El fiscal de Prato presenta su libro ‘El bienio de sangre’ junto a Attilio Bolzoni en el festival WikiMafia
"Durante casi 200 años se ha perpetuado una especie de convivencia entre el Estado y las organizaciones mafiosas. Necesitamos interrogarnos sobre las razones de esta convivencia". Luca Tescaroli, fiscal jefe de Prato, intervino durante un debate con Attilio Bolzoni en la IV Edición del Festival Internacional Antimafia, celebrado en el Aula Magna U6 de la Universidad de Milán-Bicocca, con motivo de la presentación del libro El bienio de sangre (Editorial PaperFirst).
En el festival organizado por WikiMafia, Tescaroli reconstruye el bienio comprendido entre 1992 y 1994 como un punto de inflexión histórico: un periodo en el que Cosa Nostra abandonó su estrategia selectiva para emprender una ofensiva a gran escala contra el Estado. Esta transición, según el fiscal jefe de Prato, no surgió de la nada, sino que tenía sus raíces en la posguerra. Se refiere al Pacto Cassibile, cuando la organización mafiosa participó en la facilitación del desembarco aliado, obteniendo posiciones de poder a cambio. A partir de ahí, se produjo una "compenetración" que marcaría a largo plazo la relación entre la mafia y las instituciones.
La temporada de masacres se enmarca dentro de esta interpretación de una crisis en dicha relación. Cosa Nostra atacó a sus enemigos declarados -los artífices del maxi juicio-, pero también a aquellos interlocutores políticos considerados poco fiables, como Salvo Lima. El objetivo, explica Tescaroli, es más amplio: reconstruir un nuevo equilibrio mediante la violencia. Los atentados de 1993 -en Florencia, Milán y Roma- se produjeron en un contexto político frágil, entre gobiernos tecnocráticos y el fin de la Primera República. Esta escalada llevó al entonces primer ministro Carlo Azeglio Ciampi a hablar abiertamente del temor a un golpe de Estado.
Los juicios establecieron la responsabilidad de Cosa Nostra, pero -subraya Tescaroli- no esclarecen todos los hechos. Persisten elementos que plantean interrogantes sobre posibles responsabilidades externas, sobre individuos que pudieron haber compartido o apoyado esa estrategia. Sin embargo, para el magistrado, el punto más significativo es otro: "El cese repentino de la campaña de masacres". Tras el fallido atentado contra el Estadio Olímpico en 1994, la organización aún contaba con capacidad operativa y hombres libres. No obstante, las masacres cesaron, mientras que el sistema político se vio desbordado por el caso Tangentopoli y comenzó una nueva fase con la entrada de nuevos actores.
Tras un extenso repaso histórico, salpicado de conclusiones de juicios "logradas gracias a un poder judicial autónomo e independiente", Tescaroli ofrece algunas reflexiones más críticas sobre las recientes investigaciones de las masacres, para ilustrar cómo cambió el panorama.
"Conecto este momento inicial con uno que considero definitivo", afirma, recordando un episodio reciente: tras una investigación sobre complicidad en una masacre, un subsecretario citó al sospechoso al Palacio Chigi para expresarle su solidaridad. "Un suceso de este tipo en 2024 no ha llamado la atención ni sorprendido a nadie. Fue una acción que se trató como un acto necesario", dijo, señalando que este tipo de intervención acaba afectando al contexto en el que se llevan a cabo las investigaciones. "Investigaciones que no van por buen camino", observa, al tiempo que reitera la necesidad de seguir determinando cualquier responsabilidad más allá de las ya reveladas en los juicios.
Es cierto, "la mafia siciliana ya no es la de los corleoneses", explica Tescaroli, reconociendo su declive desde la década de 1990, pero "sigue viva; no fue destruida. Durante cerca de 200 años, se ha perpetuado una especie de convivencia entre el Estado y las organizaciones mafiosas", subraya el magistrado. "Existen vínculos extremadamente peligrosos", añade, refiriéndose a esa zona gris que continúa representando una fuente de fortaleza para las organizaciones.
Finalmente, un comentario sobre la legislación antimafia. "Lo que ha sucedido hasta ahora -y me refiero a la abolición del abuso de poder, la reducción de las escuchas telefónicas y más- demuestra que estamos avanzando en una dirección diferente", concluye. "Recordar solo cuando hay conmemoraciones es pura retórica. La memoria también se ejerce protegiendo estas herramientas".
*Foto de Portada: © Jamil El Sadi