Viernes 5 Diciembre 2025

Debate. Convocatoria: “Frenteamplistas: tenemos que hablar

 Extraído de La Izquierda Diario (*)

Militantes y activistas frenteamplistas se reunieron hace algunos días, ante lo que consideran un giro a la derecha del gobierno y un alejamiento del programa del FA. Desde La Izquierda Diario coincidimos con muchas de las justas críticas y el descontento que expresan las bases del FA ante las medidas de Orsi y Oddone, pero ¿hay salida dentro del Frente Amplio para las y los trabajadores? ¿Qué izquierda necesitamos si realmente queremos cambiar esta sociedad?

Militantes frenteamplistas se reunieron hace algunos días en el Comité de Base de la Coordinadora B para expresar sus críticas ante lo que consideran la falta de señales de un gobierno de izquierda. Entre las y los asistentes había una opinión mayoritaria de que no se está cumpliendo el programa del Frente Amplio; porque como dijo un veterano militante “Nosotros no nacimos como fuerza política de izquierda para administrar las crisis capitalistas”.

El encuentro que fue seguido por más de 5000 personas a través de Youtube no tuvo entre sus asistentes a dirigentes de primera línea, e hizo público lo que piensa buena parte de la militancia frenteamplista, descontenta y desencantada con un gobierno que se parece demasiado a la derecha tradicional. Un gobierno que rechaza mínimos impuestos a los ricos, que mantiene las Afaps y el lucro de la seguridad social, que presenta un proyecto de presupuesto ajustador y que no se expide con claridad frente al genocidio que comete el Estado de Israel, por nombrar algunos de los temas que fueron señalados por los distintos oradores como posturas que generan más rechazo en estos militantes críticos.

Se trata sin duda de un malestar compartible, porque alguien que se identifica con la izquierda y que milita para “cambiar las estructuras sociales de nuestro país a favor de los trabajadores y de las grandes mayorías” como dijo un orador, no puede permanecer en silencio ante los gestos, señales y propuestas de Orsi y compañía.

El éxito y repercusión de la convocatoria da cuenta de que este malestar recorre las bases militantes que legítimamente se preguntan que hacer ante esta deriva derechista.

El fin de una ilusión

Desde La Izquierda Diario compartimos en general las críticas que se señalaron en el encuentro, pero creemos que es momento para hacer un balance y sacar conclusiones profundas no solo con respecto a Orsi y Oddone sino más en general sobre el papel que terminó cumpliendo el Frente Amplio en la política uruguaya.

Si bien es cierto que hay un salto en la derechización en este cuarto gobierno, también hay conclusiones para sacar en relación a los 3 gobiernos frenteamplistas anteriores (2005-2020), porque en definitiva los pilares del neoliberalismo tampoco fueron tocados en los gobiernos de Vázquez y Mujica.

En todo caso este actual giro a la derecha responde también a la coyuntura internacional y a la imposibilidad del capitalismo mundial de superar la crisis que se abrió en 2008: en otro momento y en un contexto más favorable con los altos precios internacionales de las materias primas jugando a favor, el FA pudo dar pequeñas concesiones y mejoras, pero tan pronto como se detuvo el viento de cola, este mismo FA comenzó a tomar posiciones más de derecha. (Basta recordar la represión del Codicen en 2015 en el contexto de proyectos de presupuestos ajustadores, hechos en clave neoliberal). En este periodo se dieron a avances en la agenda de derechos, pero nada se modificó de la estructura económica social del país.

Los dirigentes del FA, y esto se expresó en todos sus gobiernos, se esforzaron por ser confiables para la burguesía y no fueron más allá de intentar se prolijos administradores del capitalismo. En este mundo convulsionado y en crisis no hay espacio para reformas progresivas y este límite lo encuentran todos los gobiernos “progresistas” a nivel mundial, donde en mayor o menor medida se aplican políticas restrictivas y ajuste fiscal.

El debate que queremos plantear a estas honestas y honestos militantes que no quieren permanecer pasivos frente a la derechización de su gobierno es que lamentablemente el Frente Amplio se ha integrado plenamente al régimen de dominación, alternando con blancos y colorados, y oponiéndose concientemente a cualquier cuestionamiento estructural del capitalismo. No es posible conciliar los intereses de las y los trabajadores con sus explotadores; con esta política termina ganando siempre el gran capital. ¿Qué esperanza podemos tener en un gobierno que ni siquiera puede repudiar tajantemente el atroz genocidio cometido por el Estado de Israel contra el pueblo palestino?

El mito del “Frente Amplio de los orígenes”

Los sectores de la base frenteamplista descontentos con el rumbo actual del gobierno y que realizan críticas por izquierda tienden a reivindicar al Frente Amplio de los orígenes, es decir al que actuó en los años previos al golpe de Estado, viéndolo como un paso progresivo de unidad de la izquierda y como la culminación de un proceso de luchas y de acumulación histórica de la clase obrera y los sectores populares.

Desde La Izquierda Diario hemos polemizado en otras oportunidades con esta posición que plantea volver a las posiciones del Frente Amplio fundacional.

Si bien es cierto que en esa primera etapa tanto el programa como el discurso del FA estaba claramente más a la izquierda que en la actualidad, hay que entender estas posiciones en el contexto de un periodo de intensa radicalización política tanto en el país como en el contexto latinoamericano y mundial.

Más allá de las expectativas de sus militantes, para nosotros la creación del FA fue centralmente un intento de desvío del proceso de ascenso obrero y popular con que las y los trabajadores enfrentaban el agotamiento del modelo batllista y luchaban por una salida que llevara a cambios estructurales en el país, a favor de los intereses de las y los trabajadores.

Como hemos dicho en otro artículo con la creación del FA “se truncó el camino de lucha independiente de los trabajadores y con ello fueron un factor relevante para la derrota final de los mismos, al subordinar los intereses de la clase trabajadora a una de las facciones de la clase dirigente”.

Es cierto que había en el programa definiciones antiimperialistas; pero ¿eran posibles de ser llevadas hasta el final, cuando el propio Frente se conformó como un frente de conciliación de clases con sectores de la burguesía y la pequeña burguesía? Ese frente policlasista no podría tampoco haber sido consecuentemente antiimperialista porque hubiera chocado contra los intereses de parte de sus integrantes.

A contrapelo de lo que necesitaba realmente la clase trabajadora, se restauró la ilusión y la confianza en un sector dirigente (venido principalmente del batllismo) que venía en decadencia y había perdido pie en la disputa interburguesa.

Ese FA de los orígenes ya era un defensor de la institucionalidad burguesa, por eso su apuesta fue a ganar en el terreno electoral; y de esa manera ayudó a paralizar y desviar el creciente proceso de lucha y organización que venía desarrollando la clase trabajadora, que la podía impulsar en el sentido de protagonizar acciones independientes que torcieran a su favor la resolución de la crisis nacional”.

La salida de la dictadura marca un hito en este proceso de integración del Frente Amplio al régimen de dominación. Con los acuerdos del Pacto del Club Naval el FA se transforma en la pata izquierda del proceso transición pactada y salida ordenada de la dictadura, proceso que tiene al menos dos puntos centrales, dejar intactas lo principal de la transformación económica regresiva que realizó la dictadura y garantizar la impunidad de los crímenes de los militares.

El Frente Amplio vivió hasta a la actualidad un largo proceso, no exento de contradicciones y resistencias de parte de las y los militantes honestos, de creciente integración al régimen y abandono progresivo de posturas más de izquierda.

Frente al giro a la derecha, ¿Qué izquierda necesitamos?

Si bien son muy válidas las críticas a la profundización del giro derechista del gobierno de Yamandú Orsi, la propuesta de “reformar” el Frente Amplio solo conduce a un callejón sin salida.

No se trata de un hecho episódico, sino de una ubicación política que con matices y vaivenes se sostiene en el tiempo. El Frente Amplio como tal se ha convertido en un administrador del capitalismo y es incapaz de llevar adelante reformas estructurales a favor del pueblo trabajador.

Décadas de hegemonía de una izquierda reformista y electoralista han moldeado un sentido común de que no se pueden lograr cambios profundos, y de que en todo caso los pequeños logros solo se consiguen en base a la negociación, el dialogo y la acción parlamentaria. El Frente Amplio, con sus más de 50 años de existencia, es el portavoz principal de esta política electoralista que hoy se muestra claramente agotada en relación a las expectativas de cambio que alguna vez generó.

Los cambios estructurales no se consiguen con acuerdos y negociaciones parlamentarias se necesita recuperar la independencia de clase y poner en marcha la fuerza de la clase trabajadora y el conjunto de sectores oprimidos; es con movilizaciones y lucha que se puede imponer otro rumbo económico y social.

Para enfrentar a la derecha, no nos podemos conformar con elegir el “mal menor”, es necesario construir una organización verdaderamente de izquierda, obrera, revolucionaria, anticapitalista y antipatriarcal que se proponga luchar por un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo.

(*) Gentileza de La Izquierda Diario


*Foto de Portada: La Izquierda Diario