Sin filtros ni tibiezas en su militancia, por calles, rutas y plazas de su territorio natal, los bolivianos -y acorde a su impronta legítima ante todo, de revolucionarios cuando desde el poder se atenta contra las libertades, los derechos y las economías populares- se movilizaron (y continúan haciéndolo) para expresar, y no de brazos cruzados, silencios o diplomacias, que en su país, el neoliberalismo de sello estadounidense, de la mano de un títere de turno, Rodrigo Paz, está haciendo estragos por doquier, y ante esta situación, hay sobrada resistencia.
Las respuestas a tantos despotismos, autoritarismos e intervencionismos extranjeros, no se hicieron esperar, no solo dentro de los sectores campesinos, mineros y sindicalistas bolivianos, sino
además en la región, con adhesiones combativas de diverso porte ; porque en la región, desde hace ya algunos años hay intereses del país del Norte, puestos sobre los recursos naturales y sobre las comunidades, pretendiéndose desde hace años imponer políticas económicas, sociales y propias de un régimen fascista, que se acuna y se mece en ideologías y estructuras que les ordenan practicar represiones, con la fuerza pública y con los militares, en contra de los miles de movilizados rechazando el burdo sometimiento de las clases trabajadoras, y de los ciudadanos libres; y de los sectores populares en resistencia diaria; esa resisterncia diaria que es sello recurrente de los bolivianos; sello que nos trae a la memoria a Pedro Domingo Murillo, abogado de Charcas, revolucionario paceño y protomártir de América, y líder del movimiento libertario y en lucha por la independencia nacional, quien el 29 de enero de 1810 habiéndose materializado su condena a muerte en la horca, en plaza pública (que hoy lleva su nombre) antes de morir, se dirigió al pueblo pronunciando proféticas palabras “!Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la apagara.Viva la libertad!”.
Y aquella tea siguió, y sigue encendida; otros hombres y mujeres se esmeraron en ello: cientos y cientos de seres humanos -anónimos por completo- dieron forma a las revueltas en Bolivia, durante los últimos años, y fueron resistencia popular inconfundible.
Pero no solo inconfundible, sino además polifacético en su esencia y en su forma, tal como ocurrió a mediados del pasado mes de junio, oportunidad en que a suelo boliviano llegaron integrantes del activismo femenino, de los defensores de los derechos humanos, junto a comunicadores denominados populares, que se sumaron al grueso de los movilizados contra las medidas impuestas por el gobierno de Rodrigo Paz; medidas en línea directa con los deseos y los objetivos de los Estados Unidos, para nada ausentes en los pilares del gobierno, que al no prosperar los diálogos buscados, definió la jugada poniendo en vigencia un estado de sitio, a costa de detenciones, heridos y muertos; y obviamente, de constantes violaciones de los derechos humanos.
La periodista y activista feminista Claudia Korol (una indiscutible referente del Abya Yala) resumió su reciente presencia en Bolivia -en medio de un país convulsionado y sobrado en vivencias tensas- haciendo parte de una delegación feminista y de comunicadores populares, con el cometido de romper el cerco informativo impuesto por el gobierno de Rodrigo Paz, como titular del Poder Ejecutivo.
Korol, en un informe escrito expresamente para Página 12 describió el territorio en el que se encontraba ella misma y quienes la acompañaban; un territorio donde, según sus propias palabras “el racismo, la violencia sexual y la suspensión de garantías constitucionales intentan disciplinar los cuerpos de las mujeres y la organización comunitaria, que resiste en las calles y en los bloqueos” .
En las ciudades de Santa Cruz y San Julián la delegación de la cual formaba parte Claudia Korol tuvo como principal cometido documentar la situación de las mujeres, de las disidencias sexuales, comunidades originarias, movimientos populares, constatando, insitu, el incremento de la violencia rascista y patriarcal, los múltiples discursos de odio y particularmente una alevosa persecusión a las disidencias sexuales, la vulneración de los derechos fundamentales de los pueblos, y las garantías legales en las acciones de represión que fueron ejercidas por el gobierno de Rodrigo Paz , tanto sea por actores políticos, militares, judiciales y por si fuera poco, por grupos parapoliciales, operando bajo diferentes y alarmantes parámetros , bien de complicidad, como de impunidad, cínica y descarada.
La presencia en Bolivia de la delegación feminista y de los comunicadores populares, de carácter internacionalista, corrió en paralelo a las grandes concentraciones de resistencia que se registraron en los puntos de bloqueos, en las rutas, y no solo en Santa Cruz sino además en la ciudad de La Paz.
La narrativa de Korol hizo alución a la intervención, en esas masivas protestas, de grupos parapoliciales portando armas, y realizando -sin disimulo alguno- acciones de amedrentamiento e intimidación. Todos ellos apoyados y amparados por organizaciones funcionales del poder, como por ejemplo el Comité Cívico; y accionando nítidamente para neutralizar la resistencia popular; para fracturarla; para imponer el miedo, el terror.
El uso de gases, machetes, palos y armas de fuego, en esas embestidas irregulares y de tinte fascista, fueron moneda corriente; una constante en cada tramo del suelo boliviano donde campesinos y mineros, a veces familias enteras, voceaban su tenáz rechazo a las violencias desatadas; violencias con el sello de la cobardía y de la impunidad, fundamentalmente para desarticular todos y cada uno de los lazos de unión y de fuerza, desplegados por los movimientos populares portando en sus manos aquella tea encendida que hubo dejado Pedro Domingo Murillo minutos antes de ser ahorcado y más tarde decapitado por el poder de la autoridad española, a comienzos del siglo XIX.
Hoy en Bolivia, el poder tiene otro rostro; el rostro de un gobernante abroquelado, en el Palacio Quemado de la Plaza Murillo, al ideario no precisamente del abogado que dejó la tea encendida, sino al que pertenece a su verdugo; ese verdugo que fue cambiando de color como el camaleón maldito, engañando a los pueblos, primero para utilizarlos y después para someterlos, y reprimirlos: fusilándolos, allanándoles sus locales sindicales,y sus hogares, encarcelándolos, siempre en el nombre de una falsa pacificación; de un diálogo hipócrita, demagógico, artero.
Hay datos precisos que consigna Claudia Korol en su informe para Página 12; datos estremecedores que la delegación misma constató, en su calidad de veedor.
A saber:
- 1) Fueron asesinados en la represión policial por gasificación en represión a punto de bloqueo Alberto Cruz Chinche, de 71 años, en El Alto, el 16/5 y Martha Villca Sosa, de 51 años, de la provincia de Camacho, en El Alto, el 21/5, y Víctor Quispe Cruz, de 24 años, en Vilaque, Calamarca, por herida de bala en el cráneo en represión a punto de bloqueo. De ellos tres sólo el último es reconocido por el Estado. Nos informan que hay al menos otro muerto por represión y muchos por no haber sido atendidos en los hospitales públicos, que lejos de cuidar la salud y la vida, denunciaban a los heridos y heridas.
- 2) Constatamos la detención de 365 detenidos en La Paz y El Alto. De ellos 323 están judicializados, 22 están presos en la cárcel. 237 son de La Paz, 63 son de El Alto, y 45 de Oruro. En San Julián y Santa Cruz hubo 5 detenidos, de los cuales 3 están con medidas sustitutivas y 2 con prisión preventiva. Varios jóvenes fueron detenidos y luego liberados, quitándoles los documentos, las billeteras, que no se las devolvieron a la hora de liberarlos. En Cochabamba durante el mes de junio constatamos que en los bloqueos fueron aprehendidas 11 personas en Pirque Parotani, 11 en Itapaya, 15 en Cruce Tarata, 33 en Río Kjora - Vinto (de los cuales quedaron 22 en libertad, y 11 cautelados por tres meses en la cárcel San Pablo de Quillacollo), en Km 9 Uspha Uspha fueron detenidas 18 personas (quedaron 9 en libertad, 3 en detención domiciliaria y 6 cautelados en la Cárcel San Sebastián por tres meses). El total general de presos y judicializados es de 92 personas. 3) En las visitas a centros de salud, dialogando con trabajadores y usuarios de los mismos, constatamos graves carencias de insumos, medicamentos y personal médico. 4) En distintas regiones, particularmente en El Chapare, se les cortó durante horas la luz y las comunicaciones”.
Desde la redacción de Antimafia Dos Mil de Montevideo, oportúnamente hicimos una crónica en la que reseñamos las demandas centrales de quienes se movilizaron por más de 50 días, exigiendo prácticamente la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Profundos deterioros en la economía de Bolivia, la distribución de combustible de baja calidad desencadenando daños en vehículos del transporte público, el incremento de los alimentos de primera necesidad y todo un contexto de descontento generalizado y de crisis social, fueron en definitiva los factores determinantes para que el aquelarre se desatara sobre las masas populares, con la inmedita respuesta de una férrea resistencia, la que por otro parte hizo que los caballos del poder se desbocaran, a sangre y fuego, terror y un descontrol espeluznante.
La crónica de Korol no escatima en vivencias de las que en ocasiones sus ojos y sus oídos (como de quienes la acompañaban) fueron testigos ineludibles, constatando violencias verbales, procaces, misóginas, dirigidas a mujeres indígenas, solo para humillarlas, para someterlas al escarnio.
Quedó más que claro, para el mundo, para la región y para los bolivianos mismos, allí entre los límites fronterizos, que los neoliberalismos de ayer y de hoy, están entrelazados; pero las resistencias también están, día a día, entrelazándose más aún.
La voracidad estadounidense, que ha sido abrazada por Rodrigo Paz y su séquito de cipayos del poder, busca erosionar la soberanía de un país, cuyo pueblo no se durmió nunca a la hora de la resistencia, armada o pacífica; a la hora del despertar de conciencias, para poner punto final a los verdugos que condenaron a Pedro Domingo Murillo, a quienes le fueron serviles a su sentencia y a quienes fueron funcionales a su asesinato; ese asesinato que se repite; y que revolución tras revolución, ha sido vengado y ha sido denunciado; generación tras generación.
Pero si faltaba algo, fue desafortunadamente, el hecho que, misma la delegación de activistas y comunicadores populares, de la que hacía parte Korol, fue detectada por las autoridades: fue en las cercanías del pueblo Montero; la delegación fue derivada en medio de un clima de tensión, a una comisaria, y luego a una oficina de Migración en Santa Cruz, donde fue amenazada con posibles represalias en caso de practicarse actividades de tono político; y más tarde, tras horas de incertidumbre -por cierto sin la cobertura judicial ni las garantías que corresponderían- fue liberada; como si nada hubiera ocurrido.
Como si nada hubiera acontecido, así de simple; como si en ese país, en esa tierra en la que yo nací hace siete décadas, a los pies del volcán Illimani en La Paz, a casi cinco mil metros de altura, las resistencias fueran ilusiones del pasado, lo que no es cierto, porquer yo mismo lo he presenciado en los días de infancia, antes de instalarme con mi familia en el Uruguay.
El pueblo boliviano que tiene sangre en sus venas sigue en resistencia; ese pueblo boliviano en resistencia con dignidad.
Y como Pedro Domingo Murillo, dejando siempre miles y miles de teas encendidas; que ya son millones; !y que no se podrán apagar!
*Foto de Portada: Instagram