falconegiovanni3Por Giorgio Bongiovanni y Lorenzo Baldo – 23 de mayo del 2018

El Falcon 50 contratado por el SISDE para Giovanni Falcone y Francesca Morvillo aterriza en la pista de Punta Raisi a las 17.43 del sábado 23 de mayo de 1992. Antonio Montinaro, jefe de la escolta del juez, se acerca al avión. Los otros agentes de la escolta de la policía estatal están listos frente a los tres autos blindados. Falcone y su esposa bajan la escalera. Giuseppe Costanza abre el baúl y arregla el equipaje. Luego se ubica en el asiento trasero. Falcone había decidido conducir.

Su esposa va a su lado. El Fiat Croma marrón, dirigido por Vito Schifani, abre el desfile.

Junto a él van Rocco Dicillo y Antonio Montinaro. En el medio, el Croma blanco dirigido por Falcone. Lo sigue el Croma azul guiado por Gaspare Cervello, y con él van los agentes Paolo Capuzza y Angelo Corbo. Han pasado solo diez minutos desde el aterrizaje. Los tres autos circulan a gran velocidad por la carretera que conduce a Palermo. Ninguno de los siete hombres que conforman la escolta imagina que los centinelas de Cosa Nostra han seguido paso a paso los movimientos de Falcone y su esposa, desde el momento del despegue en el aeropuerto de Ciampino hasta la llegada a Punta Raisi. A partir de ese momento los vigías continúan intercambiando mensajes codificados. En el segundo automóvil, Giuseppe Costanza le pregunta a Falcone cuándo deberá ir a buscarlo una vez que lo deje en su casa. "El lunes por la mañana" responde el magistrado. "Entonces, cuando lleguemos no se olvide de darme las llaves para que pueda irme con el auto". Y es en ese momento cuando Falcone, distraídamente, saca las llaves del tablero y se las da al custodio. "¿Qué hace? ¡Así nos vamos a matar!" dice de inmediato Costanza. "Disculpa, lo siento". Esas fueron las últimas palabras de Giovanni Falcone mientras vuelve a poner las llaves en su lugar. Faltan cinco kilómetros para llegar a Palermo. Están cerca de la salida de Capaci. Desde la colina frente a la carretera, a una distancia de unos quinientos metros, Antonino Gioè, hombre de la familia mafiosa de Altofonte, sigue con un potente par de binoculares a los tres automóviles. El momento ha llegado. "¡Vamos!" le grita Gioè a Giovanni Brusca, jefe del distrito de San Giuseppe Jato, quien tiene en sus manos el control remoto conectado a la carga explosiva colocada en el canal de drenaje ubicado debajo de la carretera. Quinientos kilos de TNT colocados en varios tambores. Pero en la fracción de segundo en que Falcone saca las llaves del tablero, el automóvil desacelera. Giovanni Brusca tiene un segundo de desorientación. "El coche bajó a ochenta o noventa kilómetros. Me di cuenta, a simple vista, que el Croma estaba perdiendo velocidad. Gioè insistió con el "¡Vamos!", pero yo estaba frenado. Estaba como embalsamado. En el tercer "¡Vamos!" accioné el control remoto y sucedió lo que debía suceder. No es que la explosión hizo "bum". Sonaba repetidamente, porque los tambores explotaron uno tras otro.

"Escuché "tututum", "tututum", "tututum". Honestamente, me sorprendió mucho". Eran las 17:56. El ataque frontal al Estado ha dado comienzo. La explosión de la bomba golpea justo en el primer auto. Vito Schifani, Rocco Dicillo y Antonio Montinaro saltan por el aire. Sus restos masacrados quedan desparramados en alrededor de un centenar de metros de distancia. El Croma de Falcone choca con el muro de tierra y asfalto que se eleva con la explosión. El impacto es violentísimo. En el tercer Fiat Croma Gaspare Cervello ve la muerte cara a cara. Está conmocionado. "Después de la gran explosión comencé a caminar cerca del cráter, en la carretera. Agarré el arma. Vino un colega y le dije: "Detente o disparo". Y él: "Soy un colega". Y yo: "Detente o disparo". El auto era una masa sin forma. Y en esa nada encuentro los ojos del juez. Me olvidé de llamarlo doctor. Le dije apenas "Giovanni, Giovanni...". Y él me miró. Sus ojos los llevo dentro de noche y de día. Me siguen, me acompañan, son parte de mí". Y son los ojos que Gaspare Cervello sigue recordando mientras su voz se quiebra. "Él se dio vuelta, pero tenía un ojo cerrado, abandonado. Todo el bloque del motor lo tenía encima. Solo la cabeza estaba libre. La doctora Morvillo estaba inclinada hacia adelante, al igual que Giuseppe Costanza. Había un principio de incendio. Lo apagamos. Del auto de mis colegas no sabía nada. Esperaba que se hubieran salvado".

El agente Cervello y los colegas que viajaban con él se salvaron milagrosamente. A su alrededor se había desatado el infierno. A pesar del poder de la explosión, Falcone, su esposa y Giuseppe Costanza siguían vivos. Francesca Morvillo había perdido el conocimiento, mientras que Giovanni Falcone intentó responder con los ojos a los estímulos de  su escolta.

Con la ayuda de los primeros rescatistas los extraen del automóvil. Para Giovanni Falcone, sin embargo, fue necesario esperar la intervención del cuerpo de bomberos, porque estaba atrapado entre las placas del auto. La explosión de los quinientos kilos de TNT formó un cráter de unos catorce metros de diámetro y tres metros y medio de profundidad. Los otros autos que estaban pasando en ese momento volcaron. Los heridos pedían ayuda. Un círculo dantesco se desplegaba ante los ojos de los auxiliares médicos. Las ambulancias se apresuraban desde los hospitales más cercanos.

El vacío

Paolo Borsellino estaba con su barbero en la calle Riccardo Zandonai. Suena el celular. Es Franco Lo Voi, un colega más joven de la Fiscalía. Borsellino tiene un sobresalto repentino y detiene el barbero. "¿Un ataque a Giovanni, a Giovanni Falcone? ¿Cuándo, dónde, cómo?". El juez corre a pie hasta su casa. Siente que el mundo se derrumba sobre él. Necesita  ver a su amigo y hermano. No tiene las llaves de la puerta. Toca el timbre. Pasa frente a su hijo Manfredi sin decirle una palabra. En casa, las otras dos hijas, Lucía y Fiammetta, se dan cuenta inmediatamente de que algo muy grave ha sucedido. Su esposa Agnese no está, salió con una amiga. Borsellino se pega al teléfono pero no habla, probablemente el número esté ocupado. En cierto punto, toda la ira explota. Incontenible. Se quita el cinturón, lo empuña por un extremo, lo golpea contra una pared y grita desesperado, rabioso: "Un atentado ... Giovanni, Giovanni ... Está herido, en el Hospital Cívico ...". En cuestión de minutos Borsellino se hace llevar al hospital. Lucía lo alcanza poco después. Fiammetta sale a buscar a su madre y Manfredi se queda en casa para asegurar los contactos entre todos. Al hospital también llega Antonio Ingroia, un joven fiscal adjunto, vinculado a Paolo Borsellino por una profunda amistad y una relación profesional desde la época de la Fiscalía de Marsala, En su mente se mantiene indeleble el recuerdo del encuentro con su amigo y colega. "Lo encontré en el hospital, apoyado contra la pared, con la cabeza gacha, la cara cansada, sin lágrimas, estaba como ... vacío". Borsellino acaba de salir por una puerta de vidrio. Es como si hubiera envejecido de golpe. Recogió el último aliento de Giovanni Falcone. Su voz revela el vacío absoluto en el que acaba de precipitarse. "Murió así, entre mis brazos". Lucia estalla en llanto. El padre la reprende diciéndole que no dé un espectáculo. Pero unos momentos después se derrumba en el mismo llanto abrazado a su hija. Detrás de ellos viene el magistrado Alfredo Morvillo, hermano de Francesca. Con Borsellino se conocen desde hace muchos años. La noticia de que también la esposa de Falcone llegó demasiado tarde es igualmente desgarradora.

Antonino Caponnetto, el padre del pool antimafia, llama a Borsellino por teléfono. Quiere saber. Está en Florencia y se prepara para venir a Palermo. "Paolo, ¿cómo está Giovanni?". En el otro extremo del hilo Borsellino llora. "Paolo ¿puedes responderme? ¿Cómo está Giovanni?" "Murió hace un minuto en mis brazos". Son las 19.07. Caponnetto deja caer el teléfono. Ha perdido a uno de sus hijos más queridos. Mientras tanto, el hospital se llena de familiares, amigos y conocidos de las víctimas y los heridos. Llegan otros colegas que se reúnen alrededor de Paolo Borsellino. Que sin la protección de Giovanni Falcone inevitablemente se convierte en el próximo objetivo. El juez lo sabe y será cada vez más consciente en los cincuenta y siete días de vida que le quedan. Borsellino está solo. A última hora de la tarde, Antonio Ingroia lo llevó a su casa. "Recogiendo los últimos suspiros de Giovanni Falcone en mis brazos" dirá más tarde, "pensé que se trataba de una cita pospuesta ...". Así comenzó la cuenta atrás.

La percepción del final

Desde el 23 de mayo en adelante hubo una serie de señales inequívocas alrededor de la figura del juez. Paolo Borsellino comienza a ser perfectamente consciente de la particular sobreexposición en la que se encuentra. Su fuerte aprensión hacia sus colegas se consolida día tras día. "Giovanni Falcone era el escudo detrás del cual podía protegerme. Muerto él, me siento expuesto y ahora soy yo quien debe hacer de escudo ante ustedes". Palabras que vuelven atrás las agujas del reloj. La cuenta regresiva apenas ha comenzado.

La carrera contra el tiempo

Al igual que en los días del maxi proceso, a la casa de Borsellino regresa la ronda de carabineros y el área protegida. En la Prefectura se estudian los movimientos regulares del magistrado durante la semana: el Palacio de Giustizia, la iglesia de Santa Luisa di Marillac y la visita a su madre en la calle Mariano D'Amelio. Los agentes de seguridad solicitan inútilmente el establecimiento de una zona de exclusión en esa misma calle. Nunca será implementada. En los años siguientes Caponnetto preguntará en voz alta si el oficial de seguridad de Borsellino alguna vez ha sufrido sanciones disciplinarias por tal omisión. Pero su pregunta aún permanece. Incluso Rita Borsellino recordará su preocupación después de la masacre de Capaci. En esos días será ella misma la que advierta a la policía de la presencia en Via D'Amelio de un automóvil abandonado con las ventanillas bajas. Pero se verá obligada a llamar tres veces antes de que una grúa se lleve el auto. La hermana del juez recordará su ansiedad por un cubo de basura dejado imprudentemente en la calle Cilea, cerca de la casa de su hermano. Pero, sobre todo, recordará la severa respuesta del juez a sus temores. "No soy yo quien debe pensar en mi seguridad, hay quienes están afectados a esa tarea".

Sobre Paolo Borsellino se cierne una enorme presión. Por un lado, el pedido de justicia de la  opinión pública que pone sobre sus hombros una tensa expectativa. Al mismo tiempo, aumenta su sobreexposición llevada a cabo por el frente político-institucional. Borsellino inmediatamente se lanza de cabeza en las investigaciones que pueden estar relacionadas con la masacre de Capaci.

Retoma los expedientes sobre sobre otros magnicidios, incluido el tramitado por el asesinato de Salvo Lima. Relee los informes del ROS sobre la mafia. Y también pide sacar de los archivos los viejos informes sobre la Conexión del Duomo, la operación que solo tres años antes había revelado la colusión entre la mafia corleonesa y la política en Lombardía. Pero no tendrá tiempo de leerlos. Según su costumbre, cada mañana Paolo Borsellino se levanta muy temprano. Durante todo el día no se separa un momento de sus papeles. Entre los cigarrillos y la lectura toma notas, busca enlaces. Y, sobre todo, piensa en las conversaciones que tuvo con Falcone, sus intuiciones, sus confidencias. Que a la luz de los acontecimientos adquieren nuevos significados. Pero él siente cada vez más que el tiempo se le escapa de las manos.

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*Extraído de: Gli ultimi giorni di Paolo Borsellino (Los últimos días de Paolo Borsellino)
© Shobha

 

falconegiovanni1Por Giorgio Bongiovanni – 23 de mayo del 2018

Han pasado veintiséis años desde "L'Attentatuni" (El Gran Atentado, ndt), la masacre de Capaci, que costó la vida de Giovanni Falcone, Francesca Morvillo y los hombres de la escolta. Este año regresó a Palermo la Nave de la Legalidad, y miles de estudiantes procedentes de toda Italia han llegado a la ciudad para recordar a las víctimas de la mafia. Las imágenes muestran a la sala búnker del tribunal llena de gente, con un río de jóvenes que quiere estar presente, que quiere conocer y comprender las razones por las cuales el 23 de mayo se llegó a destrozar una carretera para matar a un solo hombre. En la RAI, se transmitieron las imágenes de una larga pasarela (como ha ocurrido con demasiada frecuencia durante estos años de conmemoración oficial) de figuras institucionales, políticos, profesionales e incluso personas del espectáculo. Seguramente hay quienes se conmovieron con la memoria de aquellos que pagaron el alto precio de la vida en una lucha que iba más allá de Cosa Nostra.

Sin embargo, al escuchar los diversos testimonios que se brindaron, es imposible no advertir el ensordecedor silencio cuando de solicitar verdad y justicia se trataba.

Reclamo que parece no tener más la Fundación Falcone. Esto no surge de las palabras pronunciadas, sino de las no dichas. Hubo un tiempo en que Maria Falcone decía claramente que quien mató a su hermano no fue solo la mafia. Un tiempo en el que señalaba con el dedo a los instigadores externos de las masacres, escondidos detrás de las grandes finanzas, detrás de los servicios secretos desviados, de la masonería desviada y grupos afines.

Un reivindicación de verdad que está ausente en la dialéctica institucional mientras se espera el nacimiento de un nuevo gobierno.

El "nuevo" Presidente de la Cámara de Diputados, Roberto Fico, declaró que "cada gobierno y cada parlamento debe tener como prioridad la lucha contra la mafia". También reiteró que "en nuestro país la mafia existe y debemos derrotarla definitivamente, tanto con disposiciones antimafia como con inversiones en escuelas de formación y educación". Y finalmente destacó que "el hábito de encubrir es algo que debemos interrumpir definitivamente. Debe aparecer la verdad definitiva. Cada nueva legislatura no puede prescindir de hablar de la mafia y de tener una legislación actualizada sobre el tema. Así como no puede menos que hacer inversiones estructurales en escuelas para capacitación. Sin todo esto un gobierno no va a ninguna parte".

Al tomar nota de esas declaraciones, no podemos dejar de destacar que en el "programa" de gobierno "Cinco Estrellas-Liga" solo se usaron siete míseras líneas para hablar de la lucha contra el crimen organizado. Palabras gastadas sin entrar en los méritos de la acción. Así que aquella esperanza de que se dijese algo sobre las masacres o la búsqueda de la verdad sobre quién quería la muerte de Falcone y Borsellino una vez más fue desatendida.

Aquellos intereses que estaban más allá de Cosa Nostra fueron reafirmados ayer tanto por el Procurador General de Palermo Roberto Scarpinato como por el Fiscal General de Trapani, Alfredo Morvillo. E incluso hoy, Scarpinato, desde el escenario, reiteró que no podemos detenernos "hasta que hayamos descubierto toda la verdad sobre las masacres".

Hemos leído las palabras del Vicepresidente del CSM, Giovanni Legnini, quien recordó que "en estos años se ha realizado una obra muy importante, averiguando una parte de la verdad sobre las masacres" para luego agregar que sobre las mismas "hay que hacer otro tramo del camino y hacerlo hasta el final".

Legnini dijo que estaba esperando la protocolización de la sentencia en el Borsellino Quater, el juicio que certificó la existencia de un despiste investigativo en el atentado en el que murieron Paolo Borsellino y los agentes de su escolta. Nosotros también estamos esperando, pero no podemos dejar de destacar el hecho de que incluso hoy, a nivel institucional, hay una verdad que no se quiere recordar, que se quiere eliminar o peor, manipular. Poco importa si el pasado 20 de abril en Palermo hubo una sentencia, aunque de primera instancia, que demostró que en los años de las masacres una parte del Estado ha tratado en alguna forma con la mafia. Incluso entre los condenados hay un sujeto como Marcello Dell'Utri (ya en prisión por concurso externo en asociación mafiosa), fundador del partido que gobernó Italia durante más de veinte años, pero nadie se atreve a hablar de esto. Una vez más, a nivel institucional, la cortina de silencio se desplegó en todas sus dimensiones y no se ha dicho ni una palabra sobre esa sentencia. Excepto raras (si no únicas) excepciones. Basta con escuchar la intervención en Radio Capital del fiscal nacional antimafia Nino Di Matteo, que sostuvo la acusación junto con sus colegas Francesco del Bene, Vittorio Teresi y Roberto Tartaglia, para comprender el alcance de ese proceso. Hubiera sido bueno escuchar esas consideraciones en la red nacional. Del mismo modo que hubiera sido útil que los jóvenes tomaran conciencia de que el trabajo de Falcone y Borsellino no se agotó con el maxi proceso. Hubiera sido útil alinear a aquellos que son las "piezas faltantes" de un evento que 26 años después aún no se ha revelado en su totalidad. Hasta que esto no se considere una prioridad social, cultural y política, y el negacionismo y la justificación sigan a la orden del día, nunca habrá una democracia real para este país.

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En la foto: los restos del Quarto Savona Quindici, el Fiat Croma blindado de la escolta de Falcone (© Imagoeconomica).

sentenciapalermoPor Giorgio Bongiovanni – 26 de abril del 2018

Que la del proceso de la tratativa Estado-mafia es una sentencia "histórica" ni siquiera hay necesitad de repetirlo, por lo que el pronunciamiento del juez Alfredo Montalto (con el juez a latere Stefania Brambille y dos jueces populares) ha trazado una especie de divisoria de aguas, condenando por el mismo crimen a los jefes de Cosa Nostra Bagarella y Cinà (no a los jefes Riina y Provenzano, porque ya han fallecido) junto a altos funcionarios del Estado, a los oficiales del ROS (Mori, Subranni y De Donno) y a políticos (Dell'Utri).

Esto, sin embargo, sólo puede ser el comienzo de un camino de búsqueda de la verdad que respalde lo que ya ha sido "teorizado" por expertos muy respetados en el tema. Estamos hablando de un "príncipe" que siempre ha utilizado a las organizaciones criminales locales para hacer política con crímenes de Estado, para decirlo en palabras de Roberto Scarpinato en el volumen escrito junto a Saverio Lodato (Il ritorno del Principe, Chiarelettere). O de una mafia brazo armado del Estado, cuando el entonces fiscal de Palermo, Pietro Grasso (esperando que no haya cambiado de idea) informó al coautor Saverio Lodato que "Cosa Nostra, muy a menudo, era el Estado. Y siempre ha tenido la tendencia a tener funcionarios que gradualmente podrían hacerla participar en el sistema de poder" (La mafia invisible, Mondadori).

La mafia, en suma, en sus 150 años de vida nunca ha estado sola. Y la sentencia de Palermo es otra pieza que, en términos muy claros, establece que "la negociación existió". A pesar de que las condenas individuales de los acusados todavía tienen que atravesar los dos grados sucesivos del juicio, desde ya se puede comenzar a reunir  nuevamente más pistas que conduzcan directamente a los ideólogos externos de las masacres. Un trabajo que ya está en manos de las fiscalías competentes - Caltanissetta para las masacres del ‘92, Florencia para las del ‘93, Palermo para la tratativa "bis" – y que debe valerse de la coordinación de la Fiscalía Nacional Antimafia. Porque para desenmascarar a los que desde dentro del Estado querían y ordenaron las masacres, material del cual partir para buscar pruebas ulteriores no falta.

Tenemos las declaraciones de Giovanni Brusca sobre un contacto con Dell’Utri y Berlusconi a través de Vittorio Mangano. Junto a aquellas en las que el arrepentido acusa al ex ministro Nicola Mancino (absuelto del delito de falso testimonio) de ser “el último destinatario del papel de Riina”.

Tenemos el “sondeo” de Cosa Nostra hacia afuera, contada por el colaborador Nino Giuffrè, para "probar" la reacción con respecto al propósito de eliminar a Falcone; una actividad de reconocimiento que concierne no solo a las posiciones de los círculos empresariales que operan en sectores controlados por "Cosa Nostra", sino también a una parte "oculta" y "desviada" del mundo masónico.

Tenemos las declaraciones del arrepentido, ahora fallecido, Salvatore Cancemi: el primero, en el juicio Borsellino ter (acusación pública de Nino Di Matteo y Anna Maria Palma) en acusar a Silvio Berlusconi y a Marcello Dell'Utri de tener contactos directos con la cúpula de Cosa Nostra.

Tenemos a Gaspare Spatuzza, considerado aún por los fiscales más moderados como el colaborador de los colaboradores, cuya garantía de fiabilidad ha sido certificada por todos los fiscales que lo escucharon, y que dio los nombres de aquellos que, fuera de Cosa Nostra, estarían involucrados en la estrategia de los atentados. También en este caso, se repiten los nombres de Berlusconi y Dell’Utri: "Graviano dijo que con Berlusconi y Dell'Utri teníamos el país en las manos". Y son solo algunos de los nombres de los colaboradores de justicia que se han referido a los ideólogos externos.

Y aún más, tenemos las intercepciones de Riina en prisión: las manifestaciones de odio hacia los magistrados de ayer (Falcone, Borsellino, dalla Chiesa, Chinnici) y los de hoy (Di Matteo, "te voy a dar el fin del atún") tanto como para ordenar su eliminación: “Y entonces organicemos esto. Hagámoslo a lo grande y no hablemos más”. Una orden de muerte que se superpone de manera inquietante a aquella – de la cual habló el arrepentido Vito Galatolo - emanada de la "prímula roja" Matteo Messina Denaro. El Jefe de Jefes, interceptado, incluso llega a hablar, aunque sea enigmáticamente, de “tratativa”: "La cosa se detuvo ... tres o cuatro meses ... pero no es que se haya detenido ... de todos modos la nota ... (palabras incomprensibles) ... simplemente se lo dejé". ¿Y si esta "nota" fue el "papel"? Palabras sibilinas, como las pronunciadas ante los agentes de la policia penitenciaria ("fueron ellos quienes me buscaban para tratar").

Para concluir una lista que comprende solo algunas de las líneas de investigación que deben pasar por debajo de la lupa, tenemos las palabras de otro jefe de Cosa Nostra, Giuseppe Graviano quien en prisión informa al compañero de la hora de aire Adinolfi de cómo “Berlusca me pidió una cortesía” mientras en las declaraciones espontáneas del processo ‘Ndrangheta stragista, además de explicar que gracias a "algunos sicilianos" en Italia no hubo ataques terroristas de origen extranjero, el capomafia pide "obtener todas las intercepciones "que había entre Adinolfi y yo".

Son piezas de un mosaico mucho más grande que sin embargo provienen de la boca de personajes que, en esos altos niveles, lo han visto, frecuentado, a veces hasta influido. Y no es poco.

Por lo tanto, la sentencia de Palermo nos lleva a insistir con determinación en la búsqueda de los instigadores externos de las masacres. Una petición a la cual, después de la condena de la tratativa Estado-mafia, no deja de producir ecos ni siquiera en los familiares de Paolo Borsellino – los hijos junto a los hermanos, Salvatore y Rita - que claman investigar a fondo para descubrir los nombres de aquellos que querían la muerte del juez. Así como pide justicia justicia Giovanna Maggiani Chelli, presidenta de la Asociación de Familiares de las Víctimas de la Masacre en via dei Gerogofili: "Esperamos que los que hasta ayer probaron mil excusas por no cumplir con su deber, ahora procedan al reenvío a juicio de los 'cómplices de Cosa Nostra' en la masacre en via dei Georgofili y por las masacres de 1993".

Ahora es el momento de una toma de posición por parte de las fuerzas del estado, las verdaderas. Es decir, las fuerzas políticas que asumirán el gobierno y que por ahora aseguran (en palabras) que Italia cambiará para mejor, y pronto.

Ahora es el momento, empezando por el futuro ministro de justicia y el del interior, de conferir mayores atribuciones a las fiscalías, especialmente a los puestos avanzados en la lucha contra la mafia y el Estado-mafia, para que no queden aplastados por la escasez de magistrados y de los cientos de procesos ordinarios que atrasan inevitablemente la investigación de los cómplices externos.

Es hora de crear una nueva Comisión Parlamentaria que, con el fin de apoyar a los fiscales de la República, se dedique a la búsqueda de aquellos personajes que compartieron objetivos y estrategias con Cosa Nostra. Y, con una mirada más amplia, crear una Comisión Parlamentaria Antimafia que retome el hilo de los misterios no resueltos de las masacres y los crímenes de Estado cometidos por la mafia en los años ‘80 y ‘90. Es necesario que las fuerzas del Estado unan todas sus energías para terminar con los prófugos, hasta ahora protegidos por las altas esferas del poder, como Matteo Messina Denaro, posible depositario de los secretos de Riina y Provenzano que Italia debe conocer. Ahora, para este país, es hora de tener un "arrepentido del Estado" que rompa el silencio institucional y explique cómo y por qué se han dedicado a negociar con la mafia. En este punto, el primer elemento de la lista sería un análisis más detallado de las declaraciones de Claudio Martelli. El ex ministro en la Sala del Tribunal dijo que "no es la primera vez que se intercambian favores entre la mafia, asociaciones tipo la P2, servicios de inteligencia desviados, la Masonería" y que "también puede haberse dado en este caso", cuando, en realidad el colaborador del ex presidente Bettino Craxi "fue involucrado en la Conto Protezione" (cuenta bancaria investigada en el caso de la P2, ndt)", encabezada por el mismo Martelli y en la cual entre los años 1980-1981 el PSI (Partido Socialista Italiano, ndt) recibió siete millones de dólares del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, préstamo obtenido gracias a Gelli. Hecho por el cual Martelli logrará evitar la condena con una compensación sustancial que le garantizó al ex ministro socialista que prevalecieran las "circunstancias atenuantes" para que operara la prescripción en el delito de concurso en la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano. Y de nuevo, volviendo a los años de las masacres, Martelli agregó: "Ciertamente podemos estar seguros de que se ha abierto una dialéctica de bombas y concesiones, bombas y concesiones, hablando, más que de tratativa, de una "rendición unilateral por parte del Estado". Palabras que valdría la pena volver a pasar por un cedazo, junto con las de los testimonios que se han rendido en el proceso de la tratativa en los últimos cinco años.

Estas serán las tareas del gobierno que se prepara para formarse y asumir: si no coloca en la cima de su agenda la lucha contra la mafia, la corrupción y, por lo tanto, una investigación seria sobre los instigadores externos de las masacres, no habrá paso de la segunda a la tercera República. En todo caso, nos enfrentaremos con el viejo adagio gattopardesco: "todo cambia porque nada cambia".

 

nino018El Fiscal Nacional Antimafia participó del “Sum#02-Capire il futuro”
Por Giorgio Bongiovanni - Video – 8 de abril del 2018

Ha pasado poco más de un mes desde las elecciones y en las últimas semanas la atención de los italianos está particularmente dirigida a las consultas del Quirinale que deberían conducir a la formación de un nuevo gobierno. Es difícil decir qué sucederá exactamente en los próximos días y si se volverá a nuevas elecciones en un corto plazo. Mientras tanto, sin embargo, hay quienes no se quedan con las manos cruzadas.

Quienes escuchan son los que, quizás, puedan reunir las voluntades de los que representan a las instituciones para ponerse a la vanguardia en la lucha contra la mafia y la corrupción. Muchas veces se ha dicho que estos deberían ser los primeros puntos de cualquier programa político. Un concepto que ayer fue reiterado con fuerza, en Ivrea, durante la segunda edición de "Sum # 02-Capire il futuro", organizado por la asociación Gianroberto Casaleggio. Quien lo dijo no fue un político sino un magistrado: el fiscal nacional antimafia Nino Di Matteo. Lo escuchaba, en primera fila, el jefe político del M5S (Movimiento 5 Estrellas, ndt) Luigi Di Maio, tal vez el futuro primer ministro. Fue él quien inició la ovación de pie del público. Fue él, acompañado por Alfonso Bonafede, designado ministro de justicia en un hipotético gobierno de 5 Estrellas, quien levantó la mano para aplaudir mientras Di Matteo iba enunciando los puntos para una nueva reforma de la justicia en Italia. El gesto de Di Maio debe leerse como un mensaje político fuerte. Es un signo de aprobación con respecto a todo el discurso de alto valor ético, moral y humanista del magistrado. Pero también es una aprobación técnico-científica del análisis ofrecido, en términos de propuestas para fortalecer la lucha contra la mafia.

En su discurso, Di Matteo apuntó con el dedo a toda la política que durante la campaña electoral se mantuvo en silencio sobre la lucha contra la mafia y la corrupción. Un silencio ensordecedor que afectó a todos las partidos y movimientos.

Di Matteo, por lo tanto, ha dado su contribución para "restaurar al sistema de justicia la credibilidad que está perdiendo". Aclaró que es muy necesario "reforzar las herramientas de investigación más eficaces y, a su vez, ampliar los medios para permitir las intercepciones telefónicas; previsión del uso de operadores encubiertos también para los delitos de corrupción; despenalización de conductas que deberían castigarse con una sanción administrativa". Luego, dio su opinión sobre la velocidad de los procedimientos: "Debemos asegurarnos de que los juicios se lleven a cabo dentro de un tiempo razonable, que finalice con una decisión sobre el mérito". Y sobre la prescripción, dijo: "Necesitamos una reforma copernicana de las normas sobre la prescripción que estipule que el curso del plazo cese en el momento en que el Estado accione su pretensión". Y luego: "Al mismo tiempo, pienso en la necesidad de una atenuación del proceso acusatorio. Aumentando las penas del sistema sancionatorio de los delitos de corrupción, del voto de intercambio y de todos los delitos típicos de los crímenes de cuello blanco. Y no se trata de ser represivos o justicialistas". "Sueño con un punto de inflexión para un fortalecimiento de las tutelas procesales a las víctimas del crimen, para proteger a aquellos que tienen el coraje de informar. Finalmente pienso en la certeza de la pena. El nuestro no puede seguir siendo el país de las amnistías y los indultos enmascarados".

Di Maio, Bonafede y otros miembros del Movimiento Cinco Estrellas escuchan. La apoteosis final se dio cuando el fiscal adjunto de la Fiscalía Nacional Antimafia recordó que las sentencias han demostrado cómo "se estipuló el pacto con Cosa Nostra por intermedio de Marcello Dell'Utri, el que fue mantenido desde 1974 hasta 1992 por el entonces empresario Silvio Berlusconi".

Es el mismo Berlusconi, ya juzgado y condenado, que hoy es recibido por el Quirinale para discutir el nuevo gobierno. La parte más importante del discurso del magistrado, sin embargo, fue la referida a la "verdad sobre los atentados". "El gobierno - reiteró Di Matteo - debe hacer todo lo posible para completar el camino de la verdad sobre los atentados y otros magnicidios. No podemos estar satisfechos con verdades parciales. Debemos darle un nombre a aquellas entidades que han compartido la ejecución de las masacres con la mafia. Un Estado con autoridad, un gobierno libre, una comisión antimafia decidida, no pueden deternerse por el temor de que la misma sea demasiado incómoda o escabrosa. El desafío que nos espera va mucho más allá. Ya no se puede hablar sólo de productividad y estadísticas. El camino está lleno de escollos y trampas. En nuestro país aún es fuerte el partido de los que tienen interés en que el sistema de justicia no funcione. A estos sujetos, que son muchos y sin escrúpulos, y que están transversalmente presentes, debemos, tenemos que saber cómo contraponerles tenazmente el sonido de la justicia".

Esta es la llamada del magistrado Di Matteo. Una llamada dirigida a toda la política, incluido el Movimiento Cinco Estrellas. Una invitación para pasar a la acción con puntos claros y concretos para luchar contra la mafia y la corrupción está finalmente, sin peros, entre los primeros puntos de la agenda política del Gobierno.

arlacchidegennaroPor Giorgio Bongiovanni – 12 de mayo del 2017

Fue un muy lúcido Pino Arlacchi el que hemos escuchado hoy en el proceso de la tratativa Estado-mafia, llamado como testigo de la defensa (Nota: Giuseppe Arlacchi, más conocido como Pino, es un sociólogo y político italiano que fue diputado, senador y miembro del Parlamento Europeo, ndt). Sin duda, su interrogación quedó fuertemente acotada dentro de límites estrechos -los temas propuestos por el abogado Massimo Krog, defensor del ex ministro de Justicia Nicola Mancino- y, sin embargo, su testimonio hizo recordar las anteriores declaraciones de un hombre que compartió muchos instantes de la vida de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Fueron palabras que Arlacchi pronunció ante los magistrados de Caltanissetta, en el curso de un interrogatorio realizado el 11 de septiembre del 2009. En esa ocasión, el sociólogo proporcionó un detallado análisis de los años anteriores y posteriores a los asesinatos, corroborado por los dichos de Falcone y Borsellino, que recuerda en el acta de interrogatorio. Fue entonces que Arlacchi se refirió al hecho de que "las negociaciones entre el Estado y la mafia siempre han estado ahí" y "en esos años cruciales había más de una, incluso tres o cuatro". En cuanto a los homicidios del '92, Arlacchi estaba completamente convencido de que "Cosa Nostra en la ejecución de las masacres de Capaci y Via d'Amelio había actuado en sinergia con elementos desviados de las instituciones, especialmente del SISDE (Nota: Servicio Secreto Italiano,ndt)" que "tenía como punto de referencia al Dr. Contrada", luego condenado por complicidad con la mafia. Pero de esos entornos institucionales, aseguró Arlacchi, también formaban parte "algunos grupos pertenecientes a los carabineros, que tenían en el entonces Coronel Mori el punto de referencia" y que en opinión del distinguido sociólogo asumían "un accionar que definiría como poco transparente”.

Algunos años después, sin embargo, la opinión que da Arlacchi en una entrevista con "Panorama" respecto a la tratativa es paradójica: "Se basa en una hipótesis grotesca: una conexión entre Oscar Luigi Scalfaro, Carlo Azeglio Ciampi, Giovanni Conso y Nicola Mancino por un lado y los líderes corleoneses de Cosa Nostra por el otro",  afirmando que, en su opinión "no hay una sola prueba seria que la sostenga” en el proceso de la tratativa en cuanto "serían sólo las jactancias de un asesino, Gaspare Spatuzza, que en cuanto tal no podía sentarse a la mesa de las ‘negociaciones’ y que habla de oídas, más las bravatas de un calumniador patentado como Massimo Ciancimino".

Y, sin embargo, de la tratativa siguió hablando Arlacchi ante el fiscal de Caltanissetta, en referencia a algunos diálogos mantenidos en esa época con Gianni De Gennaro, ex jefe de la Dirección de Investigación Antimafia (Nota: Giovanni De Gennaro, más conocido como Gianni, es un doctor en jurisprudencia y político italiano, que fue Jefe de Policía, Jefe de la Dirección de Investigaciones Antimafia, DIA, y Subsecretario de Estado en la Presidencia del Consejo de Ministros, ndt). "Después de las matanzas de 1993 se consolidó en la cúpula de la DIA -declaraba Arlacchi- la idea de que las muertes tuvieron un significado político claro, con el fin de obligar al Estado a llegar a un acuerdo y establecer una negociación. En este punto llegamos con De Gennaro a la hipótesis, de que el grupo de Andreotti, a través de los referentes mencionados -el Grupo Contrada- fue uno de los terminales de negociación". Y también que "el doctor De Gennaro, ya entonces, me hablaba de contactos 'ambiguos' entre los miembros de la Cosa Nostra y Marcello Dell'Utri, que sirvieron como enlace entre la mafia y el mundo de la economía y la política", es decir la nueva estructura de poder que, con Silvio Berlusconi y su brazo derecho, ha gobernado Italia durante dos décadas. ¿Por qué este aspecto no se profundizó debidamente, ni por Arlacchi, ni por el ex jefe de la DIA?

De Gennaro ha negado siempre los hechos en los que lo involucraba el sociólogo,  ingresados sólo marginalmente al proceso de la tratativa Estado-mafia junto con los contactos anómalos de Bruno Contrada descriptos por Arlacchi como "entornos difusos", "personajes oscuros" y "cientos de confidentes" .

Mucho se podría haber profundizando, y una vez más hay preguntas sin responder. ¿Quién, entre Arlacchi y De Gennaro, es el mentiroso? Y si la DIA sabía que los homicidios "tenían el propósito de obligar al Estado a llegar a un acuerdo" ¿por qué en este tema ahora como entonces reina el silencio? Quienes quieran presumir del título de "amigos de Falcone" que de una vez digan toda la verdad, si es que realmente se preocupan por los jueces hermanos caídos en los atentados.

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