciones a Messina Denaro? "Los mismos que en el caso de Borsellino", aseguró Galatolo.

Esa carta fue enviada a Girolamo Biondino, jefe de San Lorenzo y hermano del más célebre Salvatore, chofer histórico del Totò Riina, además de hombre cercano a los servicios de seguridad y custodio de los secretos del jefe corleonés.

Inmediatamente después de la llegada de la carta, continuó el colaborador, los jefes de la mafia de Palermo tomaron medidas para comprar el TNT a los "hermanos" calabreses de la 'Ndrangheta.

Y se juntó una suma en efectivo de 600 mil euros.

Incluso Matteo Messina Denaro, en su locura, al decir que Di Matteo "fue demasiado lejos" es consciente de que nos estamos refiriendo a las investigaciones que el propio magistrado estaba realizando. Desde la investigación de la tratativa, hasta la búsqueda de los autores intelectuales externos de las masacres. Todo un sinsentido.

Al fin y al cabo, ese proyecto de muerte, quizás también gracias a las palabras del exjefe de Acquasanta, aún no se ha llevado a cabo.

Evidentemente, también es un sinsentido la conclusión de los magistrados de Caltanissetta en el pedido de archivo de las investigaciones, donde hablaron de un proyecto de atentado "todavía en curso".

La prensa lo sabe, pero no hablan de ello. Y no por estupidez, sino por falta de voluntad.

Y también lo saben esos grandes periodistas y escritores de libros que han hecho tantas publicaciones, sobre masacres, mafia política, las Brigadas Rojas y los años de plomo, y que hoy se encuentran escribiendo otros sinsentidos, mucho más locos y llenos de falsedad.

Es lo que hizo uno de estos, que incluso admitió que no había leído la sentencia.

Estamos hablando de Enrico Deaglio, en Il Domani, quien con su mezcla de información no hace honor a esa historia que hemos reconocido durante mucho tiempo.

Hemos confrontado con él en otras ocasiones, pero leyendo su último artículo en Il Domani, los que seguimos el juicio en primera y segunda instancia, no podemos dejar de notar la incorrección de ciertas afirmaciones, algunas incluso al borde de la difamación.

En particular cuando se afirma que la fiscalía de Palermo pensó que Mancino había tenido un papel en las tratativas (cuando en el juicio fue acusado de "perjurio" y no de atentado contra el cuerpo político del Estado); o cuando, hablando del testimonio del ex jefe de Estado, Giorgio Napolitano, omite mencionar que él mismo afirmó que las bombas del '92 y del '93 fueron un "ultimátum" al Estado, un "chantaje con el fin de desestabilizar todo el sistema" cuando ya se veía que iba a ceder.

Y es grave que se afirme que las grabaciones de las llamadas telefónicas que mantuvo con el entonces sospechoso, Nicola Mancino, "todavía existen" e incluso circulan.

Deaglio también acusa a los fiscales de Palermo de haber advertido sospechas sobre el contenido de esas llamadas telefónicas cuando en cambio dijeron claramente que "no había nada penalmente relevante". Y al hacerlo olvida que fue el jefe de Estado quien alimentó sospechas y sombras al abrir un conflicto de atribución con la Fiscalía por la destrucción de las mismas llamadas telefónicas. Lo cual fue decretado y llevado a cabo.

Tal vez Deaglio no lo sepa, así como tampoco conoce la sentencia completa de la Corte de Apelaciones de Palermo. Es por eso que debería leer esas páginas, así como la sentencia de primera instancia, y las sentencias de otros juicios como los de las masacres de 1993 y 1992. Ahí están todas las huellas y hechos que él mismo niega.

Creemos que, en el mejor de los casos, el colega Deaglio, un comunista de vieja data, desde el colmo de su ignorancia (en el sentido de que ignora), es sólo un arrogante, llevado por esa arrogancia típica de los que piensan que saben y conocen todo.

En el peor de los casos, deberíamos suponer que él, como otros teóricos del "sinsentido loco" que justifican la tratativa por un buen propósito, está siendo, de alguna manera, hetero dirigido.

Y lo mismo ocurriría con aquellos periódicos financiados por los partidos que obtienen, a costa nuestra, aportes del Estado. Así nace ese "periodismo sucio", que actúa con engaño y mistificación, traicionando el artículo 21 de la Constitución. Y quien muera será la verdad.

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*Foto de portada: it.depositphotos.com