Este es su único y verdadero objetivo. Lo que las dos superpotencias le dicen a la comunidad internacional, es decir, a sí misma en realidad, es mirad como somos de buenos, nosotros reducimos nuestros arsenales nucleares, mientras Irán “feo, sucio y malvado”, quiere construirse uno. Es como si un tipo armado con miles de fusiles tirase centenares de ellos y pretendiese, en nombre de esto, que el adversario inerme no se fabricase ni siquiera uno. Este acuerdo se inserta en la nueva “doctrina Obama” (la cual está haciendo añorar a George Bush, quien al menos, en su brutalidad, era más honesto), por el cual los Estados Unidos se comprometen, benignos ellos, a no atacar a ningún País con armas nucleares siempre y cuando (en este “siempre y cuando” se encierra todo) hayan firmado el Tratado de no proliferación nuclear y demuestren que no lo violan.
¿Y entonces qué hacemos con el aliado Pakistán? ¿Y con Israel que no ha firmado el Tratado pero que, como se sabe, tiene la Bomba, a pesar de no admitirlo y de que sus misiles nucleares estén apuntados sobre el territorio iraní? No, la amonestación vale sólo para Teherán. Irán está rodeado de potencias nucleares, Rusia, China, India, Pakistán, Israel, algunas de ellas declaradamente hostiles. No será que por esto tendría derecho a construirse su bomba Atómica, que es un arma de pura disuasión, porque ningún régimen, ni siquiera el del Ayatollah sería tan loco como para hacer uso sabiendo que con el paso de algunas horas sería arrasado por tierra gracias a la reacción americana.
Pero, así como están las cosas, no hay ninguna prueba de que Irán quiera construirse la bomba Atómica. Ha firmado el Tratado de no proliferación nuclear y lo ha respetado. Ha reabierto sus instalaciones nucleares en presencia de los inspectores de la Aiea (la agencia para la ONU para el control de la energía nuclear) y ha aceptado los controles. Hasta ahora las inspecciones han verificado que el enriquecimiento del uranio en las centrales nucleares iraníes no supera el 20%, que es la cuota necesaria para utilizar la energía nuclear con fines civiles, energéticos y médicos. Mientras que para llegar a construir una bomba atómica el enriquecimiento tiene que ser del 90%. Varios exponentes norteamericanos, políticos y militares, declararon en los años pasados que Irán se construiría la bomba Atómica “antes del 2010”. El 2010 ya llegó y los iraníes ni siquiera han completado su programa nuclear civil. ¿Y entonces?
La agresividad occidental se basa sobre un proceso a “las intenciones”, sobre las sospechas de que los iraníes quieran ir más allá. Y yo no logro entender por qué basados en una simple sospecha un País, Irán, tenga que ser colmado de sanciones y amenazado de ataques nucleares (la prensa americana ha documentado que planes de ese tipo ya se han aprontado, ya sea por parte de Washington o de Tel Aviv) mientras otro País, Israel, que tiene la Bomba y que parece estar muy dispuesto a usarla, como sus dirigentes han dado a entender muchas veces, tenga que ser dejado tranquilo. La única razón que veo es que el Occidente es percibido como demasiado civil, una “cultura superior”, para hacer atentados atómicos, mientras habrían “culturas inferiores”, incontrolables y dispuestas a todo. Pero hasta ahora los únicos que han osado tirar un par de bombitas atómicas han sido precisamente los civilísimos Estados Unidos de América, que desde hace más de medio siglo pretenden, incluso a sonar de bombas a base de uranio empobrecido (Servia, Irak, Afganistán), dar clases de moral al mundo entero.
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Diario “Il Fatto Quotidiano”, 10 de abril del 2010

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