Jueves 13 Junio 2024
Por Giorgio Bongiovanni-6 de febrero de 2022

El Movimiento Cinco Estrellas, por responsabilidad absoluta del bufón cómico Giuseppe (más conocido como Beppe) Grillo, ha colapsado.

La enésima prueba se produjo con la renuncia de Luigi Di Maio, ministro de Relaciones Exteriores y ex líder político de Cinco Estrellas, al comité de garantía del partido, organismo del que era presidente.

Lo hizo con una carta enviada al Garante Grillo y al presidente del M5S, Giuseppe Conte, recientemente acusado por él de haber "fracasado" en la fase de elección del presidente de la República, y en la que también asegura estar listo para apoyar el nuevo curso, de hecho, con reservas. Y la respuesta llegó en una nota en la que se critican "caminos divisorios y personales".

En los próximos días veremos nuevas secuelas.

Lo que cada vez es más evidente, como hemos escrito en otras ocasiones, es la profundidad del abismo hacia el que Beppe Grillo, con sus seguidores fieles, está arrastrando a todo el "Movimiento del (no) cambio".

Atrás quedaron los tiempos del Meetup (Plataforma para grupos con un interés común, ndt) y Vaffa-day (iniciativa política promovida por Beppe Grillo, ndt) a los que se acercaron muchos jóvenes entusiasmados con la revolución que estaba llevando a cabo Beppe Grillo, al principio desde sus espectáculos.

Los grupos de trabajo temáticos nacieron con el objetivo de confrontar y desarrollar ideas. Ideas que también fueron apoyadas por nosotros desde ANTIMAFIADuemila.

Así, millones de italianos creyeron en la posibilidad de una nueva política, dando cada vez más confianza al Movimiento Cinco Estrellas para convertirse, en las elecciones del 4 de marzo del 2018, en el primer partido político del país con el 32,66% en la Cámara de Diputados y el 32,22% en el Senado.

Sin embargo, con el tiempo, a medida que el Movimiento se acercaba a los pasillos del poder, se consumó la mayor traición a sus electores.

Muchas batallas históricas, tanto económicas como de política exterior, se han perdido en el camino.

Y en este sentido recordamos las posiciones tomadas sobre el Tav, el TAP, la OTAN, la compra de los F-35 y la resolución del conflicto palestino-israelí. Luego vinieron las gravísimas posiciones tomadas en el tema de los migrantes, con el Decreto Ley de Seguridad bis, que descaradamente rebajó el grado de humanidad del país.

La última máscara se cayó cuando los Cinco Estrellas, encabezados por el cómico Beppe Grillo, decidieron apoyar a un gobierno técnico junto a otras fuerzas políticas como Forza Italia.

Y pensar que durante años el propio Grillo, en sus espectáculos, cuando ganaba millones, había pregonado la idea del cambio al denunciar que entre los fundadores de ese partido estaba Marcello Dell'Utri, condenado en forma definitiva por concurso externo en asociación mafiosa, y Silvio Berlusconi, que le pagaba a la mafia (como dicen las sentencias) y que, recordemos una vez más, no sólo fue condenado sino que está siendo investigado en Florencia (de nuevo con Dell'Utri) por ser el instigador externo de las masacres de 1993.

Un sujeto que durante meses fue candidato a jefe de Estado.

Hoy los Cinco Estrellas se sientan a discutir temas políticos y de gobierno.

Un giro perfecto en sus ideas constituyentes si tenemos en cuenta que el actual presidente del Gobierno es Mario Draghi, el hombre de los bancos permanentemente criticado en el pasado.

Engaño y traición

Ahora bien ¿cómo empezó todo esto?

La caída inexorable y cada vez más ruinosa de Cinco Estrellas, en realidad, comenzó en el momento de su mayor éxito. Porque fue en el 2018 cuando se consumaron engaños y traiciones muy graves.

En las elecciones del 2018, al grito de "honestidad" y con la intención de "no sacar las armas, sino mejorar la eficacia y calidad de la justicia", la idea de los líderes históricos del Movimiento era la de proponer a Nino Di Matteo como ministro de Justicia o ministro del Interior para el futuro equipo de gobierno.

No olvidemos lo que sucedió el 7 de abril del 2018, en Ivrea, en el evento organizado por la Asociación Gianroberto Casaleggio. El entonces fiscal nacional Antimafia, al hablar desde el escenario, presentó una serie de propuestas de intervención en la justicia, como la ampliación del uso de las escuchas telefónicas, el uso de agentes encubiertos y el compromiso de lucha contra las mafias y la búsqueda de los autores externos de las masacres de 1992 y 1993.

Recordemos, al final de ese largo discurso, el estruendoso aplauso de los presentes. Del líder político de entonces, Luigi Di Maio, en Casaleggio.

En esa ocasión también estuvo presente Alfonso Bonafede, el que luego sería ministro de Justicia y quien fue el autor de sensacionales fracasos en la lucha contra la mafia.

Es historia que Di Matteo nunca fue nombrado ministro, ya que las puertas del Viminale se abrieron para Matteo Salvini, el peor ministro del Interior de la historia de la República.

Y lo que sucedió unos meses después de la reunión en Ivrea también es bien conocido, porque en junio se produjo la peor de las traiciones cuando Bonafede de golpe le dio la espalda a Di Matteo para un puesto en el Departamento de Administración Penitenciaria (DAP), prefiriendo al menos conocido, Francesco Basentini.

Una historia que fue examinada ante la Comisión Parlamentaria Antimafia, presidida por Nicola Morra, cuando se llamó a declarar al propio Di Matteo.

El consejero togado del Consejo Superior de la Magistratura (CSM) repasó cada paso de las conversaciones que mantuvo con el ministro de Justicia en junio del 2018, destacando lo dicho por Bonafede para convencerlo de que aceptara un cargo diferente al pactado (el DAG, Dirección de Asuntos Jurídicos, en lugar del DAP), argumentando que "para este otro cargo no hay oposiciones ni desaprobaciones". Por su parte, Bonafede, a pesar de haber declarado en varias sedes, nunca dio una respuesta concreta sobre a qué se refería ni cuáles fueron las razones por las que, de un día para otro, cambió de actitud.

Está muy lejos de nosotros pensar que el entonces ministro hizo un pacto con la mafia, pero los hechos dicen que los jefes mafiosos, cuando corrió el rumor de la posible designación de Di Matteo, protestaron en voz alta ("Si viene este Nino Di Matteo, estamos arruinados, se acabó todo para nosotros"). Bonafede, según su propia confesión, era consciente de la rabia de los jefes en las cárceles, y la lógica es que no podría haber habido una mejor "señal clara e inequívoca al crimen organizado" (para usar las palabras del ministro al justificar su visión de poner a Di Matteo en los temas penales) como la de nombrar a Di Matteo como jefe del DAP.

Por lo tanto, esa falta de nombramiento fue un error muy grave, incluso si sucedió de buena fe, por ignorancia o subestimación. Un error que debería haberlo llevado a la dimisión inmediata.

No fue así.

Con el fin de la administración "Conte 2", Bonafede ya no volvió al equipo de gobierno, pero los Cinco Estrellas se quedaron en la sala de control.

Y ahí siguen, junto a Berlusconi y Draghi, por el llamado "bien del país" en estos tiempos difíciles de "pandemia".

Excusas estériles.

A la luz de estas revoluciones programáticas, hoy tenemos razones para creer que el Movimiento Cinco Estrellas difícilmente alcanzará el 8% en las próximas elecciones políticas, incluso con el riesgo de sacar menos votos.

Hoy, el "Movimiento de las Cinco Estrellas Caídas" está a la deriva y cada vez más dividido.

Por un lado, está Giuseppe Conte, una persona honesta y equilibrada, capaz como primer ministro de mantener firme al país durante la primera fase de la pandemia, aunque totalmente inadecuado en términos de lucha contra la mafia (en su programa de gobierno la lucha fue relegada a un triste 13º lugar).

Por otro lado, está Luigi Di Maio, que en los últimos años encarnó una política cada vez más "democristiana". Con esto no queremos decir que haya hecho tratos con la mafia o que sea corrupto, pero es evidente que las políticas del actual canciller son la antítesis de los programas que el Movimiento se había planteado en su origen.

En el medio está el fracaso total, en la ética y la coherehcia, de Beppe Grillo.

Irónicamente, una posible ruptura y escisión del Movimiento podría ser la solución.

Porque dentro de ella ha habido y hay muchas almas honestas y limpias que de verdad quieren ayudar al país llevando adelante batallas importantes, incluso más allá de la lucha contra la mafia. Pensamos en Nicola Morra, Alessandro Di Battista y otros.

El mismo Conte podría ayudar en varios temas.

Este es el momento de empezar de cero y la esperanza es que Di Battista sea el promotor de un nuevo movimiento político capaz de representar a los italianos en el Parlamento.

Un movimiento que pueda abrazar los deseos del reelecto jefe de Estado, Sergio Mattarella, quien en su último discurso recordó los valores de la Constitución, respetando el valor de la dignidad. Y de la lucha contra la mafia.

Si los nuevos líderes supieran hacerse portadores de estas ideas, tendrían la adhesión de miles de jóvenes. Y tal vez también la nuestra.

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*Imagen de portada: reelaboración gráfica de Paolo Bassani