Horror: un pinochetista de raza ahora es el presidente de Chile
“Chile espera cambios profundos y José Antonio Kast pide paciencia:’No les prometo magia”, Clarin de Buenos Aires: “Kast entrega su primera señal en política exterior y se reúne este martes con Milei”, La Tercera de Chile; “El ultraderechista José Antonio Kast electo presidente de Chile: hay que organizar desde abajo la respuesta” La Izquierda Diario de Chile; “Chile.Giro hacia la ultraderecha: Kast se impuso por amplio margen y será presidente” Resumen Latinoamericano; “El pinochetismo retorna al poder”por Atilio A.Boron de Página 12, Argentina; “Quién es Kast, el ultraderechista que venera la dictadura de Pinochet y será presidente” Montevideo Portal de Uruguay; “José Antonio Kast fue electo presidente de Chile.El nuevo mandatario trasandino será el más derechista en ejercer el cargo desde el retorno a la democracia tras la dictadura de Pinochet”, La Diaria de Uruguay; “Cómo quedó el mapa político de Sudamérica tras el triunfo de José Antonio Kast en Chile.Cuando el líder del Partido Republicano se siente en el sillón presidencial, Chile pasará a ser el sexto país de la región que pone al mando a un líder a la derecha del espectro”, El Pais de Uruguay; “Chile. El regreso de la ultraderecha y el callejón sin salida de la izquierda atlantista”, por Geraldina Colotti de Resumen Latinoamericano.
Títulos del periodismo internacional de todos los colores y sabores, e insabores, tras el triunfo presidencial de José Antonio Kast, que lo hizo titular en el Palacio de La Moneda de Santiago, con un 58.16 por ciento de votos a su favor contra la propuesta de la izquierda chilena, en la persona de Jeanette Jara, que solo obtuvo el 41.84 por ciento.
Cifras contundentes, y muy bien diferenciadas en una pulseada, que tiene más de lo significativo, que de lo estadístico y determinante, tomando en cuenta que en Chile, el pinochetismo, que había sido hecho a un costado (¿y de verdad, alguna vez estuvo a un costado?) con el correr de los años, tras el advenimiento democrático, luego de las oscuridades del golpe militar de Augusto Pinochet Ugarte del 11 de setiembre de 1973, prácticamente se mantuvo impoluto en la arena política chilena, quizás no organicamente, pero me temo que sí, y mucho, ideológicamente.
El mensaje de mi amigo
Poco antes de redactar este material un amigo chileno por quien tengo una gran estima y valoración, por su militancia -junto a su esposa- en contra de lo que fue el repulsivo régimen militar que soporto su país por varios años, con el sello de la muerte y del saqueo generalizado, me escribió espantando, con una sola expresión, concreta, rotunda, y dramática, tras el resultado electoral: “Hemos tocado fondo”.
Seguramente en su afán de desahogarse ante la noticia que todos en Chile ahora comentan o analizan o reflexionan -los unos en tono de algarabía y festejo, y los otros en tono de rabia, desasón, desesperanza y asombro- mi amigo fue notoriamente extremo y lapidario en su mensaje; y no halló de mi parte más que un balde de agua fría, a la hora de darle mi respuesta, mi parecer. Quizás pretendía que yo me sumara a sus palabras. Pero no fue así.
“Después del 11 de setiembre creo que Chile nunca salió del fondo. No existe más la izquierda verdadera desde hace décadas. Todo es lo mismo”, fue mi lacónica expresión en tono de contestación.
Y ahora la amplío, porque cabe una ampliación.
Siempre el pueblo chileno, tras la caída de Salvador Allende, estuvo dividido, o mejor dicho, se dividió aún más. La siniestra presencia del régimen de Pinochet, su personalidad, y todo lo que él mismo, y su entono significaron para el país (y la región) marcó a fuego y violencia, y autoritartismos, las estructuras de la democracia que sobrevino una ves que se llamó a las urnas electorales, tal como ocurrió el pasado 14 de diciembre, una vez más desde que comenzó a vivirse en Chile dentro de un Estado de derecho y sin la bota castrense encima de todos; sin el pinochetismo sobrevolandolo en todo y por encima de todos, y en medio de todos. Y la única respuesta a esa situación se depositó en una izquierda, que salvo excepciones, en su accionar no fue, a mi entender, verdadera; un fenómeno dentro de esa corriente, que ya se viene observando, desde hace tiempo, no solo en Chile, sino en la región, y a veces allende el Atlántico; una izquierda mimetizada (o infiltrada) por una derecha voraz, destructora y allá en Chile, pinochetista, pero pinochetista en extremo.
La promesa de cambio
¿En algún momento en Chile hubo democracia sin pinochetismo? ¿ El pinochetismo fue puesto a un costado, y estuvo enterrado bastantes metros de tierra hacia abajo? Nada de eso ocurrió. Ocurrió sí, que el pinochetismo se mimetisó con la democracia, se sumó a ella, y luego, con identidad y sutileza propia, acomodó sus piezas, pero sin violencias, más bien, con la complacencia de las y los políticos que la subestimaron (y hasta le abrieron paso descaradamente) o se creyeron que la habían apartado del camino, cuando en realidad lo adularon , y a tal punto que, esa ideología, ese régimen con el apellido del dictador, no hizo otra cosa que vestirse de democracia y la fue erosionando con la elegancia propia del sistema político; y así, paso a paso, año tras año, y casi sin disimulo, le hizo creer a todos que estaba fuera de servicio, siendo que en realidad y gústenos o no, el pinochetismo nunca estuvo ni fuera de servicio, ni mal herido, ni en desuso, ni pensionado, más bien y sencillamente, gozaba de muy buena salud. Y las evidencias de todo ese su comportamiento fueron múltiples.
Mi amigo, no se quedó con mi respuesta; me sumó al primer mensaje por WhatsApp otro, que trascribo textualmente, porque lo vale y mucho: “35 años administrando el modelo, siempre con la promesa de cambio, el que nunca llegó, y por eso volvimos al punto de partida.Hoy, la mayoría de quienes habitan este país vive para trabajar. Se sobrevive entre jornadas extensas, deudas permanentes y una precariedad normalizada. Falta tiempo y falta calma: para reflexionar, para cuidar a los propios, para habitar la vida con presencia, salud, dignidad y alegría, Este modelo no promueve la libertad, ni la comunión, ni la comunicación, ni la salud, ni la paz. Su núcleo es otro: la enfermedad convertida en mercado, la deuda como forma de control, la guerra como amenaza latente y la restricción de la libertad como mecanismo de orden.Existe un consenso silencioso, amplio y transversal: la mayoría de los habitantes de este país y este planeta estamos cansados. Cansados de una forma de convivir que fragmenta los territorios, agota a las personas y mercantiliza cada dimensión de la existencia. Son pocos o quizás me equivoco, los que quieren un cambio real en la manera de vivir en sociedad, más allá de los nombres, los rostros y los turnos en el poder. Desde esa convicción profunda, desde la consecuencia en el pensamiento y la acciòn, no desde la indiferencia, sino desde la responsabilidad ética, tenemos un sistema que no ofrece alternativas estructurales reales”
Geraldina Colotti: “ El callejón sin salida”
También lo vale, y por eso lo comparto con los lectores, un tramo muy significativo del escrito de la colega de Resumen Latinoamericano, Geraldina Colotti, en su artículo editorial “El regreso de la ultraderecha y el callejón sin salida de la izquierda atlantista”.
“El análisis crítico no puede ignorar la «simetría obscena» de las campañas electorales: el terror anticomunista de los años sesenta, con los fantasmas de Stalin y de los carros de combate, se reflejó en el llamado de la izquierda actual a «detener el fascismo». Ambos discursos operaron sobre el mecanismo psicológico del miedo, llevando a un voto negativo y a la esterilidad política. Jara no prometió una transformación convincente; prometió no ser Kast. Una victoria que, según el intelectual Peterson Escobar, habría concedido otros cuatro años de «administración tibia del desastre, de concesiones permanentes al capital, de mantenimiento de las estructuras de dominación con un rostro amable». Una victoria pírrica que solo habría pospuesto el ajuste de cuentas con las ilusiones progresistas”
“La derrota, por amarga que sea, pone ahora a la izquierda ante la necesidad de recuperar al menos el proyecto político del socialista Allende que, aunque no fuera un Fidel Castro, ponía concretamente en el centro la cuestión social y la anticolonial, y no la gestión tibia del neoliberalismo”
“El triunfo de Kast, hijo de un proyecto transnacional mucho más estructurado que una simple anomalía local, fue recibido inmediatamente con júbilo por la internacional del odio. El presidente ultra de Argentina, Javier Milei, fue uno de los primeros en felicitarlo. Pero la señal más inquietante vino de Washington: Marco Rubio, secretario de Estado de los EE. UU. y figura prominente de la Administración de Donald Trump, declaró que «los Estados Unidos esperan colaborar con su Administración». Este alineamiento revela que Kast no es un fenómeno espontáneo, sino la «filial local» de una estrategia global, apoyada por redes ultraconservadoras como el Foro de Madrid, el Yunque y la Political Network for Values, finalizadas a una restauración reaccionaria que desmantele los derechos conquistados desde 1945”
“Mientras Kast se alinea explícitamente con la hegemonía estadounidense en declive y su proyecto restauracionista, la alternativa de Jara había quedado atrapada en el atlantismo. Analistas como Pablo Sepúlveda Allende o Escobar consideran que Chile necesita una política exterior que mire al Sur Global, integrándose en los BRICS y recuperando la UNASUR y la CELAC, para diversificar su posición internacional. Por esto, advierten que la presidencia Jara habría continuado sufriendo las presiones de Washington y del FMI, quedando vasalla de un modelo de dependencia que el thatcherismo del siglo XXI deja gestionar al centro-izquierda para luego presentarse como la única alternativa al «desastre» administrado”
El conflicto Mapuche
“El triunfo de Kast plantea un interrogante dramático e inmediato respecto al conflicto Mapuche en la macrozona Sur. Los Mapuche, cuya lucha por la autodeterminación y la restitución de las tierras ancestrales está históricamente ligada a la resistencia contra el Estado chileno y la expansión capitalista, han visto en el gobierno progresivamente cerrarse la posibilidad de una tibia apertura, si bien insuficiente para desactivar la violencia estructural y la militarización”
“El programa de José Antonio Kast, centrado en la «mano dura» y la defensa de la propiedad privada, no prevé mediaciones. Por el contrario, se vislumbra un endurecimiento de la militarización de la Araucanía y una criminalización sistemática de la protesta indígena. Su visión de «orden» y «seguridad» está indisolublemente ligada a la lógica extractivista y de explotación de los recursos naturales.Bajo Kast, la demanda Mapuche será tratada no como una reivindicación histórica de derechos y autodeterminación, sino como un mero problema de «terrorismo» interno a reprimir. Este enfoque, que se asemeja directamente a las políticas de la dictadura, promete agravar el conflicto, convirtiéndolo en uno de los frentes de resistencia más agudos que la izquierda y los movimientos sociales deberán enfrentar a partir del 11 de marzo de 2026. El ascenso de un pinochetista al poder no puede sino significar un recrudecimiento de la violencia estructural contra las naciones originarias y un látigo de mayor violencia sobre los hombros de quienes producen la riqueza”.
Los hechos son contundentes, como las reflexiones de cientos y cientos, miles y miles de chilenos y chilenas, que coincidirán seguramente con el artículo de la colega Colotti; y por si fuera poco, con el mensaje que me mandó mi amigo, que no es otro que mi querido redactor Claudio Rojas, quien ocasionalmente nos colaboraba en Antimafia Dos Mil.
En definitiva, Claudio, no hemos tocado fondo, y te insisto, porque creo que siempre se estuvo en el fondo; nunca se rompieron las cadenas del pinochetismo, el que por otra parte se fortaleció con las ideologías a fines, de la región y del mundo; y si a ese factor exógeno, no hubo un sólido estrechar de filas, pero un verdadero cerrar de filas, hoy se ven los resultados. Pero además, y es dramático, ese pinochetismo fue superado, por el sionismo, el capital financiero criminal, y un fascismo recalcitrante. Horror.
Habrá que seguir luchando entonces, y como se leía en uno de los titulares del comienzo habrá “que organizar desde abajo la respuesta”; y yo agrego, también las resistencias.
No hay otra.
*Foto de Portada: Wikipedia