Una grave crisis económica y social tuvo su respuesta popular inmediata
!Es hora de la huelga general! Es la enérgica arenga de los sectores en rebeldía
En la antesala de un estallido social el pueblo pide la renuncia del presidente
Acorde a su genética histórica, el pueblo boliviano vive desde hace más de un mes una más que impactante movilización sindical, minera, campesina y ciudadana, cuya mayor plataforma de lucha frontal al gobierno se centra en la intención de que el actual presidente -de manifiesta corriente centroderechista, y funcional a los Estados Unidos- haga abandono de su máximo cargo, como titular de la Casa de Gobierno (el denominado Palacio Quemado) de la ciudad de La Paz. La rebelión popular se ha venido sintiendo en el país, y en la región, a través de bloqueos carreteros -cerca de un centenar- y manifestaciones en las calles de la capital, y en diferentes puntos de la ciudad boliviana que se encuentra a la falda del volcán Illimani, dentro de un contexto de profundo malestar, por las recientes medidas gubernamentales en desmedro de la población y de los mayoritarios sectores populares, nucleados en la Central Obrera Boliviana (COB), entre otras organizaciones sociales y partidos políticos de la oposición, en su mayoría alineados con el ex presidente y líder indígena y cocalero Evo Morales.
Toda esta tensa situación de rebelión explícita desató una violenta contraofensiva desde el gobierno promulgando una Ley de aplicación de un riguroso estado de Excepción ( un estado de sitio), con la consiguiente represión -que ya se fue dando desde días anteriores- registrándose en las últimas horas la detención de varios dirigentes de las principales organizaciones que participan de la revuelta, estando entre ellos cinco de la COB, siendo un total de 400 detenidos a la fecha, incluso con el saldo de personas muertas. Interrumpido el llamado al diálogo, dado que la represión no se hizo esperar y la rebelión popular ejerció sólida presión al gobierno, el temor a que el estado de excepción genere un golpe de Estado está presente, lo que podría significar un derramamiento de sangre mayor, con un saldo mayor de heridos, y de muertos, y muchos más detenidos; sin perjuicio, de que ya en el correr de las últimas semanas las situaciones de violencia estatal fueron recurrentes y notoriamente excesivas.
Mientras redactamos estas líneas el pueblo boliviano vive horas cruciales; y a nivel del gobierno el endurecimiento de las medidas de fuerza se ha agudizado en las calles y las expectativas de paz, dado el actual panorama, en ese país sudamericano, parecen irse diluyendo con el correr de las horas, y los efectos serían imprevisibles, desafortunadamente.
Bajo la consigna de un “No, a la represión a la rebelión popular” las columnas de campesinos, mineros y cientos de ciudadanos bolivianos ganaron las avenidas neurálgicas de El Alto y de La Paz, y de otros barrrios perifericos de la capital; fueron y siguen siendo días y días de movilizaciones que ponen de manifesto, a toda la región, que una vez más, las violencias en ese país no andan perimidas como expresión del derecho a la rebelión; una rebelión popular, que desde filas gubernamentales fue calificada como el accionar del narcoterrorismo, pero que en realidad obedece a múltiples razones. ¿Cuáles son?
Las políticas neoliberales del gobierno de Rodrigo Paz fueron esencialmente las que desataron la tormenta; los primeros bloqueos de rutas con vehículos pesados se realizaron en El Alto, y en La Paz, y a paso veloz se expandieron a departamentos tales como Cochabamba, Santa Cruz, Potosí y Chuquisaca, sumándose otros dos más, de un total de nueve que están dentro de los límites fronterizos.
Esas movilizaciones fueron visibilizando que en Bolivia, tamaña rebelión popular, no era ni más ni menos que el mensaje ciudadano -de los sectores trabajadores más militantes- dado al presidente -en el lenguaje popular, obviamente- recalcándole su total desacuerdo con su gestión; desde filas gremiales y campesinas interpretaron que el presidente no venía dando soluciones al país, sino que más bien, sostenía una dialéctica y una narrativa distante de la verdad, respaldado en la criminalización de las protestas y en la inmediata persecusión de los dirigentes.
Los shows del presidente
Organizaciones de trabajadores , dentro de esa ya tenso contexto, señalaron públicamnente -desde los primeros momentos de su lucha- que Rodrigo Paz tenía por costumbre convocar a sectores, para encuentros de diálogo, que en definitiva resultaban siendo estériles. A propósito, el dirigente Aquilando Cari Cari, de la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales Originarias de Bolivia declaró a las agencias de prensa internacionales :”El presidente hace shows montados para desviar la situación del país”.
Los sectores populares pedían aumentos salariales, derogación de leyes y combustibles de óptima calidad, y en ese marco la idea de pedir la renuncia de Rodrigo Paz fue tomando forma; el ascenso suyo a la presidencia había significado en ese contexto político el final de dos décadas de gobiernos de izquierda siendo su titular el líder cocalero Evo Morales, del 2006 al 2019 y su sucesor Luis Arce, del 2020 al 2025.
Inevitablemente, según los observadores políticos, todo esa seguidilla de idas y venidas, antesala de la actual rebelión popular -que se estima sería liderada por Evo Morales, en su afán de retomar el poder- era sin duda una acción conjunta con los reclamos de tenor económico y político.
María Teresa Zegada, politóloga, fue muy precisa en sus palabras a los medioa de prensa: “Es un escenario complejo porque han confluido elementos sociales muy legítimos con elementos políticos de inestabilidad que están siendo alentados por el que fuera el partido oficialista, el Movimiento al Socialismo (MAS)", del expresidente Evo Morales”
Militarizar o llamar a elecciones
Y el mismo Morales fue más categórico: “El presidente Paz solo tiene dos caminos: militarizar Bolivia o llamar a elecciones. Sería una decisión suicida militarizar; o finalmente cumplir la pacificación y transición, con una elección en los próximos 90 días, como establece la Constitución, para evitar conflictos con muertos y heridos".
No hay olvidar una situación muy peculiar de Evo Morales: él quedó inhabilitado para presentarse a las elecciones presidenciales del pasado año 2025 con posterioridad de que el Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia ratificara que un funcionario no podía buscar una segunda reelección en el país; en paralelo actualmente Morales tiene una orden de captura, que fuera emitida el pasado 11 de mayo, por el magistrado Carlos Oblitas, quien lo declaró en rebeldía al no presentanse al juicio en contra suyo en un caso de trata de menores, dado que está acusado de haber embarazado a una menor de 15 años, en ocasión de ser presidente de la República; y lo más grave de la acusación es que en qu ella se da cuenta de que los progenitores de la menor habrían consentido la relación como parte de favores políticos y económicos, al parecer otorgados por Evo Morales.
Un deterioro estructural de la economía boliviana
Como se verá, el pesado panorama de rebelión popular en Bolivia, marcó la cancha con toda suerte de bemoles pero que en nada enturbiaron un descontento generalizado por la situación económica y política del país, exigiéndose explíocitamente al gobernante Rodrigo Paz un aumento en el costo de vida.
Cabe consignar que Paz asumió como Presidente de un país sumido en una crisis económica y en consecuencia no hizo otra cosa que defender los recortes de gastos y la reducción de los subsidios a los combustibles, buscando seguramente darle estabilidad a las finanzas públicas. Pero está claro que la política económica que hubo adoptado estuvo notoriamente distante de la realidad y poco apaciguó el airado petitorio populare, el que fue in crescendo, con el correr de los días.
Expertos políticos de la oposición al igual que economistas, y dirigentes sindicales dejaron entrever , en su andanada de reclamos, que desde hace ya algunos años se percibe en Bolivia un deterioro estructural de su economía, causado de hecho por la brutal caída de las reservas internacionales, la menor producción de gas natural y lo que fue peor aún, la escaséz de divisas.
Rodrigo Paz anunció que se iba a rebajar el sueldo
Como un manotazo de ahogado, quizás pretendiendo palear esta situación, Rodrigo Paz hizo el anuncio de cambios en su gabinete y además, de rebajarse el sueldo en un 50 por ciento; oportúnamente desde Sucre mandó un mensaje a la población, que no causó gran receptividad, por cierto:“Quiero avisarles que este presidente junto a sus ministros ha asumido la decisión de rebajarse el sueldo como parte del compromiso con el país, para que sea aporte claro de que Bolivia tiene un presidente y ministros que van a sumarse a ese esfuerzo”
Casi de inmediato, tras este anuncio, sobrevino una respuesta popular de tenor más que distante a la intención gubernamental: se interpretó la medida de Rodrigo Paz, como simbólica y se subrayó, desde los sectores en reclamo, que la rebaja del sueldo del Presidente -de alrededor de 3.400 dólares, o sea unos casi 24.000 bolivianos- no hacía parte de la plataforma de demandas.
El gobierno no ha cumplido
En las calles, avenidas y rutas de Bolivia, en medio de los bloqueos; en medio de las represiones; en medio de las acciones policiales de detener dirigentes, solo se oyen voces de extrema disconformidad con el gobierno, al que consideran como un gobierno que no hubo cumplido el lote de promesas que se expusieron en la campaña electoral. Y esa extrema observación popular, en Bolivia, solo significa una sola cosa: que Rodrigo Paz asuma su catástrofe y que deje la titularidad del Poder Ejecutivo.
Pero en contrario, el presidente, parece abroquelarse en sus ideas y en su puesto, de ahí que aceleró los mecanismos constitucionales para promulgar la Ley de Excepción, para así neutralizar no solo el descontento popular sino la rebelión en las calles , que podría derivar en una huelga general de proporciones.
La represión, entonces, comenzó a campear; los precios del combustible se alzaron y su calidad fue en desmedro, y los precios de los productos básicos aumentaron más aún.
Cabildos abiertos populares
Algunas de las respuestas populares más destacadas, y si se quiere impactantes, se hicieron sentir en los cabildos abiertos , especialmente en uno de ellos: el del Alto, el reciente día 2 de junio, que fue masivo, y donde se resolvió exigir la libertad de todos los detenidos, el cese inmediato de la persecución y las respectivas órdenes policiales de aprehensión . Y ante el avance de una represión feroz, de parte de las fuerzas de seguridad, los trabajadores de las mineras privadas y estatales paralizarían sus actividades para participar de una movilización masiva, contra lo que se consideraría un duro golpe al pueblo trabajador, más aún después de la puesta en vigencia de la Ley de Excepción, que se consideraría como un literal Estado de Sitio impuesto a sangre y fuego, por el gobierno de Rodrigo Paz.
A nivel de quienes están participando de la rebelión popular, la que por otra parte viene siendo dada a conocer por el periodismo internacional, regional, y local, hay una sola ecuación en curso: a mayor represión , mayor resistencia y el final podría ser la huelga general; tal es la recurrente advertencia que está ganando las calles bolivianas, mismo en estos momentos, que escribimos este informe.
Trascendió que la cúpula de la Central Obrera Boliviana (COB) viene haciendo denodados esfuerzos para evitar la huelga general, pero los hechos son más elocuentes y contundentes, y ya sería inminente con el correr de las horas, la vigencia de esa medida de lucha, con todo lo que implicaría.
El apoyo de los Estados Unidos
Pero hubo una decisión gubernamentel -nada saludable- que se hizo notar por parte de los movilizados; un detalle nada menor y nada pacificador, por si fuera poco. Resulta que Rodrigo Paz, dispuso cambios en el gabinete de gobierno, y en ese marco, retiró al Ministro de Defensa actual y lo sustituyó nada más ni nada menos que por un hombre amigo de los estadounidenses, es decir del gobierno de Trump. Se trata de Ernesto Justiniano Urenda quien tiene muy estrechos vínculos con la DEA.
La resolución en cuestión fue la gota que desbordó el vaso, en las úiltimas horas, ya que los movilizados, en las calles, interpretaron esa decisión presidencial como la demostración más flagrante de que todo el quehacer gubernamental no hace más que ser funcional y servil a los intereses económicos de los Estados Unidos.
Y si es el Ministro de Defensa el personaje pro yanki elegido, no se ha descartado que próximamente, no solo será la Policía, la que intervendrá para materilizar represiones, sino que seguramente, acorde a los acontecimientos, también los militares se sumaran a la respuesta violenta estatal, para sofocar la rebelión.
No hay caso, Bolivia vive el péndulo ya histórico en su vida nacional, y por décadas: la violencia política, sumergida no pocas veces en las intrigas del sistema financiero internacional -del capital financiero, inevitable cuando hay funcionarios públicos que se embanderan con un furibundo neoliberalismo de cuño yanqui- que siempre es pórtico abierto para la hecatombe social, donde la respuesta popular ha sido siempre masiva, enérgica, unida y sin complacencias, y por sobre todo, oportuna; respuesta que por otra parte, y felizmente, en Bolivia, constituye un propio y característico emblema de resistenci del pueblo , que va más allá del romanticismo militante.
En Bolivia, y siempre fue así, cuando el pueblo es pisoteado, o avasallado, por los delfines y los lacayos del poder del país del Norte abrazados a los intereses oligárquicos y antipopulares, calles , plazas, rutas y ciudades se ven siempre repletas de hombres y mujeres, estudiantes y familias, en resistencia. Ha sido siempre así; ha sido y sigue siendo el sello del pueblo boliviano, en particular de los trabajadores mineros.
Lisa y sencillamente porque los campesinos, de poblaciones indigenas ancenstrales, han conocido de sometimientos en todo lo extensa de su historia, y ya hoy, no toleran más esos abusos, y esos atropellos; porque tienen sangre en las venas y nos son híbridos e indiferentes.
¿Se avecina un levantamiento popular en extremo ?
Dados los hechos, no nos cabe otra reflexión que la que apunta a la eventualidad de un levantamiento popular de proporciones, que solo podrá ser neutralizado por la renuncia de Rodrigo Paz; pero una terquedad suya, de mantenerse en el poder de negarse a un llamado de elecciones, dejaría un saldo de represión teñida en sangre.
El estado de ánimo boliviano no está abrazado , ni a la sumisión , ni a la represión; está, sino que , a juzgar a lo que en Bolivia se ve hace ya más de un mes, más bien está abrazada a una inconfundible y tenáz resistencia.
El gobierno norteamericano, obviamente, ha demostrado en medio de los días de resistencia y de represiones, su apoyo al gobierno de Rodrigo Paz. Un hecho más bien, estremecedor y patético.
¿Será viable entonces el estallido social ?. Todo indicaría que el próximo paso sería ese; y desafortunadamente, en consecuencia, al estallido, sobrevendría un baño de sangre.
La resistencia popular y su costo; es una ecuación que duele, pero es el precio de la libertad. No hay otra; especialmente cuando el abuso, el autoritarismo y la deslealtad institucional se da la mano con el imperio y con el capital finaniciero, haciendo estragos a la población.
Es cuando la ya recurrente lucha de los pueblos sudamericanos, una vez más, dice presente, en tono de resistencia generalizada y unida.
*Foto de Portada: Twiter