En tiempos de Pinochet se habrían apropiado de unos 20 mil infantes

Por Alejandro Diaz-18 de enero de 2022

La dictadura de Pinochet continúa revelando rostros del horror. Aquel golpe militar que vino a irrumpir un proceso político, social, democrático e inclusivo, fue también responsable de montar un lucrativo servicio de adopciones ilegales, que se utilizó, también, como herramienta diplomática para fecundar las relaciones con organizaciones de extrema derecha de Suecia, Italia, Francia y los Estados Unidos.

El Centro de Investigación Periodística de Chile (CIPER), logró reunir en el año 2014, un voluminoso documento que contenía una serie de denuncias por apropiación de infantes, que se vinculaban al sacerdote católico Gerardo Joanon, el cual desde hacía lustros, participaba de una red de adopciones irregulares, que apuntaba a madres pobres y solteras como principal objetivo. Estas eran inducidas a entregar a los niños en adopción, en el mejor de los casos, firmando papeles que no comprendían o decretándolas incompetentes, y cuando no podían doblegar la voluntad de las mujeres, directamente les decían que sus bebés habían muerto al nacer. Esta aberración pudo llevarse a cabo gracias al trabajo coordinado de representantes de la Iglesia Católica chilena, médicos y demás personal de salud, así como también hogares infantiles y guarderías, pero por sobre todas las cosas, por la participación indispensable de cuerpos diplomáticos.

Este documento, obligó al Estado chileno a tomar cartas en el asunto. En el año 2017, la Corte Suprema de Chile nombró a Mario Carroza, un respetado magistrado especializado en derechos humanos, para estar al frente de la investigación. Este logró, en poco tiempo, reunir importante documentación que le permite afirmar que los casos de apropiaciones de infantes “podrían llegar a una cifra de 20 mil niños”.

Dominique Galeano, publicó en el diario Página/12, parte de las conclusiones de la investigadora Karen Alfano, quien las resumió en el documento “Niños y niñas chilenos adoptados por familias suecas. Proximidad diplomática en tiempos de Guerra Fría (1973-1990)”. Alfano, que es miembro de la Universidad Austral, tuvo oportunidad de revisar documentación diplomática de la Embajada chilena en Estocolmo, Suecia, y pudo constatar “la responsabilidad de las adopciones irregulares al Centro Sueco de Adopción donde sus empleados (principalmente trabajadores sociales) participaron como captadoras de los niños y niñas, principalmente de familias pobres”, según detalló Galeano.

“La adopción transnacional de niños y niñas chilenos pobres a Suecia fue valorada por la dictadura militar como un mecanismo de proximidad diplomática y política, pues permitía establecer vínculos con instituciones y sectores de extrema derecha en Suecia”, agregó Alfano.

Uno de los tantos casos es el de María Diemar, recopilado por el periódico británico The Guardian. Diemar fue apropiada a los dos meses de haber nacido, en el año 1975. Ella fue dada en adopción en Suecia, que es estadísticamente uno de los países con mayor tasa de adopciones per cápita del mundo. En el año 2002, a partir de un documental de la televisión sueca, pudo conocer su real origen. En diferentes oportunidades viajó a Chile para dar con el paradero de su familia biológica. Recién en enero del 2003, logró ponerse en contacto con la mujer que figuraba en los papeles de adopción. Esta mujer se negó a recibir a María. La decepción enfrió el impulso, y durante años, evitó profundizar sobre la real naturaleza del caso.

En el 2017, María vio otro documental, en este caso del cineasta y realizador Alejandro Vega, y allí tomo contacto con la dimensión de la red de apropiaciones. Red que no solo se limitaba a una actividad racista y clasista, sino que además representaba un lucrativo negocio. Además, descubrió que los papeles de su adopción habían sido adulterados. Tiempo después pudo conocer la verdadera identidad de su madre biológica, la cual, al momento del nacimiento de María, vivía y trabajaba como empleada doméstica en la casa de una familia adinerada al sur de Chile. Esta mujer, de origen mapuche y cuya identidad permanece reservada, ya tenía dos hijos previos, que estaban al cuidado de sus padres. Pero el destino de su tercer hijo sería distinto. Sus patrones la forzaron a entregar al infante en adopción. Teniendo solo dos meses de vida, la niña, fue entregada a una pareja de suecos, que, con la indispensable corrupción judicial, lograron sacarla hacia el extranjero, violando todas las reglas de protección de la identidad y de la infancia del país trasandino.

Este tipo de redes de trata de personas, solo pueden funcionar gracias a la corrupción sistematizada de los aparatos de los Estados, y la incredulidad y falta de compromiso de personas que, quizás intentando hacer un bien, no profundizan en las causas sobre el abandono de miles de niños y niñas, los cuales son sometidos a condiciones infrahumanas de vida, en la mayoría de los casos, por razones de índole política y bélica.

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*Foto de portada: SERPAJ Chile

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