Recientemente despedimos a Mariela, quien fuera militante de la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas e impulsora del proyecto cultural y socialista Casa Marx en Montevideo, pero también militante de múltiples luchas como la defensa del agua y la vida, y la causa Palestina.
El pasado lunes 13 de octubre falleció Mariela Hernández repentinamente, dejando en su familia y sus compañeras y compañeros de militancia un vacío enorme.
Mariela era conocida por su alegría, por su sinceridad y frescura, y también por su firmeza en sus convicciones y su compromiso militante con las causas sociales. Sensible a las injusticias, odiaba profundamente a este sistema capitalista y pretendía construir otra sociedad sin explotación ni opresión. La gustaba la música, la sociología, el arte y las salidas con gente amiga.
Es así que el pasado sábado se realizó en Casa Marx un homenaje donde hubo poemas, canciones y palabras de recuerdo. También hubo anécdotas compartidas, risas, llantos, y una sensación de que Mariela seguía habitando la Casita Marx, que ella supo construir.
En el homenaje estuvieron presentes su familia, sus amigos y amigas, personas que fueron muy significativas para Mariela y que la acompañaron durante toda su vida, y también muchos compañeros y compañeras de militancia que quisieron participar y brindar su testimonio y su sentir.
Durante todo el evento se reivindió a Mariela como una mujer comprometida, que siempre buscaba construir colectivamente una salida a este sistema social, y se reafirmó la necesidad de continuar su camino de lucha, tomando la bandera anticapitalista y socialista.
El homenaje terminó como le hubiese gustado a Mariela, con música y hasta con baile, donde el encuentro de abrazos dio paso a la expresión artística y al movimiento.
Queremos agradecer profundamente a todas y todos quienes acompañaron este importante y sentido momento, en especial a las y los artistas que brindaron su cariño y respeto. Queremos mencionar a María Olivera, Christian “Basqüadé” Inchalá, Magia Negra Squad, Selekta Mezcla, Ache A y La Diabla.
Dejamos a continuación las palabras con las que Karina Rojas, integrante de Pan y Rosas, despidió a Mariela.
“¡Qué decir de nuestra compañera! Militante de todas las causas sociales, sensible a las injusticias, a las múltiples opresiones y convencida de que la lucha es el único camino para nuestra liberación, esa era Mariela.
De muy joven inició sus primeras armas militantes en el Partido Comunista, siguiendo la tradición combativa de su familia. Y se desencantó, como muchas y muchos, al ver que ese partido se transformaba en reformista, en amigo del poder, y que a su interior no había una verdadera democracia partidaria sino más bien que la política seguía los vaivenes pragmáticos de la dirección, que a su vez seguían ordenes de afuera, y abandonó sus filas.
Y, como tanta gente, inclinó su militancia hacia los movimientos sociales, intentando encontrar un lugar de construcción colectiva, horizontal y autogestiva.
En el marco de la lucha ambiental, supo defender el río Santa Lucía, de donde ella era, supo enfrentarse a UPM, a los proyectos de hidrógeno verde, y a toda intención de este sistema de mercantilizar los bienes comunes de los territorios. Supo enfrentar la contaminación y el uso indiscriminado del agua de la depredación empresaria y la complicidad gubernamental.
A Mariela le preocupaba el cuidado de las autonomías territoriales, la defensa de la identidad de las comunidades, la preservación del ecosistema, la protección de la vida.
Mariela, la mujer que ponía el cuerpo, la mujer que siempre estaba, la mujer que sostenía la bandera, la pancarta, que organizaba, que responsablemente cumplía con sus compromisos miltantes.
Mariela llevaba una vida para la lucha, y era feliz … Como la misma familia lo reconoce, Mariela optó por dedicar su vida a cuestionar la mediocridad del sistema en el que vivimos, y a buscar una alternativa. Y frente a cualquier salida individualista, ella apostaba siempre a lo colectivo.
Qué gran ejemplo para las nuevas generaciones, que están tan invadidas por ideas individualistas, ideas de la antipolítica, de la meritocracia … esas ideas de mierda con las que las clases dominantes pretenden llenarle la cabezas a nuestres gurises … Mariela era el ejemplo contrario y, en vez de quedarse tomando mate en su casa, dedicaba todas sus energías en la lucha social, colectiva y autoorganizada.
A Mariela la conocimos en esas múltiples luchas, por el agua, por los derechos humanos, por Palestina, contra la represión policial, contra la violencia machista … ella siempre estaba ahí, firme, para poner el cuerpo, apostando a la construcción desde abajo.
La crisis hídrica y el “no es sequía, es saqueo” nos unió más, ya que integramos la asamblea de Autoconvocades, donde dimos mil peleas juntas para que el movimiento se masifique y que pueda ser tomado por sectores de la clase trabajadora, aunque cuidándonos bien de que no sea manipulado por las direcciones burocráticas que solo querían domesticar el movimiento y ahogarlo en presiones tibias al gobierno.
Todas las luchas que encaró Marie las hizo desde una perspectiva anticapitalista, y eso es lo que la llevó a militar en Pan y Rosas y en Casa Marx. Su profunda y clarividente visión de que la lucha ambiental y la lucha de las mujeres debían seguir un camino que enfrentara profundamente al sistema capitalista, y que lo superara, era lo que guiaba su militancia. Ella sabía perfectamente que el capitalismo podía darnos apenas unas migajas, y que nosotras queríamos todo, queríamos el pan, las rosas y la liberación de toda explotación y opresión.
Así, nuestro feminismo socialista, aquel que retomamos de nuestras precursoras Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y Alekandra Kollontai, confluyó con la energía, la vitalidad y el espíritu de lucha de Mariela.
Mariela tenía la capacidad de combinar perfectamente el espíritu inquebrantable de lucha con el cariño de esa compañera que no te deja sola, de esa amiga que te hace el 2, de esa luchadora que pone el pecho frente a la represión y a la violencia organizada del estado opresor.
Mil anécdotas nos recuerdan esa voz ronca, esa sonrisa fácil, esa mirada cómplice. Mariela te hacía reir hasta en las situaciones más estresantes. Mariela te daba un consejo cuando parecía que no había salida. Mariela te acompañaba cuando estabas sola. Esa era Mariela.
Siempre fue una persona abierta al diálogo, a escuchar otras ideas, otras posturas, a aprender de otros saberes. Y ese espíritu inquieto la llevaba a leer muchas cosas. Así, confluimos en armar grupos de estudio de marxismo, donde Mariela no solo aprendía sino transmitía su propio saber, y en ese intercambio, ganábamos todas.
Con Mariela supimos armar proclamas para el 8 de marzo, para el 1 de mayo, para difundir en redes nuestras posturas … siempre intentando hacer síntesis de nuestras distintas sensibilidades. Y esto lo marco para resaltar ese espíritu constructivo e inclusivo que ella tenía.
Marie abrazó el proyecto de Casa Marx y se puso al hombro la concreción del mismo. Siempre lo pensamos como un proyecto que nos permitiera un diálogo con sectores de la juventud, que capaz estaba más alejada de la militancia, pero queríamos llegar a mucha gente que, a través del arte y la cultura, pudieran visualizar una lucha más política y estratégica. Un proyecto así, que combinara cultura con ideología anticapitalista y socialista, Mariela lo llevó adelante con esa convicción y compromiso que la caracterizaba. Esta Casa, era su casa, y ella contribuyó para que este sueño fuera real.
Mariela estará presente entre nosotres. No hay manera de que no la recordemos en cada lucha diciendo “bo, gurisas, acá hay que quemar todo”. Y sí, hay que quemar todo: el capitalismo, el patriarcado, la burguesía explotadora, los dirigentes vendidos y blanditos, la mezquindad, el individualismo, el “no te metás”, el machismo, el fascismo…
Mariela ya es parte de todas las luchas en las que los pueblos se levanten contra sus enemigos.
Por eso decimos …. Hasta el socialismo querida Mariela.”
(*) Gentileza de Karina Rojas
*Fotos: La Izquierda Diario