Domingo 18 Enero 2026

En Via D ‘Amelio, 33 años después de la masacre

Frente a Salvatore Borsellino, mirándolo fíjamente a los ojos, uno ve a su hermano Paolo. Hay en su rostro, huellas del extinto magistrado. Quizás precisamente su mirada. Quizás, esa mirada de ternura que tenía Paolo, y que se sigue observando en su hermano Salvatore. Han transcurrido 33 años de aquella apocalíptica jornada dominical calurosa en extremo. Han transcurrido 33 años, pero los ojos de Salvatore Borsellino ya no tienen solo ternura, tienen desazón. Llevan consigo el inconfundible dejo de la desesperanza, porque minutos después de hacerle una pregunta directa sobre la memoria de su hermano, sobre una nueva conmemoración allí en Vía Mariano D’Amelio -frente a la entrada número 21 del conjunto de bloques de apartamentos de esa zona Palermitana- el pasado sábado 19 de julio de 2025, me hubo dado una respuesta no menos directa, y en extremo preocupante.

“Mira, desafortunadamente después de tantos años he perdido la esperanza de ver personalmente el resultado de esta lucha”

Estoy parado frente al hombre que dos días antes del 19 de julio de ese 92’ había hablado por teléfono con su hermano -y sería la última vez- a sabiendas de que Paolo no era el mismo desde la muerte de su amigo y colega, y compañero de lucha, Giovanni Falcone, el 23 de mayo en Vía Capaci; a sabiendas que seguramente que el próximo objetivo elegido por Cosa Nostra sería el; a sabiendas de que su vida pendía de un hilo. Un hilo que se rompió ferozmente con el uso de 90 kilos de tritolo ubicadas en un automóvil que explotaron a las puertas mismas del edificio en el que vivía su madre a la cual iba a visitar, en medio de un contexto laboral y de incertidumbre indescriptible, a juzgar por las internas de las investigaciones sobre Cosa Nostra que llevaba adelante él personalmente, y que en particular se agudizaron después del atentado a Falcone, porque apuntaban a revelar nexos y vínculos entre mafia y Estado, con pelos y señales.

Regreso a julio de este 2025 y me veo frente a frente a Salvatore, el fundador y alma mateur del Movimiento Agenda Rojas quien me concede su precioso tiempo para hablarme de su hermano y en defintiva de su lucha. Una lucha que él personalmente lleva adelante sin contemplar que ya está entrado en años y sin dejarse amilanar por su tristeza, que es otro componente de su microuniverso; esa tristeza que también se hace visible en sus ojos, y que mucho emociona a quien lo percibe.

“Mi esperanza hoy son los jóvenes, porque ellos pueden cambiar las cosas en este país, porque de nuevo se está viendo, desafortunadamente, que este gobierno es un régimen enmascarado bajo una supuesta democracia. Por lo cual es necesario rebelarse de todas las formas posibles a este estado de cosas, cosas que hoy son mucho peores que antes”

Saver toda la verdad sobre las masacres de Via Capaci y de Via D’Amelio es el más delicado de los temas, tanto o más como todo lo que concierne al paradero de la Agenda Rosa que le fuera hurtada del portafolios del magistrado, después de que éste efecto personal de Borsellino le fuera sustraído del lugar mismo de la tragedia por un oficial de Carabinieri; una sustracción (de un portafolios conteniendo una agenda con datos reveladores y comprometedore) mucho sugiere a todos y cada uno de los ciudadanos de los cuatro puntos cardinales, de una Italia literalmente erosionada por la mafia, por una malignidad de Cosa Nostra sin límites junto a la de sus asociados entre las sombras, apoltronados y protegidos todos ellos, dentro de las entrañas mismas de las instituciones, socavando -a veces descaradamente y otras sutilmente y cínicamente- todos los caminos viables para desentrañar , pero sin tapujos ni despistes, y mucho menos hipocrecías, todos los mas inimaginables entuertos y suciedades propios del poder criminal, abrazado al poder político de turno.

Todos con el solo cometido de enturbiar todas las verdades habidas y por haber sobre todas las aristas de un nudo gordiano llamado mafia-masonería y servicios secretos, que comprende indiscutiblemente al sistema político italiano y al Estado en sí mismo, al parecer con el objetvo de dejar que la democracia (que se estima vigente e impoluta) se despeñe en caída libre por el precipicio de la desidia y del más inmoral de sus destinos, como país fagocitado por el crimen; ese crimen añejo que se llama mafia, y que culturalmente ya es una suerte perniciosa de ingrediente de la identidad histórica de la Italia de hoy, como lo ha sido siempre, con un nivel de naturalidad tal, que da pavor y es escandaloso. Y ahí es cuando uno comprende llanamente las palabras, es decir, el pensamiento vivo de un hombre como Salvatore Borsellino.

“Pienso que desafortunadamente esta falta de verdad viene a consecuencia de la falta de voluntad de llegar a la verdad. Los que hoy gobiernan nuestro país desafortunadamente son los mismos que han aprovechado las masacres para cambiar el equilibrio en nuestro país y para llegar al poder en nuestro país. Por lo tanto solo nos queda rebelarnos para cambiar esto”.

Son expresiones, las de Salvatore Borsellino que tienen cimientos muy fuertes; los cimientos que se construyeron con lágrimas y lágrimas de dolor y de rabia al ver a su hermano y a sus custodias despedazados; al ver al juez Falcone y a su esposa y a sus custodias, igualmemte desmenbrados; al ver, durante su infancia y la de sus hermanos, entre ellos el mismo Paolo, que su país vive desde hace bastantes años una más que desenfrenada carrera meteórica para llegar a la cúpula misma del éxito mafioso, lográndolo, desafortunadamente; al ver que otros jueces como su hermano, periodistas , políticos, sacerdotes y hombres y mujeres y niños, sucumbieron recurrentemente bajo las letales garras de la vlolencia criminal; violencia criminal ejercida por las organizaciones mafiosas siendo la maestra de ceremonias Cosa Nostra, en sociedad con elementos del Estado , de la masonería y de poderes (o mentes refinadas) operando con otras organizaciones criminales no menos añejas: la ‘Ndrangheta, la Camorra napolitana, o la Sacra Corona Unita.

Es entonces, o nos fue para nosotros, una vez más, un testimonio dramáticamente enriquecedor el de Salvatore Borsellino. Sus palabras, de un ya anciano, lo reafirman como un hombre íntegro que no ha estado, ni está, ni estará dispuesto a bajar los brazos en su lucha, que también es nuestra; y que él nos la pondera y nos la alienta, lo que nos honra sinceramente, porque sus palabras son el sentimiento vivo de un hombre en pura y valerosa resistencia; una resistencia sin medias tintas que nace y se desarrolla y crece, hoy por hoy, con la sola confianza y esperanza en los jóvenes.borselinojovenes2

Antes de despedirnos con un muy emotivo abrazo pregunté a Salvatore Borsellino qué le diría en la cara al ex Coronel Mario Mori, uno de los principales magos negros de todo este entramado mafioso circundándonos. Sus duras palabras no se hicieron esperar: “Mori quiere que sus enemigos mueran. Por eso yo quiero seguir viviendo, esperando verlo morir a él. Espero que suceda pronto, porque una persona como él está detrás de todo lo malo que le sucedió a nuestro país”.

Esa su más que coherente respuesta también es la nuestra.

*Fotos: Antimafia Dos Mil.