Como diputado del FIU asumirá banca el 10 de diciembre, representando a la provincia de Jujuy
 
Por Alejandro Diaz-17 de noviembre de 2021

Jujuy no es una provincia pobre, no es una provincia marginada, no es una provincia gobernada por el bipartidismo. Jujuy, no es ni radical ni peronista. 

Jujuy, no es una provincia. Jujuy es un feudo.

Un feudo gobernado por una oligarquía ungida de violencia política, racial y clasista. Una oligarquía esclavista. Una oligarquía blindada judicial y mediáticamente. Una oligarquía acusada por crímenes de lesa humanidad. Jujuy es el feudo de los Pedros Blaquier. O al menos, lo era.

Alejandro Vilca, ocupará a partir del 10 de diciembre una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, banca a la que accedió con más del 25% de los votos, dentro de la lista del Frente de Izquierda. Alejandro Vilca, puede ser definido de muchas maneras, pero lo más acorde sería decir que es un obrero. Un obrero que a fuerza de militancia logró ingresar al ámbito institucional, respaldado por el voto democrático del pueblo. Ya en 2017, había accedido a una banca en la Cámara de Diputados de la provincia. 

Nació en San Salvador de Jujuy, es coya, hijo de madre soltera, y compartió su sacrificio y su pobreza junto a sus cinco hermanos. Desde pequeño, se involucró en la economía familiar, en un marco lamentablemente cultural, de informalidad laboral y precarización, que son el eje del sistema de explotación en el que está sumida la provincia, donde hasta el día de hoy, en particular en las zonas de los complejos azucareros, se visualiza trabajo en situación de esclavitud y trabajo infantil. "Hay nenes que trabajan en las tierras de las grandes tabacaleras. La desocupación del 40% y la precarización laboral del 50% es el contraste de los miles de millones de dólares que manejan Blaquier y las multinacionales mineras", declaró Vilca al diario El Ciudadano.

Durante la adolescencia, se instaló transitoriamente en la provincia de San Juan. Allí siendo obrero, con mucho esfuerzo, inició estudios en la facultad de arquitectura. En estos espacios fue donde conoció la filosofía del obrero e incursionó en las filas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), una de las ramas que componen el Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT). En 1997, durante la crisis social creada por el menemismo, Vilca regresó a Jujuy para cubrir las manifestaciones y los piquetes, que se estaban llevando a cabo en la provincia. Esta experiencia sería determinante para retomar el contacto con su tierra, con su gente, con la realidad del feudo que lo vio nacer. 

Se radicó nuevamente en San Salvador, y luego de algunos meses se integró a la masa laboral del municipio. Desde allí, participó activamente de las asambleas y de las reuniones que luchaban ante la precarización laboral, que el propio Estado imponía sobre sus empleados. Como consecuencia de esto, fue sancionado, y enviado a formar parte de las cuadrillas de recolectores de residuos que trabajaban en el Alto Comedero, el barrio más pobre de la capital jujeña. Un barrio lleno de historias de marginalidad, explotación y abandono. Desde este lugar, de obrero y militante, Vilca luchó junto a sus compañeros hasta conseguir que el municipio los reconociera dentro de la planta permanente, como se conoce a la formalidad laboral en los ámbitos del Estado argentino. Durante 15 años sostuvo esta rutina: recoger basura y formar legalidad. 

Vilca, es uno de los tantos obreros que se formaron democráticamente en los espacios de asambleas, que nacían en los márgenes del gobierno neoliberal y terrorista de Carlos Menem. Espacios, donde los ideales comunitarios encontraron lenguas en los discursos de la izquierda clásica y en el resurgir de la identidad de los pueblos originarios. Espacios democráticos, que a principios del milenio fueron reconocidos por un gobierno que supo dar socialmente, lo que negó institucionalmente, puesto que las organizaciones sociales proliferaron en su accionar, pero no lograron infiltrar el grueso entramado de pactos políticos de gobernabilidad entre los partidos tradicionales, que sostienen, hasta el día de hoy, a los mismos representantes y punteros políticos que sirven a las grandes patronales nacionales y, cada vez más, extranjeras. 

Esta negación a la institucionalización por parte de los partidos hegemónicos, que ante el cambio de gestión borró con el codo lo escrito con la mano, demuestra que la proliferación de derechos sin la deconstrucción de los sistemas de corrupción e impunidad estructurales, no son más que castillos de naipes.

Preguntado sobre Milagro Sala, la líder de la Túpac Amaru, y su relación con el gobierno kirchnerista, Vilca contestó: "Sala comandó un gran movimiento de desocupados. Pero ese fenómeno generó que su organización maneje una gran suma de dinero y termine naturalizando el trabajo precario (...), sin embargo, entendemos que el expresidente Mauricio Macri y el gobernador Gerardo Morales la usaron para ir contra la protesta social. Su detención es ilegal".

Ante el reciente triunfo electoral, declaró en el programa radial La columna vertebral: "Fue nuestra tercera elección. En 2013 quedamos a mil votos de obtener diputados y lo mismo ocurrió en 2015. En Jujuy hay un piso proscriptivo del 5% del total del padrón. Es una ley hecha a medida de radicales y peronistas que tienen grandes aparatos y siempre pueden obtener cargos, pero la izquierda ha comenzado a crecer con mucha fuerza en el movimiento obrero, la juventud y el movimiento de mujeres". En esta ocasión, Vilca recibió uno de cada cuatro votos en la provincia.

Hoy, Alejandro Vilca representa la institucionalización de aquellos movimientos sociales, que resistieron la etapa militar y la etapa neoliberal de la dictadura. Alejandro Vilca, representa la etnia argentina que no descendió de los barcos. Alejandro Vilca, representa a la clase que no se vendió al Fondo Monetario Internacional. Hoy, Alejandro Vilca representa un camino a la República. Y pese a que celebramos este triunfo, no caemos en las mezquindades de considerar que un opositor representa la democracia. La democracia será cuando los terroristas de Estado, militares y civiles, estén condenados y presos. La democracia será cuando aquellos que abonaron la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, estén condenados y presos. La democracia será, cuando los gobernantes elegidos democráticamente, descalcifiquen los archivos secretos y levanten la censura que pesa sobre los funcionarios que realizan tareas de inteligencia. La democracia será, cuando el clientelismo político no rija sobre la soberanía del pueblo, sea este etnográficamente originario o no. La democracia será, cuando los nichos de corrupción dentro de las bandas narcopoliciales sean desarticuladas. 

La democracia será, cuando caigan, de una vez por todas, los sistemas feudales.

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*Foto de portada: laizquierdadiario.com

*Video de laizquierdadiario.com

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