El exmagistrado: "Napolitano bloqueó las investigaciones a través del conflicto de atribuciones con Mancino por las escuchas telefónicas"
"La Tratativa Estado-mafia sí se llevó a cabo. Como lo confirma la sentencia final".
Así lo recordó Antonio Ingroia en una entrevista el canal social Crescere Informandosi, exmagistrado que, de joven, colaboró en las investigaciones a Cosa Nostra junto a los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.
Una verdadera traición, "la peor de las traiciones -explicó Ingroia- probablemente cometida póstumamente contra Falcone, pues se cree que las tratativas comenzaron inmediatamente después de la masacre de Capaci. Para Borsellino, sin embargo, fue mientras estaba con vida". Esto se debe a que los primeros contactos del Estado con el exalcalde de Palermo, Vito Ciancimino, en relación con la mafia se produjeron después de la masacre de Capaci y antes de la de via d'Amelio. Luego agregó: "Estoy convencido de que Borsellino fue percibido como un obstáculo para esa tratativa". Por ello, según el exmagistrado, se produjo una marcada aceleración en el ritmo de las masacres, que culminaron en la de via d'Amelio, en la que Paolo Borsellino perdió la vida junto con sus guardaespaldas.
Este incidente condujo a otra gran traición: el encubrimiento de via d'Amelio, llevado a cabo "a través de un falso informante, Vincenzo Scarantino, fabricado por el agente de policía Arnaldo La Barbera, quien, además de ser el jefe del equipo de investigación de Falcone y Borsellino, también estaba a sueldo de los servicios secretos". El mismo desvío al que contribuyó Giovanni Tinebra, entonces fiscal de Caltanissetta, quien coordinó esas investigaciones y las confió a Bruno Contrada, un hombre de los servicios secretos, los mismos que, recuerda Ingroia, "le pagaban a La Barbera".
"Las traiciones -continuó Ingroia- también ocurrieron en el otro bando, el de la mafia. Totò Riina, por ejemplo, fue arrestado porque, en medio de las tratativas entre el Estado y la mafia, había subido demasiado el precio, pedía demasiado. Así que tuvo que ser apartado para encontrar otros interlocutores con los que negociar". Interlocutores como Bernardo Provenzano o los hermanos Graviano, "muy probablemente los artífices de la detención de Riina, que culminó con el inquietante epílogo en el que los carabineros que lo arrestaron nunca registraron su escondite".
Se podría haber descubierto mucho más, concluye Ingroia, de no haber sido por el entonces presidente Giorgio Napolitano, quien planteó una disputa de jurisdicción con los fiscales que investigaban las negociaciones entre el Estado y la mafia, quienes se toparon con escuchas telefónicas entre Napolitano y el interceptado Nicola Mancino.
Desafortunadamente, la disputa de jurisdicción planteada por el Quirinal fue confirmada, lo que condujo a la destrucción de dichas cintas y, muy probablemente, evitó que saliera a la luz una verdad incómoda.
*Foto de Portada: Antimafia Duemila