Viernes 21 Junio 2024

La máscara viviente de la momia

¿Recuerdan cuando los soviéticos, en plena Guerra Fría, poco después de la crisis de los misiles en Cuba, tenían como jefe del Partido Comunista a Leonid Brézhnev? Llamado para mantener vivo a un partido que estaba a la deriva y destruido, un régimen agonizante, fracasado, corrupto y mafioso, los soviéticos tuvieron el valor de hacer hablar a un muerto viviente. Una verdadera momia que desde mediados de los '70 hasta su muerte en 1982 apenas podía firmar, apenas podía caminar y debía sujetarse a algunos agentes de su escolta, que además era un drogadicto, completamente dependiente de somníferos, sedantes y ansiolíticos que tomaba a escondidas cuando se los prohibieron.

Era la imagen de un líder de un partido que debía sostener el destino ya escrito de una gran nación como la URSS. Y la imagen Brezhnev me vino a la mente (salvo por el uso de drogas) después de ver el video mensaje con el que Silvio Berlusconi, desde el hospital San Raffaele donde está internado desde hace un mes, quiso celebrar la convención de Forza Italia de los últimos días. Un cierre por todo lo alto con el cual el partido le rindió homenaje al Caballero. Desde la salida al campo a los juramentos de los gobiernos de Berlusconi, desde las cumbres con Bush y Putin a las reuniones con el presidente Obama. Hasta el discurso de su regreso al Senado tras las pasadas elecciones generales.

Imágenes que recibieron la ovación de los presentes en la sala. Todos se pusieron de pie para aplaudir al líder, con las banderas de Forza Italia ondeando. Sin darse cuenta de que estaban vitoreando a una momia, políticamente muerta desde hace tiempo.

Berlusconi, en el mejor de los casos, ni siquiera sabía lo que decía. Apenas podía leer los apuntes ubicados debajo de la cámara mientras gesticulaba con las hojas de papel (vacías) y –con no poco esfuerzo– sorbía un poco de agua. Veinte minutos de vídeo en los que recordaba con nostalgia sus comienzos en la política, cansado y con evidente sufrimiento.

Sus problemas de salud son una señal de que el tiempo también pasa para él. Tal como surge de una entrevista con Evghenij Chazov, un cardiólogo que durante 20 años fue médico del Politburó del Comité Central del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), y según lo relatado en la misma al enviado Valentino Paolo, el viejo Brezhnev no era capaz de concentrarse en un tema durante más de diez minutos. Y a la pregunta de por qué no lo habían reemplazado, Chazov respondió: "Es muy simple, porque eso habría desencadenado una lucha en los altos mandos que hubiera sido desestabilizadora para la URSS. Así que era mejor quedarse con el zombi, incluso a costa de construir un pequeño hospital bajo las gradas del mausoleo de Lenin, para el caso de enfermedad durante los desfiles en la Plaza Roja". Quizás, sobre la base de lo que se hizo con Brezhnev, el entorno de Forza Italia ha decidido dejar hablar a la "momia" Berlusconi porque cuando se vaya, lo más probable es que sea el final del partido azul.

Al ver el vídeo de Berlusconi uno siente lástima, sí, y como cristiano que soy –y a pesar de las fuertes críticas que le he reservado durante tantos años– no siento ira. Los que me enojan, y me repugnan, son los escoltas (políticos), los oportunistas, los vendidos, los panfletarios a sueldo del "presidente" y los renegados que han cambiado de bando recientemente (Chinnici, ex PD y Cancelleri, ex M5S). Me refiero a los diputados y senadores, pero también a los periodistas, empresarios y tantos otros hombres y mujeres que se pelaron las manos en la convención aplaudiendo al presidente de un partido construido a su imagen y semejanza, y que morirá – muy probablemente– con su líder. Olvidando que Forza Italia es un partido fundado por la mafia y teniendo en cuenta que, en la sentencia de condena definitiva por concurso externo en asociación mafiosa contra su cofundador, Marcello Dell'Utri (sentencia cumplida), los jueces definieron al brazo derecho del Caballero como el garante "decisivo", durante dieciocho años (de 1974 a 1992), del acuerdo entre Berlusconi y Cosa Nostra (con un papel de "importancia para ambas partes: la asociación mafiosa, que tuvo un cauce constante de enriquecimiento significativo y el empresario Berlusconi, interesado en preservar su esfera de seguridad personal y económica"). Y la Corte determinó en negro sobre blanco acerca de la "continuidad de los pagos de Silvio Berlusconi a favor de los miembros de la asociación mafiosa, a cambio de la protección integral que otorgaba al empresario". Todo en una relación "do ut des" (doy para que me des). Y, de nuevo según la Corte de Casación, la histórica empresa de Berlusconi –Fininvest– "financió a Cosa Nostra". Por último, no hay que olvidar que los dos fundadores de Forza Italia (Berlusconi y Dell'Utri) están siendo investigados actualmente por la fiscalía de Florencia como instigadores externos de las masacres mafiosas de 1993. Otra investigación más, sí, pero necesaria, porque a lo largo del tiempo han surgido nuevas piezas de evidencia que sugieren que fue el instigador de las masacres.

Por no mencionar a algunos sujetos de las filas de Forza Italia como el exsenador Antonio D'Alì, también condenado por concurso externo, acusado de haber establecido relaciones con Francesco y Matteo Messina Denaro. Un sujeto político que, según los jueces, encarnaba a la perfección a la "burguesía mafiosa".

Sin embargo, el Caballero sigue llenando las páginas de los diarios y las pantallas de televisión –incluso del servicio público– engañando al "pueblo" con su sonrisa, a pesar de sus bromas sexistas y de bajo perfil, su afición a las putas, el haber sido juzgado y condenado en forma definitiva por fraude fiscal, y a pesar de los senadores en nómina, las "cenas elegantes" con menores, los conflictos de intereses, las leyes ad personam y la acusación contra él de "descrédito planetario" en el proceso Ruby ter. Todas cosas detrás de las cuales, en realidad, se esconde un político especulador que gobernó a nuestro país durante veinte años, destruyéndolo. Pero no es de extrañar, porque esta es nuestra Italia. "La República Bananera" como la definió el abogado Giovanni Agnelli. En ese momento era joven, y me avergoncé de esa frase, pero hoy, por desgracia, no puedo culpar al "viejo zorro" de la Fiat.

Imagen de portada: diseño gráfico de Paolo Bassani