Viernes 13 Marzo 2026

En la Argentina, fuerzas policiales de la Provincia de Santa Fé (hay temor en filas gubernamentales de Buenos Aires que la situación se extienda a otra provincias) viven un clima de tensión, siendo protagonistas de un contundente reclamo al gobierno provincial y central, de mejoras salariales, al tiempo de denunciar actos de corrupción de sus jefes, orientando como responsable de todo ese caótico panorama al MInisterio de Seguridad, especialmente en el período en el que la titular era Patricia Bulrich, aunque hoy la ministra de turno, Alejandra Monteoliva, seguiría en la misma linea. La piedra del escándalo o si se quiere el puntapié inicial público y mediático de estos reclamos desde la interna de las fuerzas policiales, habría sido dado en la mañana del pasado miércoles 4 de febrero, cuando un Cabo de la Policía Federal Argentina, Miguel Montiel, se esposó a las rejas de la Casa Rosada en Plaza de Mayo -portando su arma de reglamento en el cinto- y desde allí mismo, junto a una persona y portando una pancarta hizo público todo ese contexto de crisis salarial dentro de la fuerza policial a la que pertenece, y que comprendería además a otras reparticiones. Y tanto fue el efecto de ese accionar del Cabo Montiel a las puertas mismas de la Rosada que ahora mismo, al momento de redactarse estas líneas, en la jornada de este martes 10 de febrero, en Rosario la situación parece estar complejisándose más aún ya que la prensa local venía dando cuenta, por ejemplo, que desde la noche anterior en Rosario la protesta policial habría involucrado a unos 200 agentes, 50 patrulleros, y un centenar de motos de la Brigada Motorizada, los cuales se instalaron en las puertas de la Jefatura de Policía rosarina, registrándose algunos episodios de tensión , principalmente cuando hubo allí una quema de cubiertas y tensos diálogos con jerarcas del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Santa Fé. En paralelo, el titular de esta cartera Pablo Cococcioni admitió, ante el insistente requerimiento periodístico, que dentro de esa situación la custodia en las calles estaba siendo notoriamente resentida.

Era más que obvio, en la Argentina de nuestros días, que más tarde o más temprano esta situación se iba a dar, dado el contexto social y dado que desde la administración Milei no son nada pocas las medidas que de una u otra forma, y a diferentes niveles, y con diversos métodos, no hacen otra cosa que cercenar posibilidades de subsistencia laboral, entre los milones de trabajadores argentinos. Pero al parecer ahora, toda ese ramal de recortes y agresiones al tejido social laboral argentino, también alcanzó a las fuerzas de seguridad, cuyos salarios no serían en absoluto dignos para su labor, se estima dentro un parámetro de fuerzas policiales constitucionalistas y democráticas, aunque la realidad resultaría ser otra, desde el momento en que en los úitimos meses las fuerzas policiales al servicio del poder, no hicieron más que reprimir violentamente movilizaciones de trabajadores en el marco de reivindicaciones salariales legítimas.

Ahora les llegó el turno a los policias; viven su movilización, sus entremeses de su vida a la sombra del Ministerio de Seguridad de la Nación, con el sello Bulrich y todo un entorno non santo. Ahora les toca a ellos. A ellos, los que miércoles a miércoles golpean a los trabajadores que luchan en las calles por similares reclamos. Ahora les toca a ellos, que , como ocurrió en Rosario, debieron rodear la Jefatura y quemar cubiertas, siendo igualmente reprimidos pero no con la violencia que se ejerce en las movilizaciones de trabajadores fuera de la órbita policial; y a propósito se consignó que muchos compañeros de la institución de uniformados se resistieron a cargar sobre ellos; y en esa movida se registraron algunos empujones, algunas escaramuzas, pero sin mayores consecuencias, proliferando sí, los sirenazos y los cánticos.

Dentro de este estado de situación cabe compartir con el lector el testimonio de un suboficial retirado de la fuerza policial bonaerense, en capital, obtenido hace dos años; sus palabras ya en aquel momento fueron elocuentes y si se quiere proféticas; fueron un descarnado resumen del ambiente laboral dentro de la Policía a nivel nacional.

En un diálogo con un periodista de Página 12 puntualizó: “El ambiente es muy malo Vos le estás pidiendo a los efectivos que combatan las drogas o que peguen en las marchas, cuando les estás pagando menos que a un empleado de la limpieza. Esto tal vez no explote el 15 de marzo, pero es insostenible”.

Los sólidos argumentos en capital

Desde el momento mismo que el Cabo Montiel resolvió esposarse en la reja de La Rosada, no solo su destino ya estaba echado sino que además el problema en sí ya había alcanzado un muy alto nivel de difusión y era indiscutiblemente de una gran magnitud. La acción desesperada de Montiel no fue un hecho aislado. Sería un error considerarlo así, al menos desde afuera del Ministerio de Seguridad, desde cuyas entrañas se dijo pestes de Montiel: salieron a decir que Montiel tenía una carpeta psiquiátrica desde hace 2 meses, que retomó el servicio y por esa razón estaba con el arma; al poco tiempo de encadenarse, mucho antes de finalizar la jornada, y quizás mientras en la zona del Congreso sus colegas estaban apaleando y gaseando al sacerdote “Paco”Olveira y a otras personas, él ya estaba bajo la órbita de Asuntos Internos desde donde ya se fue repartiendo la noticia de que su carrera había llegado a su fín. Pero en realidad, salvo esa noticia -de hecho nada saludable para los Montiel- lo que no había llegado a su fín había sido la movilización policial; más bien, recién estaba comenzando, y avanzando por todo el territorio argentino. Y por si fuera poco ya desde unos 20 días atrás, por las redes, ese reclamo ya estaba sobre el tapete, y agendado con convocatorias para un acuartelamiento para el próximo 15 de marzo y por tiempo indeterminado. ¿Qué ocurrirá el 15 de marzo en realidad? Reina la incertidumbre y ya un clima de tensión, que sería su prolegómeno, de consecuencias insospechadas.

La protesta de Montiel y el tenor de esas convocatorias vizibilizaron un reclamo puntual: “resolverse un salario digno, acorde a la realidad; el funcionamiento de la obra social; y que se brinden herramientas para poder trabajar”.

En Buenos Aires ya había reclamos concretos. Muchos motivos para la protesta: los bajos salarios de los suboficiales que luego de sus horas como uniformados ,se veían obligados a trabajar como choferes de aplicación para llevar más ingresos a sus hogares; entre los policías armados y los desarmados hay diferencias salariales; los efectivos de la Policía de la Ciudad gana mucho más que quienes integran filas de la Policía Federal; porque los desarmados a fin de mes solo cobran 750.000 pesos; para ganar 1.500.000 pesos los policías armados deben trabajar entre 10 y 12 horas; alrededor de esas diferencias salariales hay nítidos frisos de corrupción a nivel de los mandos: como por ejemplo los “destinos fantasmas”, es decir, que en una de las estaciónes de trenes se asignan 10 efectivos para el control, pero en verdad van solo 5 y los otros 5 son policías que arreglan con un jefe y que no prestan el servicio, y les pagan una “comisión” al jefe, acto que es difícil de probar; porque la “obra social” es poca; según versión de numerosos unifomados, solo habría dinero para ese show que llaman Dirección Federal de Investigaciones (DFI) con el cometido de plantar allí un similar al FBI estadounidense, que no lo es, ya que se trataría de una escenografía de cartón, donde más bien hay chalecos con siglas DFI o vehículos ploteados pero que no se ajustan a la realidad; solo hay dinero para ese show y para la compra de munición antidisturbios, siendo que para el resto no hay presupuestos, de ahí que faltan móviles, faltan chalecos, faltan proyectiles y, muy especialmente, faltan buenos salarios.

En Rosario los policías se fueron al maso y fueron reprimidos con gas pimienta

La movida de Montiel , esposándose en la Casa Rosada que no fue poca cosa, articuló y puso sobre el tapete público una muy grave crisis dentro de filas policiales; crisis extendida en todo el territorio y que en las últimas horas cobró magnitud, por ahora al menos, solo en la provincia de Santa Fé; por ejemplo en Rosario y algunas localidades.represionargentina2

Desde Rosario, nuestros corresponsales nos han señalado que las fuerzas policiales realizaron un “sirenazo” que no paso para nada inadvertido en la ciudad, registrándose protestas de efectivos durante la madrugada; protestas que se realizaron también en la capital provincial.

El epicentro de las protestas en Rosario se concentró en los alrededores de la Jefatura; como decíamos en el acápite, dos centenares de policías, patrulleros y personal asignado a motos fueron los protagonistas de la protesta; hubo quema de cubiertas y algunos encontronazos con colegas que respondiendo a sus superiores procedieron a interponense, mediante empujones y escaramuzas callejeras, con algunos momentos de represión, con gas lanzado a los manifestantes.

Trascendió que se sumaron a la movilizaciones policías que venían haciendo patrullajes, los que se sumaron a policías retirados y familiares de funcionarios en actividad: Un único reclamo se oyó en la protesta: aumentos salariales y mejoras en las condiciones laborales; y en particular un salario que cubra la canasta básica total.

Las manifestaciones también se hicieron sentir en Santa Fe, Reconquista, Vera, San Lorenzo, Casilda, Recreo, Santo Tome, San Javier y Avellaneda.

Las informaciones dan cuenta que los últimos incrementos salariales fueron de un 1% al mes y que para poder recuperarse se debía realizar adicionales y trabajar con apenas 24 horas semanales de descanso. Una agente policial , protagonista de la movilización fue categórica en señalar: “Por ejemplo este lunes 9 de febrero, por orden de la superioridad (los policías que se manifestaban) fueron reprimidos por sus compañeros; las que estábamos en primera fila eramos las mujeres y esta vez, por orden del jefe (los efectivos) avanzaron y nos arrojaron gas pimienta” . En ese contexto la funcionario dijo que algunos policías se negaron a reprimir a sus compañeros de fuerza.

El periodismo local informó, que si bien a nivel del Ministerio de Seguridad a través de su titular, se reconoció la legitimidad del reclamo, igualmente se dió pase a retiro a una veintena de funcionarios, hecho que obviamente afecto el patrullaje de la ciudad.

El Ministro Pablo Coccocioni, en conferencia de prensa afirmó que a raiz de los hechos de protesta se iniciaron actuaciones penales y administrativas, destacando que esas acciones ilegales pusieron bajo riesgo a la población.

En las últimas horas, a partir del día martes, reinaba un clima de tensión e incertidumbre, y a nivel ministerial se procuraba mantener ordenada la cadena de mando; al mismo tiempo desde filas de los manifestantes se afirmó que se había cortado el diálogo y que habian agresiones contra familiares de policías.

Mientras desde filas del Ejecutivo se enfatizó que no se cederían ante extorsiones que afecten la seguridad pública, desde filas de los manifestantes en Rosario la versión tuvo otro color.

Según redactores de La Voz, Gabriel Sarla, vocero de la policía en protesta, rechazó de plano las acusaciones de intencionalidad política o desestabilización. Se afirmó que el conflicto se profundizó porque el Gobierno interrumpió las comunicaciones tras una reunión inicial. Asimismo Sarla denunció un episodio de represión frente a la sede de la Fiscalía durante una Vigilia pacífica luego de prenderse velas en memoria de los suicidios que hubo dentro de integrantes de la Policía: “En esta oportunidad el Jefe de Policía comenzó a reprimir a la gente, es decir a familiares y personal retirado”

En otro momento los manifestantes desmintieron la versión oficial de que los sueldos de la policía santafesina fueran altos: “Esa información es totalmente errónea. Un agente recién ingresado percibe entre 800 y 900 mil pesos argentinos, mientras que un oficial con 15 años de antiguedad no supera el millón cuatroscientos mil pesos”.

Tal un panorama que en estos momentos tiene en vilo al gobierno central de Javier Milei -aunque no lo admitan oficialmente- porque se teme que la llama de la protesta se exienda como se extiende un incendio forestal, de acuerdo a los vientos que soplan. Y los vientos que soplan a esta altura de los acontecimientos, son de protesta generalizada, más aún cuando hay una fecha en el horizonte: 15 de marzo, momento de un masivo acuartelamiento de fuerzas, que de hecho tendrá sus consecuencias.

Hoy, el deterioro institucional en la Argentina tiene este rostro; un rostro que se suma al que ya conocemos todos en la Argentina de hoy, donde el sinónimo de protestar legítimamente es recibir golpes, perder un ojo, convulsionar o estas detenido por horas soportando el destrato policial.

Pero ahora les tocó el turno a quienes destratan y abusan de la población civil; es un signo de patetismo gubernamental y de que cuando se juega con el hambre ciudadano, el poder se da de bruces con sus propios esbirros, con sus propios satélites, con sus propios brazos armados.

La cuestión sería ponernos todos de acuerdo, que es la hora de resistirnos todos al fascismo puro y voraz como es este, y hoy campeando entre los argentinos. Pero no sé si nos pondremos de acuerdo, porque me huele que una vez que los reclamos sean satisfechos, si es que eso ocurre, los palos y los gases , y los destratos, seguirán estando presentes.

De eso estoy seguro, lamentablemente. Ojalá me equivoque.

*Fotos: Extraídas de Cadena 3