“Voy a trabajar, de sol a sol, para ser su presidenta. Yo creo en un mundo con visión de mujer”
 
Por Jean Georges Almendras-20 de enero de 2022

A la edad de 60 años, conocida mundialmente hace 20 años como la candidata a la presidencia de Colombia por el partido Verde Oxígeno que fue secuestrada por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ingrid Betancourt -quien permaneciera privada de su libertad por más de seis años- anunció en las últimas horas su decisión de postularse, en este 2022 que corre, para llegar a la presidencia de Colombia. En el marco de dar a conocer esa noticia ella personalmente agregó que competirá en las elecciones primarias (del próximo mes de marzo) haciendo parte de una coalición de centro – denominada Coalición Centro Esperanza- manteniéndose a distancia de los sectores de derecha y de izquierda.

Las agencias de noticias de todo el mundo divulgaron la novedad y en el curso de las informaciones aludiendo a los motivos de esa resolución, que la exhumó del pasado para participar de la vida política de su país, no tuvo reparo alguno en subrayar: “Estoy aquí para terminar lo que empecé, con la convicción de que Colombia está lista para cambiar de rumbo, para cumplir con su cita con la historia”.

La historia de su secuestro, que tuvo lugar en la región de Caquetá, el 23 de febrero de 2002, alcanzó en aquellos días un muy alto nivel mediático, desde el momento mismo en que su privación de libertad fue consumada en la zona de San Vicente del Caguán, hasta el día en que fue rescatada por las Fuerzas Armadas (junto a otras personas, 14 en total), el día 2 de julio de 2008, en el marco de una operación (“Jaque”) que fue planificada con antelación por la inteligencia colombiana, y que resultó impactante, dadas las características de la acción, que si se quiere, hasta tuvo ribetes cinematográficos.

Ingrid Bentancour regresa a la politica colombiana 2

Desde aquellos dramáticos días, hasta hace algunas horas atrás, todos en Colombia sabían que Betancourt permanecía distante de la vida política de su país, residiendo en Francia, y bajo ningún concepto -transcurrido un prolongado lapso- alguien habría sospechado su retorno a las arenas políticas, dado que en todos estos 20 años su perfil mediático no tuvo relevancia alguna, manteniéndose sumergida en un muy bajo -casi nulo- perfil de actividad pública. Lo único relevante, al cabo del poco tiempo de haber sido liberada, fue la publicación en el 2010 de su primer libro “No hay silencio que no termine en el que relata" -con excepcional acierto narrativo-, donde narró  todo lo que le tocó vivir en los años de ser una mujer secuestrada por la guerrilla colombiana. En Francia, luego, fue autora de otros títulos. Y en el mundo, su historia, como cautiva de las FARC, fue musa inspiradora para una miniserie de TVE que se llamó “Operación Jaque”.

Pero sorpresivamente, tal como fue liberada de sus captores de las FARC, la excandidata en este 2022 que da inicio, dio a conocer sus intenciones, porque según afirmó a los medios internacionales “quiero ser la presidenta de los colombianos para asegurarme de que la riqueza del país irá a los niños y a los jóvenes”, afirmando además que por décadas “Colombia sólo ha tenido malas opciones, extrema derecha o extrema izquierda, pero ahora ha llegado el momento de tener una opción centro. Voy a trabajar desde este instante sin descanso, de sol a sol, para ser su presidenta. Yo creo en un mundo con visión de mujer”.

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Se ha informado que sus oponentes en las elecciones primarias serán el expostulante a la presidencia Sergio Fajardo, los exministros Juan Fernando Cristo y Alejandro Gaviría, el senador Jorge Robledo y el exsenador Juan Manuel Galán. También se ha consignado que de resultar triunfante en estas elecciones internas estará plenamente habilitada para postularse a las elecciones nacionales del día 29 de mayo, siendo que, hasta la fecha, resulta ser el favorito el exalcalde de izquierda Gustavo Petro.

La ciudadana colomba-francesa Ingrid Betancourt en diálogo con periodistas también ha recalcado que su objetivo de llegar a la presidencia es “para romper las cadenas que por décadas han mantenido al país en la corrupción y la violencia”.

Por obvias razones, desde que se supo la noticia de su postulación le llovieron las preguntas, o mejor dicho, ella personalmente puso especial énfasis en darse a conocer, en toda su extensión (quizás como forma de ya ir haciendo carrera electoral), capitalizando así, muy oportunamente, su iniciativa de romper el silencio. Ella dijo una y otra vez que en el contexto de sus explicaciones a la opinión pública sobre su candidatura reclamaba “los derechos de los 51 millones de colombianos que no encuentran justicia, porque viven en un sistema organizado para garantizar la impunidad. Nos vamos a unir y transformar a Colombia desde adentro, desde nuestras entrañas, desde nuestras emociones, con nuestra fe en Dios. Vamos a aprender de nuevo a ser ciudadanos libres”.

Uno de los pilares de su decisión de hacer parte de la carrera presidencial, explicó, fue el dilema “entre seguir mirando las cosas desde la barrera o arremangarse la camisa y ponerse donde se pueda ayudar”

No hubo diario o medio de comunicación colombiano y extranjero que no le preguntara sobre las acusaciones que por años se lanzaron en su contra con calificativos tales como de “buscar beneficios políticos” y en tal sentido puntualizó que volvió “para reclamar una democracia real, para luchar por su familia extendida que son todos los colombianos”.

Pero hay un tema que ha sido siempre como una sombra instalada sobre la historia de su secuestro, y es el que alude a una indemnización que deberán pagarle a su hijo las ya desaparecidas FARC por el daño que le causaron a él (al secuestrarla). Dijo que la indemnización alcanza a los 36 millones de dólares, según un reciente fallo de la justicia de los Estados Unidos.

“Nos hemos acostumbrado a pensar que pedir justicia es abusivo y es indecente. Yo he venido hoy a exigir que se indemnice, se compense y se repara a cada hijo, a cada hija, a cada padre, a cada madre, de todas las familias víctimas del conflicto”, expresó Betancourt.

Cabe consignar que el hijo de Betancourt, Lawrence Delloye interpuso unan demanda en un tribunal estadounidense el 28 de junio de 2018, contra 14 miembros, dirigentes de alto nivel operativo de las FARC, y que la corte determinó que su hijo había sufrido “angustia emocional significativa” debido al prolongado cautiverio de su madre. 

A todo esto, Ingrid Betancourt, quien también en el 2010 bosquejó un pedido de indemnización al Estado colombiano, por no garantizarle su seguridad en ocasión del episodio en que se produjo su secuestro, dijo que ante críticas que se hicieron públicas por ese pedido, no siguió adelante con el planteo.

“Me acusaron de haber sido ingrata, oportunista, codiciosa, por haber pedido que se me reconocieran los derechos que la ley colombiana había establecido para proteger a las víctimas del terrorismo. Pero es que el sistema de corrupción que impera en nuestro país solo les reconoce los derechos a los bandidos”, fue el comentario que hizo a los periodistas en una de las conferencias de prensa que concedió recientemente.

¿Será un acierto su regreso a las arenas políticas de Colombia, donde el panorama de violencia no parece haberse diluido, y donde la vida política presenta facetas mucho más complejas que hace 20 años, al menos en apariencia? ¿Será una decisión que aportará esperanzas o que en contrario acarreará más desarmonías que pacificaciones? ¿Será un desafío personal suyo, o quizás un planteo pensando en el colectivo, transparente y honesto? 

A estas horas, sobre Colombia, sobre este hecho puntual, estoy seguro que se ciernen las dudas con la misma intensidad que se ciernen las incertidumbres, contrastando públicamente, con los apoyos que se le pueden estar dando a Betancourt. 

Las especulaciones políticas, a su alrededor, de hecho, comenzarán a emerger, una vez más. Ahora quienes las secuestraron (las FARC) viven otro momento histórico, y no creemos que desde su seno se dibujen hacia ella odios o rencores, porque bien lo ha dicho ella misma, por décadas Colombia ha estado encadenada por la corrupción y la violencia.

¿Podrá Ingrid Betancourt ser una esperanza para el entrañable pueblo colombiano? Los hechos nos darán las debidas respuestas. No hay otra, habrá que esperar pacientemente para saber a ciencia cierta si este regreso dará frutos o dará sinsabores.

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*Foto de portada: La Tercera

*Foto 2: La Tercera / Imagen de Ingrid Betancourt en cautiverio, difundida por las FARC

*Foto 3 de: RCN radio / Ingrid Betancourt, al momento de su liberación

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