El libro de Alaa Faraj, Porque yo era un niño, se presentó en Catania. Salió de Libia con un sueño destrozado por la injusticia.
Porque yo era un niño es el título del libro (Sellerio Editores) escrito por Alaa Faraj, nacido en Bengasi, Libia, en 1995. Pero también es el título de una historia dramática, y lamentablemente real. Una de esas historias incómodas que, al final, dejan a muchos avergonzados.
La historia de Faraj es, de hecho, un escándalo judicial en toda regla, que ha trastocado la vida del joven libio de la peor manera posible. Su único deseo era empezar de cero, lejos de la guerra: salir de Libia para reconstruir una vida en Europa, que, vista desde el otro lado del mar, aparece tan hermosa que parece un espejismo.
Es una pena que Faraj, luego de llegar a Europa tras un largo y desafortunado viaje por mar, se encontrara en Italia enfrentándose a una condena por trata de personas y asesinato. Una sentencia muy grave, que lo catalogaba de contrabandista, aparentemente fruto de un error judicial. Un error judicial que dio lugar al testimonio del joven libio, cuyo sueño era ser futbolista, pero que en cambio se encontró cumpliendo inocentemente diez años de una condena de treinta.
"Hay cosas que me han mantenido vivo estos diez años y me seguirán manteniendo vivo", explicó Faraj durante la presentación de su libro en Catania el pasado martes 16 de diciembre. "Son mi fe, la familia que nunca me ha abandonado y mi inocencia, junto con las personas que he conocido a lo largo de este viaje".
A través de esas mismas personas -educadores, profesores y voluntarios-, Faraj aprendió a amar a Italia y a los italianos, hasta el punto de transformar el país que lo condenó en el país que lo salvó, enseñándole a perdonar y a rechazar el odio. Pero, sobre todo, a aceptar el papel de "prisionero, no de criminal".
El padre Luigi Ciotti, fundador de Libera, presente en el evento, habló de esperanza.
"La esperanza es un bien que emerge en este libro -explicó- A pesar de todo, es un bien interior, pero también es fruto de un compromiso que convoca a todos los demás". Y añadió: "Para nosotros, Alaa es el nombre de un inocente, que debe ser pronunciado en voz alta, con fuerza, atención y precisión".
Por ello, el fundador de Libera, la asociación que lleva años luchando contra la mafia, instó a la gente a "alzar la voz", exigiendo verdad y justicia, así como la reapertura del caso, dado que el joven libio corre el riesgo de cumplir otros veinte años de prisión. Veinte años más por una condena que, como señaló el profesor Alberto Andronico, de la Universidad de Catania, se basa en un solo testimonio, tras otros ocho que no dicen nada, salvo que Faraj les pasó agua a otros que, como él, intentaban escapar de los peligros de la guerra para enfrentarse a los del mar.
Y hablando de aspectos judiciales, durante la presentación del libro Porque yo era un niño, también intervino Felice Lima, exfiscal general adjunto de la Fiscalía de Messina. "Sepan que hay muchos errores judiciales, y son graves. Mi esposa, colega, está aquí presente", especificó el magistrado. "Ha tenido que lidiar con varios casos dramáticos que requieren revisión: uno es el juicio de Borsellino, otro la masacre de Alcamo y otro más el asesinato del coronel Russo. Son casos en los que individuos han cumplido 22, 22 y 15 años, respectivamente, como inocentes".
"Así pues -añadió- sepan que este es un problema que existe: un error judicial, o mejor aún, una injusticia. Porque a veces es un error, otras veces, en retrospectiva, si no con previsión, al releer los pasajes técnicos de las sentencias, entendemos que no es un error. No necesariamente en el sentido de malicia, sino como una violación de importantes deberes técnicos".
Así es como Felice Lima enfatiza la responsabilidad de quienes desempeñan funciones profesionales que, sin duda, pueden definirse como delicadas y que pueden destruir la vida de otros, quizás incluso simplemente por inercia. "El riesgo que todos corremos es que, si no ponemos un gran esfuerzo de responsabilidad en lo que hacemos, destruyamos la vida de otros sin darnos cuenta". Y nuevamente: "En realidad, la justicia se está convirtiendo cada vez más, y de forma drástica, en un instrumento de control social, dominación y opresión. Esto -aclaró Lima- se logra materialmente de dos maneras: una es legislativa; es decir, si se analiza la legislación, se descubre que el robo en supermercados conlleva penas de hasta diez años, mientras que la corrupción no". Esto lo confirman varios casos de «sentencias sensacionalistas, que nos muestran cómo la balanza se inclina de forma diferente según quién sea el acusado y cuál sea el delito".
Alessandra Sciurba, por su parte, habló de una "injusticia flagrante". Sciurba, coordinadora de la Clínica Jurídica para la Migración y los Derechos de la Universidad de Palermo, conoce bien el caso de Faraj. Tanto que se convirtió no solo en la editora del libro, sino también en el hilo conductor entre la experiencia de Faraj y el lector.
"Mira de dónde venimos, Alaa. Mira lo que has hecho", dice Sciurba, dirigiéndose directamente al protagonista de esta dramática historia.
"En un momento tan oscuro del mundo, la historia de Faraj nos enseña que estas son las verdaderas revoluciones. Una chica de 16 años me escribió -recordó Sciurba- Gracias a él, entendí que desde cualquier prisión, material o espiritual, nunca puedes rendirte".
*Fotos de Facebook alesciurba1