Domingo 15 Marzo 2026

De la DIA al SCO, los documentos que "hablan"

Entre el 15 y el 20 de agosto de 1993, Cosa Nostra planeó un atentado contra los dos presidentes de la Cámara de Diputados, Giovanni Spadolini y Giorgio Napolitano. Ese riesgo de atentado se planteó en un memorando confidencial del SISMI (Servicio de Informaciones y Seguridad Militar), fechado el 29 de julio de 1993, transmitido por el CESIS (Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad) en el 2002 al fiscal de Florencia, Gabriele Chelazzi. Este documento adquirió aún mayor relevancia a principios del mes siguiente cuando, en un memorando fechado el 4 de agosto, el SISMI informó a los Ministerios del Interior y Defensa, a la Comandancia General de Carabineros, a la Guardia de Finanzas y al SISDE (Servicio de Informaciones y Seguridad Democrática) que la verificación de la fiabilidad de la "fuente confidencial" había dado resultados positivos.

Este podría haber sido el siguiente paso en la estrategia de masacres tras los atentados de Milán y Roma, ocurridos entre el 27 y el 28 de julio. El ataque contra los dos políticos se evitó, según otro memorando del SISMI fechado el 21 de agosto, gracias al aumento del nivel de protección con el refuerzo de la escolta.

Todos estos documentos, incluidos en las actas del juicio sobre la Tratativa Estado-mafia, ponen de manifiesto cómo, en aquel terrible verano de 1993, las más altas instituciones eran plenamente conscientes de lo que estaba sucediendo.

El propio exjefe de Estado Giorgio Napolitano, aunque intentó minimizar la importancia de su contribución, admitió la percepción de la amenaza cuando compareció el 28 de octubre del 2014 ante el Tribunal Penal de Palermo ("Esos atentados que posteriormente afectaron a edificios de particular valor religioso, artístico y de otro tipo se sucedieron según una lógica que parecía única y apremiante para amenazar a las autoridades públicas").

Estas declaraciones suelen olvidarse.

Sin embargo, es evidente que en esos meses, sectores de las instituciones conocían, prácticamente en directo, el objetivo de las masacres y, sobre todo, habían identificado a Cosa Nostra como el "brazo ejecutor".

Las Notas del SCO

Otros documentos importantes incluyen una nota confidencial del SCO (Servicio Central Operativo de la Policía de Estado de Italia), firmada por Antonio Manganelli, enviada en junio de 1993 al Servicio Central de Policía Criminal y posteriormente remitida a la DIA (Dirección de Investigaciones Antimafia), y una nota posterior que también se envió a la Comisión Parlamentaria Antimafia. En la primera se habla de una división dentro de las filas de Cosa Nostra "entre un sector moderado y otro más sanguinario", la existencia de una "fuente fiable" y la sugerencia de un "interés en sembrar el pánico, quizás para obligar a las instituciones a negociar con Riina tras otro coche bomba".

La segunda plantea la posibilidad de que, tras el atentado de Costanzo, "los atentados sucesivos no habrían debido resultar en masacres", según expresan los investigadores del SCO, dirigidos entonces por Nicola Simone, con Antonio Manganelli y Alessandro Pansa como sus hombres de confianza, "sino que pretendían ser piezas de un mosaico destinado a sembrar el pánico, intimidar, desestabilizar y debilitar al Estado, para crear las condiciones para una 'tratativa', para la cual Cosa Nostra también podría utilizar los canales institucionales".masacres2

En los últimos años, se conocieron múltiples planes de tratativa. El diálogo que el ROS de Mori inició con el alcalde mafioso de Palermo, Vito Ciancimino, fue probablemente uno de los canales. Pero no el único.

Y más allá de las absoluciones o las intenciones declaradas, es un hecho que ese diálogo contribuyó a la creencia de Cosa Nostra de que la lógica de las bombas, de alguna manera, dio sus frutos.

1994, el informe Océano

Para comprender el panorama general de las masacres, hay otro informe de la DIA que describe el marco económico, político y financiero de las mismas, enviado en marzo de 1994 a las fiscalías de Palermo, Roma, Milán y Florencia. Se trata del ultra reservado "Informe Océano", firmado por el jefe del departamento de investigaciones judiciales, Pippo Micalizio.

Ese documento afirma que las masacres de Falcone y Borsellino fueron "solicitadas" a Salvatore Riina por "personajes importantes", a cambio de la promesa de una revisión del Maxiproceso.

Se hace referencia al venerable Licio Gelli de la P2 y a un sector de la masonería italiana, apoyados por sectores de los servicios secretos y por "círculos empresariales y financieros".

¿En qué fuentes basó la DIA sus referencias a "figuras importantes" al citar a Gelli y a un sector de la masonería, sectores de los servicios secretos y círculos empresariales y financieros? Sería interesante preguntar sobre el tema a los investigadores de la época.

El "Informe Océano" también contiene otra consideración importante sobre la relación entre el crimen organizado y las finanzas: "Los ingresos generados por las actividades delictivas llevadas a cabo por las diversas actividades de los grupos mafiosos no se corresponde con el valor de los bienes incautados, confiscados ni con los gastos generados por el delito. Por lo tanto, esta gran riqueza residual solo puede ocultarse en el sistema financiero (...). El sistema financiero, a través de sus mecanismos, ha creado instrumentos jurídicos y económicos en los últimos años que lo han llevado a asumir un papel preeminente en comparación con el industrial (...). Como es bien sabido, este mercado es donde resulta más fácil ocultar capital de origen ilícito (...). Es razonable suponer que, a través del mercado financiero, el crimen organizado también pudo llegar al sistema industrial".

Y no solo eso. Volviendo a las masacres, se identificó a individuos cercanos a la subversión negra como "involucrados" en ellas. La atención se centró especialmente en Pietro Rampulla, un mafioso de la familia Mistretta con antecedentes en Nuevo Orden. Fue él quien empaquetó los quinientos kilos de explosivos utilizados en la masacre de Capaci. Evidentemente, la DIA contaba con excelentes fuentes.

Pero ese informe también mencionaba a Paolo Bellini. Recientemente condenado por la masacre de Bolonia del 2 de agosto de 1980, fue citado como "infiltrado" en la carta de despedida de Nino Gioè, que participó en la masacre de Capaci, quien se "suicidó" en prisión en circunstancias poco claras.masacrers3

Una Comisión Antimafia seria investigaría el papel de Bellini, quien protagonizó una tratativa real con los jefes de la mafia para la recuperación de obras de arte robadas a cambio de reducciones de penas para los jefes.

Pero esta información que, según la investigación periodística del programa Report, estaba dirigida desde el exterior por figuras como el general Mario Mori, no se quiere conocer.

Y no es sorprendente considerando que el caso Gioè-Bellini pesa mucho sobre el propio ex oficial del ROS.

Gioè propuso a Bellini un intercambio, entregándole una nota con los nombres de cinco importantes mafiosos que entonces en prisión y solicitando para ellos "arresto domiciliario u hospitalización" si el acuerdo prosperaba. El documento llegó al escritorio del coronel Mori, quien inmediatamente calificó las exigencias de irrazonables, pero, sin confiscarla ni informar a las autoridades judiciales, conservó la nota y la destruyó.

Según la Fiscalía de Florencia, que abrió un expediente contra Mori en la investigación de las masacres de 1993, el exgeneral no impidió, mediante informes o denuncias diligentes, ni mediante la adopción de iniciativas de investigación independientes o medidas preventivas, las masacres de Florencia, Roma y Milán, de las que había recibido numerosas advertencias previas.

De hecho, según la fiscalía, Mori "fue informado, ya en agosto de 1992, por el mariscal Roberto Tempesta, de la intención de Cosa Nostra, transmitida por Paolo Bellini, de atacar el patrimonio histórico, artístico y monumental de Italia, en particular la Torre Inclinada de Pisa".

Posteriormente, durante una reunión de investigación en Carinola el 25 de junio de 1993, Mori fue presuntamente advertido por el "ministro de obras públicas" de Cosa Nostra, Angelo Siino, quien le había informado expresamente de que se producirían atentados en el norte.

De ahí la investigación de la Fiscalía de Florencia, que, sin embargo, no impidió que Mori fuera visto como un "oráculo de la verdad" en la Comisión Antimafia sobre la única investigación que para él realmente le importa: los contratos de la maffia.

Una investigación que, analizada con más detalle, no explica en absoluto lo ocurrido en 1993.

Como decíamos, sin embargo, esta Comisión Parlamentaria Antimafia y su presidenta, Chiara Colosimo, no están interesados en descubrir la verdad sobre ese período histórico. De lo contrario, habrían dado cabida a todos esos puntos que el ex fiscal general de Palermo, Roberto Scarpinato (hoy senador del Movimiento Cinco Estrellas, al que la centroderecha pretende expulsar de la Comisión), ha instado repetidamente, incluso mediante una declaración escrita, a profundizar.

Ese memorial pone de relieve todos los puntos negros de las masacres, así como las conexiones entre la mafia, círculos vinculados a la derecha subversiva, agentes de los servicios italianos y extranjeros, así como la masonería y los múltiples intereses que se entrelazaron y fusionaron en la trama de la masacre de 1992-94.masacres4

Para describir este entrelazamiento, el documento también recuerda las declaraciones de varios colaboradores de justicia. Entre ellos se encuentra Tullio Cannella, quien ayudó a Leoluca Bagarella durante su tiempo en la clandestinidad y quien, en su nombre, fue responsable de la creación de un nuevo movimiento político (Sicilia Libre). En el juicio por la masacre de via dei Georgofili en Florencia, en la audiencia del 25 de junio de 1997, Cannella declaró: "El Sr. Bagarella, por la relación que yo tenía entonces desde el punto de vista de la colaboración que mencioné antes, de carácter estratégico, político y demás, me dijo muy claramente que de hecho, la planificación de las masacres no fue suya, ya que en 1993, como sabemos, el Sr. Salvatore Riina ya había sido capturado. Así que se podría pensar que el Sr. Bagarella, en 1993, decidió operar, implementar esta temporada de masacres. Pero el comentario del Sr. Bagarella era y fue, repasando páginas de la historia italiana y, por lo tanto, más específicamente desde la masacre de Capaci hasta la de via D'Amelio, para las que se habían hecho en el verano de 1993. Bagarella me dice que esto fue el resultado de un plan específico previamente establecido o acordado. Y, en cualquier caso, me dijo: 'Es muy fácil, querido Tullio, según los informantes, que toda la responsabilidad recaiga sobre Salvatore Riina o sobre mí. Mientras que la responsabilidad es de otros'. Por lo tanto, con esta declaración no descarto en absoluto la posibilidad de que, a nivel operativo militar, el Sr. Bagarella tuviera conocimiento y otros participaran activamente en la ejecución de las masacres. Pero quiero señalar que el Sr. Bagarella me dijo muy clara y enfáticamente que los verdaderos instigadores e intelectuales de la masacre se encontraban en círculos económicos, políticos y masónicos. No puedo decir más...". Al preguntarle si se trataba de una interpretación me dijo: "No, no, esto no es una interpretación, esto es una expresión clara".

El Presidente le pidió a Cannella que repitiera: "Sí, puedo repetirlo. Que efectivamente hubo intereses en esta ejecución. Y, por lo tanto, una confluencia de intereses con Cosa Nostra, para explicarlo aún más claramente, de círculos político-empresariales, por lo tanto económicos y masónicos".masacrers5

Esto recuerda los análisis de la DIA de aquel terrible verano de agosto de 1993: "El escenario criminal esbozado en el contexto de estos atentados resalta, por un lado, el interés de la mafia en llevarlos a cabo, pero también insinúa la intervención de otras fuerzas criminales capaces de desarrollar los sofisticados planes necesarios para alcanzar objetivos más amplios que trascienden las necesidades específicas de la organización mafiosa". Los investigadores dijeron entonces: "Se podría pensar en una incorporación horizontal, en la que cada miembro tiene intereses específicos que pueden perseguirse como parte de un proyecto más complejo que converge con diferentes objetivos. Un grupo que, al carecer de una base de auténticos revolucionarios, cuenta con el apoyo operativo del crimen organizado. Abundan los ejemplos de organizaciones nacidas de una mezcla de mafia, subversión de derecha, financistas agresivos, funcionarios estatales desleales y administradores públicos corruptos". Incluso se hizo referencia a la masonería, destacando que "investigaciones recientes han revelado la presencia de miembros de Cosa Nostra en las logias de Palermo y Trapani, por no mencionar el papel clave que desempeñó Michele Sindona a finales de la década de 1970 en los contactos entre los instigadores de los golpes de Estado y figuras destacadas de la mafia siciliana".

En resumen, a principios de los años noventa, ya era evidente que las mafias estaban perfectamente insertas en un sistema criminal integrado.

Pero en lugar de avanzar en esta dirección e intentar dar rostro a los "titiriteros", volvemos a la trivialización y a decir: "¡Fue la mafia!". ¿Y si hubiera sido "el Estado-mafia"?

*Foto de Portada: Antimafia Duemila

*Foto 2: Giorgio Napolitano © Imagoeconomica

*Foto 3: Paolo Bellini

*Foto 4: Chiara Colosimo © Imagoeconomica

*Foto 5: Roberto Scarpinato © Paolo Bassani