Estimado Papa Misericordioso:
Somos las madres de las víctimas de la hermana Mariangela Farè, el padre Francesco Caramia, el padre Giuseppe Rugolo, el padre Carlo Botero, el padre Luigi Gabbriellini, el padre Vincenzo Calà, el padre Livio Graziano, el padre Nello Giraudo, el padre Luciano Massaferro y muchos otros. También nos acompaña Erik, hijo del sacerdote pedófilo Pietro Tosi, y varias exmonjas violadas por sus sacerdotes.
Usted habla de misericordia para los sacerdotes pedófilos y violadores, y perdónenos que preguntemos: ¿por qué, ya que está en ello, no incluye también a los pedófilos de Epstein en su lista? Además, en su caso, son evidentes los numerosos contactos que mantuvo con su ciudad, el Vaticano. Pero explíquenos por qué deberíamos tener misericordia de quienes mataron las almas y la inocencia de nuestros hijos.
Usted, aun siendo Papa, no se da cuenta de sus palabras. Nosotros, como madres y padres, nos sentimos ofendidos por usted y, desde hace tiempo, también por su Iglesia, que nos abandonó después de la denuncia. Usted sabe bien que sus misericordiosos pedófilos han destruido la vida de tantas niñas y niños, muchos de los cuales encontraron en la muerte su única salida. Los más afortunados, sin embargo, han encontrado dolor, sufrimiento, miedo y desesperación; son los que sobreviven... pero ya no viven.
Nosotros, los padres, hemos muerto con ellos, porque sus misericordiosos sacerdotes pedófilos, para satisfacer su inmunda perversión sexual, como usted mismo bien sabe, no destruyen solo a la víctima: no, querido Papa, destruyen a sus familias junto con nuestros hijos.
¿Por qué, querido Papa, no pronuncia ni una sola palabra sobre brindar ayuda concreta a las víctimas de abuso sexual por parte del clero? ¿Por qué? ¿Sabe que, por culpa de sus misericordiosos pedófilos, se destruyen también la fe y las creencias de las familias?
Sí, crecimos con fe, se la transmitimos a nuestros hijos y, a cambio, sufrimos un dolor insoportable, la traición de aquellos en quienes habíamos depositado nuestra fe inquebrantable. ¿Cree que Dios aprobaría todo esto? Si yo estuviera en su lugar, me haría una pregunta.
En el Evangelio de Mateo 18:6, Dios dice: "Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le ataran al cuello una gran piedra de molino y lo arrojaran al fondo del mar". Este es el valor que Jesús le dio a los niños, el valor del Reino de los Cielos, que exige respeto y protección absoluta para ellos. ¿Acaso sus misericordiosos sacerdotes pedófilos respetaron las palabras de Jesús?
¿Y usted? ¿Respeta la justicia que Jesús reservó a estos niños?
¡No, no y no!
¿Cómo puede usted, querido Papa, pedir clemencia solo para los sacerdotes pedófilos? También debería pedirla pora usted mismo y para quienes lo precedieron. Considere seguir las palabras de nuestro Señor y proteger a las víctimas. Solo así nosotros, padres y madres comunes, recuperaremos la fe en la Iglesia y dejaremos de sentirnos discriminados y abandonados como ahora.
Saludos cordiales.
*Tomado de: Coordinamento famiglie
*Foto de Portada: © Imagoeconomica