georges almendrasPor su  poesía,  la dictadura cívico-militar uruguaya la destituyó como docente Por Jean Georges Almendras-29 de noviembre de 2020

Mi querido amigo Pablo Eguren, este 27 de noviembre por la madrugada, me anotició del deceso de su madre Selva Casal a los 93 años, y de hecho la mala nueva me consternó, rasgando mi rutina humana y laboral, como hace un poco más de quince años, aproximadamente, ella en persona rasgó mi rutina humana y laboral, con su calidez humana, en cada una de las muchas veces que la visite en su casa. Con cierta regularidad, aunque eran visitas circunstanciales, ella no perdía oportunidad de regalarme sus ideas y sus reflexiones. La poeta dejaba entrever su presencia de mujer sensible y atenta a los tiempos modernos, perfectamente situada para transitar por los andariveles de un presente histórico, que de hecho democrático, no impedía visibilizar que detrás de su poesía hubo una consistente, firme y valerosa militancia, para encontrar al hombre nuevo, para cambiar la sociedad, y para encontrar en el silencioso quehacer del poeta, la manera de trascender, de transmitir, su universo de tragedias y de la vida misma (intensa, por cierto), y de descubrimientos del alma,  pero sin ser indiferente al drama del hombre. 

Ella misma,  hija de un poeta (Julio J. Casal), fue tejiendo con sus acciones y sus pasos, los caminos de una poesía cuyo legado hoy atesoramos, como lo hemos hecho con los legados de muchos otros poetas, que como ella, diseminados por el planeta, nos han dado respuestas e interrogantes directamente relacionadas con la condición humana, y que nos han provocado tsunamis en nuestro microcosmos. Porque sus poemas salen y llegan al alma. Porque sus poemas se  comprometen con la vida, con la libertad y con los derechos del hombre. Porque son poesías militantes. Poemas de trinchera. De la trinchera invisible. De la intimidad invisible. Aquella que nos confronta en silencio.

Selva Casal, poeta, nacida en Montevideo, el 11 de enero de 1927, fue además doctora en Derecho y Ciencias Sociales; fue docente, escritora y ensayista. Comienzan a publicarse sus poemas en los años 50, después de salir premiado su libro de poesía “Arpa”, antesala de futuros galardones que recibió años después en Uruguay, Argentina y en México. De ahí en más, se editaron de ella cerca de 20 títulos de poesía y ensayo. Hoy, su legado es voluminoso. Certero. Dinámico. Incandescente de vida. Y como decía Javier Alvarado (en un reciente artículo de “Nueva York Poetry Review” como homenaje a su persona, tras conocerse la noticia de su partida) “la poesía de la uruguaya Selva Casal es memoria de la herida, es un remontar de imágenes y coloquios con la nostalgia. Desde su nombre fecundo, Selva, se instaura en nuestro idioma con el vértigo y la certeza de la complicidad con su tierra, sus cantos, sus sentimientos, sus sentires y fantasmas. Su tono reflexivo revela un espíritu rebelde, un jardín polisemántico o un río que se ramifica en diversos cuerpos para llegar al mar. En ella hay vibraciones ante el descubrimiento, ante el éxtasis, ante la noche de amor. Para ella  “un poema es una transgresión”. Hay que leerla, hay que conocerla desde sus múltiples poemarios y darle su lugar más allá de las fronteras de su Uruguay, donde las mujeres han tomado la palabra”.

Selva Casal fue una de las fundadoras del Frente Amplio, y del Frente Izquierda de Liberación (FIDEL) e integró el Comité Bartolomé Hidalgo, y en los días de la dictadura cívico-militar en el Uruguay fue destituida de su cargo de docente por los poemas que publicaba.

Selva Casal, sobre la sangrienta jornada en el Paso del Molino, del 8 de octubre de 1972, cuando la represión policial y militar asesinó a ocho militantes comunistas, escribió: “…ese mar/ esa llaga/ por la espalda/ con los brazos en alto asesinados/yo me afilio a este mundo/a las bocas que crecen/a los muertos que andan/ ah no sabes/ya  no mueren callados/ ya salen a las calles/ya arremeten/necesitan de la mujer y el vientre/ necesitan del hombre/en las flores de mi pared no había esto/esto digo sangre/hombres atravesados de metralla/gente y furia/porque yo venía de un país sin muerte”.

Fue uno de sus tantos poemas; uno de sus tantos escritos. Los escritos que le dieron un sello propio, un sendero propio. Una identidad. La de una mujer maravillosa que conversando con Silvia Guerra para Hispanic Poetry Reivew  recientemente se refirió a su arte diciendo que “la poesía ha sido mi militancia. Mi manera de estar en el mundo, porque la indiferencia es corrosiva. No podía mantenerme ajena en las cosas que en el país hemos vivido; algunos poemas míos que recuerdo tocan esa temática, que es como tocar el drama del hombre”.

Gracias Selva,  por tu poesía; por tu trabajo “secreto y silencioso” como tú misma lo decías, franqueza mediante.

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*Foto de Portada: www.shenandoah.com

 

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