Agrotóxicos, megaminería y explotación en Argentina. La lógica del desastre
 
Entrevista exclusiva para Our Voice al doctor en biología Argentino Guillermo Folguera

Por Leandro Gómez y Andrés Volpe, desde Argentina-8 de enero de 2022

Se viven tiempos funestos en la administración de Alberto Fernández: con el país prendido fuego literalmente, con la ley de humedales en el cajón, con las protestas en la costa atlántica por la reciente noticia de la explotación petrolera, con el escándalo social en Chubut por la zonificación minera y con el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Juan Cabandié, haciendo comentarios erráticos sobre el manejo del fuego. Un cóctel explosivo de alto impacto social. En medio de este contexto, pudimos entablar un diálogo con el biólogo, filósofo, activista e investigador del CONICET, autor de 'La Ciencia sin freno', Guillermo Folguera, en el marco de una charla abierta 'Ciencias, evidencias y políticas públicas' que se realizó no hace muchos meses. Folguera, como es de costumbre, nos expuso el proceder del modelo corporativista y la tendencia hacia la engañosa transición verde. Un camino que tiene como único destino, la destrucción de los ecosistemas.

-¿Cuál es el mundo corporativo que existe en Argentina detrás de todo lo que es el agrotóxico y el monocultivo?

“Yo creo que lo que se montó en Argentina, es una lógica que obviamente prioriza la productividad a muy corto plazo, y que, de alguna manera, reproduce algo que fue muy discutido décadas atrás, de si Argentina debía diversificar la matriz productiva o quedarse con un par de productos. Entonces, hoy tenemos toda la apuesta a dos o tres productos o tres o cuatro, maíz, trigo, soja, oro, plata, intentaron con salmones, litio, pino y eucalipto. En ese conjunto de nombres propios, se intenta incrementar esas productividades a cualquier costo, que en general se consigue mediante algún tipo de intervención química, sin que importen las consecuencias asociadas. Y las consecuencias en ese sentido son muy dramáticas. Son consecuencias de tipo sanitarios en términos de salud, son consecuencias sociales en términos de desigualdad social, éxodo rural y de pequeños poblados, contaminación ambiental, tanta contaminación química, desechos, niveles de desforestación inéditos, aumento en sequias e inundaciones, pérdida de la diversidad de la matriz productiva, en este sentido, dependencia con ciertos productos. Esto es todo un cóctel de varios ejes que están fuertemente asociados. Hasta que no rompamos esa lógica y no se comprenda que esta obtención acelerada de Argentina y festejar los millones de toneladas de algo, lejos de ser una buena noticia no es más que la reproducción de una lógica que simplemente está tomando un aspecto de la realidad cotidiana, evidentemente no se va a poder cambiar y alterar este esquema general donde los agronegocios son su máxima expresión”.

-Con respecto a estos grupos económicos que están haciendo lobby, ¿quiénes son y por qué siguen trabajando y profundizando este modelo?

“Lo voy a poner a modo de ejemplo. Cuando se discutía porque la ley de humedales no se aprobaba en Argentina, se manifestó la acción de lobby en ese contexto de cuatro grupos. El agronegocio, la megaminería, la extracción de litio y el negocio inmobiliario. Cuando se analizan las causas de los incendios, aparecen los mismos actores, agronegocios, sectores ganaderos, negocios inmobiliarios. Cuando se analiza el por qué de la expulsión de pueblos originarios, aparecen los mismos actores. Evidentemente el lobby de todo este sector es muy grande, y no solo en el sentido que se impulsen proyectos, es un lobby que bloquea la aprobación de leyes, que reproduce la aprobación de otras, que hace que ciertas leyes que están implementadas no se cumplan. Entonces está la ley de bosques y el Chaco nunca perdió tanto bosque como desde el 2010 hasta acá. Está la ley de fuego, y los focos de incendio no frenaron, los metros en fumigaciones es algo que solo excepcionalmente se cumple. Se trata de un lobby muy importante porque además es parte de una alianza gubernamental y empresarial, que no está abriendo el juego a la discusión de las comunidades. Y como hablábamos antes que es una lógica muy cortoplacista y súper productivista, impone una agenda y concibe todos los daños que vemos cotidianamente apenas como daños colaterales y circunstanciales”.

-En relación a lo que está pasando ahora, a la tendencia de la alimentación basada en plantas, ¿cuál es tu opción al respecto de que las corporaciones terminan utilizando las etiquetas del veganismo, por ejemplo, como una especie de 'greenwashing'?

“Las corporaciones intentan usar todo para reproducir. Así como intentan el veganismo, intentan la agroecología. Con esto no estoy diciendo que toda agroecología sea 'greenwashing', lo que estoy diciendo es que muchas de las multinacionales que impulsan los agronegocios, en paralelo se están derivando a intereses productivos de otro orden. Va a haber un intento muy marcado del sistema, de intentar lavar su cara y de hacer como que las cosas cambian para que todo siga igual. Va a depender de nosotros de no aceptar eso y de que el cambio sea estructural. Impone una radicalidad la solución, solo comparable con la radicalidad y el drama del momento que estamos viviendo”.

-El sistema capitalista se adapta para seguir existiendo y siempre busca la manera. Estamos transitando una 'transición ecológica', principalmente en el primer mundo que lo está impulsando. ¿Esto acaso no es una profundización más, hacia el modelo de consumo actual, pero con etiqueta verde?

“Hasta que no cambie la forma de producción y no se dejen de cambiar nombres propios, como por ejemplo la sustitución del petróleo por litio, no habrá una solución. Es una locura que Bolivia, Chile y Argentina sostengan el cambio energético del primer mundo. Por eso es muy importante dar una discusión más estructural y comprender que el cambio climático no es solo emisiones de carbono, sino que tiene que ver con niveles de desigualdad social y destrucción socioambiental que ocupan escalas de vidas locales y regionales también desde nuestros países. No es lo mismo una plantación de pino que un bosque nativo, por más que el carbono que absorba sea el mismo. Entonces efectivamente hay que dar una discusión muy grande en relación a la forma de producción. Yo insisto con un triángulo que es: desigualdad social, forma de producción y destrucción de la naturaleza no son tres problemas, es el mismo”.

-Es muy importante el cambio cultural, y quién tiene la posibilidad de elegir qué consumir y qué no. ¿Es fundamental para ese proceso de cambio que queremos?

“Si. El cambio de nuestra cotidianeidad, tanto en la forma de consumo, de alimentación, en la forma de cuidarnos es clave y va a obligar un desplazamiento particular, que yo creo que ya se está dando, muy dramático. Siempre recordando que la salida es de las comunidades. No será la lógica individual la que nos saque de esta situación. Comprendiendo, por lo menos me parece a mí, que esta radicalidad de la que hablábamos antes, está en juego. Por más que me digan por ejemplo que yo puedo cultivar, de hecho, tengo una pequeña huerta en mi casa, yo soy consciente que el agua que consumo es un agua colectiva y soy consciente de que, si me enfermo, de poco va a servir que compre bolsones orgánicos. Tiene que haber una comprensión de las diferentes aristas del problema, y que la solución, es una solución estructural en donde las cuestiones individuales van a tener que ir cambiando, para que la salida, sea colectiva”.

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Foto de portada: Leandro Gómez / Our Voice

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