Miércoles 20 Mayo 2026

En la 31ª Jornada Nacional de Libera en Memoria de las Víctimas Inocentes de la Mafia, se reunieron más de 50 mil personas de toda Italia

"Hemos regresado aquí para marchar juntos, para mantener una memoria viva, una que busca conmover aún más la conciencia de la gente. Porque las mafias existen, están en constante evolución, y debemos estar más presentes que nunca". Estas fueron las palabras del presidente de Libera, don Luigi Ciotti, en su discurso de apertura de la ceremonia de clausura de la 31ª Jornada Nacional en Memoria de las Víctimas Inocentes de la Mafia, que regresó a Turín veinte años después. Más de 50 mil personas de toda Italia participaron en la procesión, entre ellas políticos, sindicalistas y personalidades públicas, que recorrió las calles del centro de la ciudad y concluyó en la Piazza Vittorio Veneto. "Es un día de recuerdo y compromiso -dijo- en memoria de todas las víctimas inocentes del crimen mafioso. No olvidemos que el 80% de ellas desconoce la verdad".

"Anhelamos la verdad, la verdad es un derecho. La democracia no puede vivir sin ella", añadió.

Don Ciotti se centró en las mujeres que se rebelan contra la mafia, "que pagaron con sus vidas por el valor de decir no. Muchas fueron asesinadas por romper con lo establecido, por querer y exigir libertad. Algunas tienen que disfrazarse para no ser encontradas, porque las están buscando".

"Pedimos a los políticos -agregó- que cumplan con su parte, les pedimos a las instituciones, pero nosotros también, como ciudadanos, asociaciones y movimientos, debemos asumir nuestra parte de responsabilidad. Una de las enfermedades más terribles sigue siendo la delegación. Pero también existe una especie de resignación, la idea de que las cosas nunca cambiarán realmente. En cambio, debemos unir nuestras fuerzas para que se conviertan en una fuerza real". "Empezamos -dijo don Ciotti, refiriéndose a la marcha- en la Piazza Solferino porque allí se llevó a cabo en 1975 la huelga de hambre bajo el lema "Morir de hambre, pero no de drogas. Era una antigua tienda militar para exigir una ley, la que más tarde creó el SERT, los servicios de tratamiento de adicciones. Libera no existía entonces, pero sí el Grupo Abele. Y en esa plaza, aquellos primeros padres que habían visto morir a sus hijos por sobredosis lucharon para pedirle al Parlamento esa ley. Así que debemos seguir haciendo nuestra parte como ciudadanos. Colaborar con las instituciones si hacen lo correcto, ser una espina clavada si no hacen lo que deben hacer de forma proactiva. Soy subversivo -añadió el sacerdote- Los poderosos no confían en mí". El fundador de Libera continuó: "La Constitución no solo debe permanecer escrita en papel, sino que debe permanecer en nuestra carne". Y concluyó: "Sí a la revolución pacífica".

*Foto de Portada: Antimafia Duemila