Análisis del criminólogo: "¿Quién dio la orden de cancelar la cita del magistrado en Favignana?"
La tarde del 23 de mayo de 1992 no fue solo la culminación del terror mafioso en respuesta al Maxijuicio. "Fue, sin lugar a duda, una operación híbrida y compleja", dice el autor. Posibilitada por la falta de mecanismos de protección del aparato estatal responsable de la seguridad de Falcone. La manipulación de los procedimientos de traslado representó "el acto original de traición institucional". Los "cerebros ocultos" lo canalizaron hacia el teatro de exterminio ya preparado.
Giovanni Falcone tenía previsto asistir el 23 de mayo de 1992 al rito ancestral de la matanza en la pesquería de atún de Favignana. "Hay que conocer las técnicas de la pesca del atún para comprender el horror de esa coincidencia", escribió Federico Carbone en Dark Side. La matanza no se improvisa: el Rais escudriña el mar, evalúa las corrientes y vigila el paso de los peces en la "cámara de la muerte", el único espacio con fondo en la red, el cuerpo que se izará para llevar la captura a la superficie.
Ese día, las condiciones eran propicias y había atunes. Sin embargo, la orden de cerrar la red y comenzar la matanza quedó suspendida. "Los documentos 'ocultos' y las investigaciones nos dicen que se esperaba un invitado de honor en la isla de Favignana: Giovanni Falcone", subraya el autor. La presencia del magistrado no era una excursión turística, sino una cita incluida en una agenda apretada y segura. Falcone y su esposa, Francesca Morvillo, debían presenciar el rito de la vida y la muerte. El Rais esperaba la señal para dar comienzo al espectáculo en honor al distinguido invitado. Pero este nunca llegó.
A las 16:45, se produjo el cambio de ruta. El jet del servicio secreto, irónicamente llamado Falcon, aterrizó en Punta Raisi. El procedimiento de seguridad habitual exigía un helicóptero o una lancha rápida para llegar a las Islas Egadi, evitando la autopista y las rutas habituales. En cambio, "sucedió lo inexplicable": se optó por llevar la caravana por la A29. La escolta se reagrupó rápidamente. Los vehículos blindados Croma partieron. "¿Quién dio la orden de cancelar el traslado a Favignana?", se preguntó Carbone.
La versión oficial apuntaba a un compromiso laboral de Francesca Morvillo. Según el testimonio del juicio y la sentencia de la Corte Penal de Caltanissetta, el oficial de escolta Tommaso Staffoli declaró que el juez canceló la salida porque su esposa trabajaba el sábado por la mañana. La propia Morvillo telefoneó a Enrico Ragosa, presente en Favignana por motivos logísticos, para informarle de sus compromisos en Roma relacionados con la comisión de un concurso.
Carlo Palermo, exmagistrado superviviente del atentado de Pizzolungo y hoy abogado y autor de investigaciones sobre la mafia y las masacres, refuta esta reconstrucción con datos objetivos. La biografía de Morvillo en el Consejo Superior de la Magistratura (CSM) indica que su último compromiso en el Hotel Ergife Palace de Roma finalizó el 22 de mayo, dejando libre el sábado siguiente. Maria Guccione, figura histórica de Favignana y gerente de un hotel-restaurante en la isla durante medio siglo, confirmó que Falcone reservó personalmente la habitación para él y Morvillo por teléfono el 22 de mayo, sin cancelarla ni presentarse jamás. Guccione y la Pro Loco también contradijeron a Ragosa, afirmando que el Rais pospuso la masacre hasta el fin de semana siguiente.
El análisis de Carlo Palermo
Palermo concluye que estas discrepancias apuntan a una "trampa": "¿Qué y quién obligó a Falcone a renunciar?", negándole a la pareja la opción segura de Favignana y canalizándolos hacia la carretera de Capaci. Mientras la procesión se formaba en Punta Raisi, en Favignana los Rais se percataron de que la masacre había sido cancelada. "O mejor dicho: trasladada", dice Carbone. La precisión del plan presuponía que Falcone no llegaría a Favignana. "Alguien, dentro del aparato que debía protegerlo, dispuso que Falcone entrara a la única red disponible esa tarde: la carretera". El lugar de la masacre y el lugar de la fallida matanza de peces están vinculados geográfica y simbólicamente. "Al trasladar el sacrificio de Favignana a Capaci, la mafia (y quienes la dirigían) realizaron un acto de 'magia negra' criminal", afirma Carbone. Transformó a un juez en un atún, respetando la hora de vísperas y la liturgia de sangre, pero cambiando el altar. "No fue una coincidencia. No fue un retraso de Morvillo. No fue el tráfico. Fue una entrega".
Una masacre militar
El análisis balístico y cinético de la tarde del 23 de mayo revela el comportamiento paramilitar del comando mafioso, fusionado con la liturgia marítima. La caravana avanzaba a unos 160 km/h. El cálculo para el detonante requería visibilidad absoluta, serenidad y una coordinación perfecta, similar a la del Rais en la cámara de la muerte. La emboscada se basó en una triangulación. Holograma visual: avistamiento remoto vía radiotelefonía cuando el vehículo salía de Punta Raisi; alineación con los operadores a lo largo de la carretera; activación manual por Giovanni Brusca, quien usó un viejo refrigerador blanco al costado de la carretera como referencia. El único elemento no considerado fue la repentina desaceleración del Croma conducido por Falcone, debido a un malentendido con respecto al conductor Giuseppe Costanza, quien estaba sacando un juego de llaves. Esta desalineación cambió el epicentro de la onda expansiva: el Croma blanco de escolta (Quarto Savona Quindici, con los oficiales Montinaro, Dicillo y Schifani) fue impactado de frente y lanzado a un olivar. El auto de Falcone se estrelló contra el muro de escombros. Ese instante salvó milagrosamente a Costanza. A pesar de su imperfección, el dispositivo funcionó implacablemente. A diferencia de una emboscada convencional con armas automáticas, el uso masivo de TNT en el túnel eliminó cualquier margen de maniobra. "Esa franja de asfalto se comportó como una réplica terrestre perfecta de la Tonnara: se cerró sobre sí misma", enfatizó Carbone. Las acciones posteriores completan el panorama de complicidad: la eliminación de datos de la agenda Casio SF7500, la supresión de conversaciones con el informante Gaspare Mutolo y la negación de registros telefónicos y rastros de viajes a Estados Unidos. "Esto no puede descartarse como negligencia", afirma Carbone. En cambio, certifica "la intervención masiva y contaminante de entidades que operan dentro del perímetro de seguridad del Estado".
La maniobra de distracción, al desviar la atención hacia partidarios marginales y teorías basadas en falsos testimonios (como el caso Scarantino, en via D'Amelio al igual que en Capaci), tenía como objetivo preservar la connivencia entre el crimen organizado y los poderosos centros institucionales y masónicos.
"La geografía política, económica y social de la Italia contemporánea ha sido brutalmente rediseñada a través de un bautismo de fuego y TNT", concluye Carbone. El ritual de pesca suspendido en Favignana encuentra su "sublimación macabra, perfecta y escalofriante" en la autopista Capaci. Falcone se convirtió en la ofrenda sacrificial en un altar de asfalto negro, inmolado no solo por la venganza de Riina, sino también para sancionar, mediante un acto de "magia negra" de un poder pervertido, el fin de una era republicana y el establecimiento de un nuevo equilibrio político.
Tras la aparente claridad de los veredictos, según el análisis, subyace "la desconcertante realidad de una Italia plagada de intrigas, conexiones inconfesables y pactos luciferinos", una verdad "hecha a jirones" que emerge únicamente al fusionar datos tecnológico-forenses con la comprensión de las oscuras geometrías del poder.
*Fuente: DarkSide
*Foto de Portada: © Shobha
*Foto 2: Federico Carbone
*Foto 3: Carlo Palermo © Paolo Bassani