Lo mató una bala expansiva; su familia desesperada exige justicia
 
Estallan las primeras protestas en Palestina
 
Por Karim El Sadi-27 de julio de 2021

Israel vuelve a asesinar menores en Palestina. Tras la ofensiva "Guardián de los Muros" que mató a 67 niños en once días de intensos bombardeos en la Franja de Gaza (una de cada cuatro víctimas de las bombas israelíes fue un menor), unas semanas más tarde, otro joven termina en la lista de la muerte sionista. Se llamaba Mohammad Mounir Tamimi y era primo de la joven activista Ahed.

"Mohammad salió anoche completamente vestido para celebrar el Eid" (fiesta religiosa de los musulmanes, ndr), dijo la familia pidiendo justicia, cuando los soldados del ejército de ocupación israelí, que habían asaltado la aldea de Nabi Salih, al noreste de Ramallah, abrieron fuego contra los jóvenes, hiriendo a Tamimi en el abdomen. Fue asesinado por una bala tipo “Dum-Dum”, una bala expansiva, considerada un arma prohibida según las convenciones internacionales, ya que fue diseñada para expandirse dentro del cuerpo del objetivo, aumentando así la severidad de las heridas. El proyectil, de hecho, entró por la espalda y salió por el pecho, devastó los pulmones, la vejiga, el estómago y un riñón del joven. La prisa para llevarlo a la sala de emergencias fue inútil. Mohammad murió a las pocas horas en el hospital "Mártir Yasser Arafat" de Salfit.

Mientras tanto, la ira crece en Palestina, con manifestaciones en algunos pueblos como Beita, cerca de Nablus, en las que se concentraron cientos de manifestantes. El funeral tuvo lugar esta mañana. Hay un video muy conmovedor, filmado por algunos de los presentes que muestra a los hermanos, primos, amigos y compañeros de escuela del joven. Todos los que, antes de la sepultura, le dieron su último adiós a Mohammad, de solo 17 años. Lo besaron en la frente, uno tras otro, según la cultura de Oriente Medio, lo acariciaron, lo abrazaron, mientras lloraban de incredulidad. Rostros pequeños, perdidos y desconcertados.

¿Qué vacío deja el joven Mohammad? ¿Cómo crecerán los otros niños? ¿Qué desencadenará en ellos este asesinato? ¿Qué será de su futuro? ¿Qué secuelas dejará en ellos mañana? ¿Deseo de venganza, resistencia, trauma? ¿Y qué será de su familia, ahora devastada por el duelo?

Son preguntas que nadie puede responder. Estas imágenes son imposibles de comentar, pero lamentablemente, no son nuevas. En Palestina se asiste periódicamente a escenarios similares, la población está casi acostumbrada a vivirlos. Se rebela, protesta, pero le cortan las piernas porque la comunidad internacional no interviene. Y la Autoridad Nacional Palestina que, como tal, debe servir a los intereses de su pueblo, no toma medidas para exigir justicia.

Desde Europa se escuchan algunos reclamos, tímidos signos de advertencia contra Tel Aviv, y luego todo vuelve al silencio. Los colores del gobierno israelí no tienen nada que ver con eso, ya sean los de extrema derecha fascista como el ejecutivo de Netanyahu, o de la centroderecha, como el actual de Naftali Bennet, los palestinos siempre han padecido, desde 1948, la sistematización del crimen y el abuso, y la indiferencia del mundo.

En qué país democrático, como pretende ser Israel, las fuerzas militares realizan redadas a altas horas de la noche, en días festivos, para aterrorizar, detener y asesinar a la población civil. Y en este caso, menores de edad. Lo indignante, además de la violencia extrema e institucionalizada, es el hecho de que no se levanta ninguna potencia mundial contra el gobierno israelí, mientras que, en Cuba, por hacer una comparación reciente, por mucho menos se pide una intervención militar extranjera y se activan sanciones económicas.

Con el paso de las horas, otros videos de la ceremonia fueron publicados en Facebook por la numerosa prensa que asistió al funeral.

Un video muestra a la madre de Mohammad que se golpea desesperadamente el pecho con una mano, mientras sostiene la fotografía de su hijo asesinado con la otra. El otro hijo, más pequeño, se acerca a ella, sus ojos azules enrojecidos por las lágrimas. Ella lo toma y lo abraza con fuerza, como para asegurarse de que no se vaya y también la abandone. "Este no es mi primer hijo asesinado por los sionistas", dice la mujer, entre lágrimas, a las cámaras: "Arrebataron a un niño de los brazos de su madre y su padre".

La escena es dramática. Se dice que la naturaleza quiere que los hijos entierren a sus padres. Pero no aquí, no en Palestina.

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*Foto de portada: © Quds News Network

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