Mancino afirmó no haber hablado nunca con su colega de calle Arenula (sede del Ministerio de Justicia), desmintiendo de hecho las declaraciones anteriores del ex Guardasellos (Conso) que ya de por si son lagunosas y gravemente omitivas. Las declaraciones del ex Ministro del Interior agudizaron un sentimiento de rabia y descontento en cuanto a estos hombres de las instituciones. Hombres que tenían y que tienen el deber de estar al servicio de nuestro país y que en cambio, atrincherados detrás de obvias omisiones o evidentes contradicciones, corren el riesgo de mancharse del crimen más infamante para un servidor del Estado: alta traición
¿Qué es lo que se esconde detrás de tantos “no recuerdo”, de los demasiados “no se” de estos desmemoriados del Estado?
Ya es intolerable oír decir a un ex Ministro de Justicia que “en este momento no estamos en condiciones de asegurar nada, pero con el paso del tiempo fragmentos de la verdad irán saliendo a la luz”.
¿Pero de parte de quién tenemos que esperar que salgan a la luz estos “fragmentos de verdad”?
¿De otros hombres de las instituciones que por cobardía llaman a la puerta de las fiscalías para aportar sólo una parte de lo que saben, antes de que sean llamados en causa por parte de mafiosos o de  colaboradores de justicia (mafiosos arrepentidos)?
¡Ya es inadmisible que en las aulas de la justicia resuenen estos silencios culpables!
El silencio de quien sabe pero no habla nos induce a la sospecha de que ambos callen para cubrir a un Estado que, con su grave incompetencia, descuido e incluso complicidad, lleva encima el peso de la corresponsabilidad en los atentados del 92' y 93'.
¿Cómo podían saber en aquella época Mancino y Conso de la existencia de dos alineamientos de Cosa Nostra? ¿Quién les había informado del sector “terrorista” ligado a Riina y del otro más “político” capitaneado por Provenzano? Sólo quien estaba “negociando” estaba en conocimiento y lo habría comunicado a ambas personalidades institucionales.
Si así fuera, estos dos eminentes ex Ministros tendrían que terminar bajo investigación por falso testimonio, con el agravante de haber favorecido la negociación entre Cosa Nostra y el Estado. A prescindir de que ambos lo hayan podido hacer inconsciente o  conscientemente.
¡Nunca más roles institucionales para hombres como Nicola Mancino o Giovanni Conso!
¡Nunca más roles institucionales para quienes han pensado sólo en sus propios intereses y no en el bien común, para quienes afirman que no han afrontado cuestiones de fundamental relevancia “por respeto de la autonomía del Ministro”, cuando mientras tanto el país estaba en llamas.
Ningún atenuante para quien ha negado y sigue negando haberse encontrado con Paolo Borsellino el 1º de Julio en el Viminale, a pesar de la evidencia de una agenda, que no fuera sustraída por hombres fieles a un Jano Bifronte, sino sólo el reproche unido al desprecio general por su aporte en la continuación del ocultamiento de la verdad.
El pedido de justicia por parte de todos los familiares de las víctimas de la violencia político-mafiosa pesará sobre ellos y sobre todos los demás “desmemoriados”, como una piedra de la cual podrán liberarse sólo cuando de una vez por todas rompan ese culpable silencio.

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