Papa Francisco
 
Papa Francisco a integrantes de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas
 
Por Andrés Volpe, desde Argentina-2 de julio de 2021

La gran jungla económica mundial se desayunó con una nueva idea a mediados del 2020. “El Gran Reinicio”, una propuesta del Foro Económico Mundial (FEM) para reconstruir la economía de manera “sostenible” tras la pandemia de COVID-19, teóricamente, por los fuertes indicadores de pobreza que aumentan en el globo terráqueo, acentuados por un cambio climático sin precedentes. Sus promotores, Carlos, el príncipe de Gales y Klaus Schwab, lo proclamaron con bombos y platillos el 21 de enero del 2021, donde se reunió toda la élite financiera, tecnológica y política mundial. El lugar del encuentro fue en la ciudad de Davos, Suiza. Mientras dicha receta mágica promete recursos económicos para todos, la plana empresarial sigue jugando al burro con la zanahoria, con la clase obrera y la politizada redistribución de la riqueza cada vez que se pone en primer plano, y aparece más dispar.

“Uno esconde cuando no tiene la conciencia limpia”, expresó el Papa Francisco ante la ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas). Consideró y analizó el rol de las pymes y a su vez afirmó que “en los últimos decenios, la economía engendró las finanzas”.

El poco tiempo que Francisco expuso ante la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) sirvió para reafirmar la postura ya conocida del sumo pontífice en materia de bienestar social: “hay que invertir, no esconder la plata en paraísos fiscales”, expresó en un mensaje grabado, abriendo el encuentro anual de la organización que nuclea a grandes firmas nacionales y extranjeras.

Con esa contundencia, el Papa Francisco analizó el papel de las pymes, cuestionó las finanzas y pidió por más producción y trabajo. Como era de esperarse, muchos de los participantes que se expresaron tuvieron posturas encontradas al planteo de Francisco

Como comienzo de su discurso el sumo pontífice expresó: “la mirada cristiana de la economía y la sociedad es distinta a la mirada pagana, ideológica. Y la construcción de una comunidad justa económica y socialmente la tienen que hacer todos, sindicalistas y empresarios, trabajadores y dirigentes”, y agregó además: “tenemos que ir por el camino de la economía social. Seamos realistas, la economía en los últimos decenios engendró las finanzas. Y tienen riesgo de terminar como la cadena de San Antonio, que creemos que hay mucho y no hay nada. Una inflación de negocios mediáticos. Hay que volver a la economía de lo concreto. Y lo concreto es la producción, el trabajo, las familias, la patria, lo concreto”.

Seguidamente, Francisco afirmó: “en una sociedad donde haya márgenes de pobreza muy grande, uno se tiene que preguntar si la economía es justa o social, o busca intereses personales. La economía es social. Para generar empleo es importante el poder de las pymes, porque de abajo viene la creatividad, siempre. La pandemia nos llevó a esto, donde falta empleo”.

En otra parte de su discurso apuntó directamente al corazón del poder económico: “hay que invertir en el bien común, no esconder la plata en los paraísos fiscales. Saber invertir, no esconder. Uno esconde cuando no tiene la conciencia limpia, o cuando está rabioso. Todos sabemos, eso que se dice en el campo que cuando la vaca no da la leche algo le habrá pasado que esconde la leche. Cuando escondemos, es porque algo está funcionando mal. Claridad, transparencia y producción… invertir”.

Cerrando su ponencia, el Papa consideró: “es muy difícil construir sin confianza social. Esos grandes acuerdos de grandes empresas, grandes inversores, lo firman al acuerdo, y cuando están brindando hacen otro acuerdo por debajo de la mesa. Nunca traicionar la confianza”.

Sus expresiones cayeron con ganas de pocos amigos, repercutiendo más en el ámbito de la privacidad de los canales de comunicación empresarial. Uno de los planteos que trascendió fue el del economista de la Universidad Austral Roberto Vassolo, que a poco de hablar el Papa expresó: “el derecho de propiedad está prácticamente abolido en Argentina, en los últimos 20, 30, 40 años cada repartición fue agregando impuestos”. Y agregó que, por esto, “ese diseño nos obliga a la gran mayoría a navegar con un pie en la formalidad y otro en la informalidad, va contra el primer mandato creador del Génesis. Esa obligación de que las empresas tengan que tener un pie en la informalidad”.

En su fuerte discurso Francisco puso sobre el atril, la clara y primigenia enseñanza cristiana al hablarle a ellos, los mercaderes, hoy son los empresarios (con Talmudes, Rosarios o Budas), estos que acostumbran a rasgarse las vestiduras.

El mensaje no llegó en una carta, se los dijo frente a frente. Como para que dejen de hacerse los vivos.

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Foto de portada: www.laprensa.com.ar

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