Marcela Isla Acuña
 
Comunera chilena denuncia presiones de la PDI en investigación por muerte de detective
 
“Me piden que firme una declaración sobre algo que no ví, que no existe”
 
Por Claudio Rojas, desde Chile-24 de abril de 2021

A raíz del allanamiento más grande de su historia, acontecido el 7 de enero pasado, donde participaron 205 vehículos, 850 funcionarios de la PDI (Policía de Investigaciones) en la comunidad de Temucuicui y, buscando inculpar a los presuntos autores de los disparos que dieron muerte al detective Luis Morales Balcázar (muerte que no ha sido aclarada aún y sobre la cual pesan varias dudas), es que entra a esta historia y a la investigación policial, Marcela Isla Acuña, una vecina a la que todos en el sector, en torno a la comunidad la conocen como “La Gringa”. Ella vive en la vecina comunidad Huañaco Millao y su predio da con el lugar donde presumiblemente murió el detective. Su casa colinda con el callejón principal de ingreso a la comunidad mapuche, lugar por donde ingresaron los más de 200 vehículos de la PDI, ese día, rumbo a los allanamientos. Además, desde ahí nace un camino interior que conecta con la comunidad de Temucuicui, distante a unos pocos kilómetros.

Marcela Isla llegó de niña a vivir en esa zona y ya lleva más de cuatro décadas en medio de comunidades mapuche: “Aquí todos somos una comunidad”, comenta. Ella posee conocimientos veterinarios y ayuda a mucha gente cuando no pueden parir sus vacas, sus perros se accidentan o sus caballos tienen problemas.

Pero todo comenzó a cambiar para ella el mediodía del jueves 8 de abril, cuando dos detectives llegaron a su casa. Afuera, en el callejón, había unos 20 PDI y Carabineros realizando peritajes, custodiados por un gran vehículo blindado del comando jungla. Los agentes le pidieron que atestiguara contra un comunero mapuche por la muerte de Morales Balcázar. Ella les dijo que no. Primero, porque no vio nada. Segundo, porque según ella los detectives querían “que falseara la información”. Y tercero, porque Isla asegura que “el policía no murió aquí, y esto parece un montaje”.

En entrevista con el Centro de Investigación Periodística (CIPER) se conocieron más detalles de los hechos:

-¿Cómo fue ese mediodía del 7 de enero?

“Cuando ví los vehículos entrar a la comunidad, saqué mi auto porque sabía que podían dañarlo. Y cuando lo hago siento un impacto en el brazo, era un balín de goma, de Carabineros, porque aquí los que dispararon fueron ellos, no los PDI. Los PDI entraron y unos 40 minutos antes y después llegaron los Carabineros”.

“Le dije a mi madre que se entrara para la casa, cuando venía de vuelta sentí las vacas corriendo y sentí los sonidos de los balines. Ahí me fui en punta y codo hasta esconderme detrás de un aromo y ví a un carabinero arriba de ese vehículo grande, y lo ví disparando. Disparando y nosotros no hacíamos nada. Entonces si uno después va a denunciar ese abuso, le piden un testigo y qué testigo iba a llevar si estaba escondiéndome por mi vida, porque eran muchos disparos. Entonces cuando esto terminó me fui a ver a mi mamá y ella estaba desvanecida. Alrededor de mi casa encontré balines de goma por todas partes. Fueron minutos horrorosos y de mucho miedo”.

-¿Qué pasó después de ese día?

“El 25 de febrero ellos vienen a hacer un peritaje en busca de evidencia frente de la casa, porque colindamos con el camino público. Yo me encontraba en Temuco y me llama mi mamá y me dice: 'hija, acá frente de la casa está lleno de Carabineros'. Entonces mi mamá me cuenta que llegaron dos funcionarios de la PDI, que le mostraron sus placas y le preguntaron si ella los dejaba entrar al predio de la casa porque andaban buscando evidencias, ya que estaban en peritaje por lo que pasó el día 7. Mi mamá le dijo: '¿por qué aquí, si él murió mucho más allá?'. Entonces el PDI le dijo que el policía murió aquí. Le preguntaron si vio a alguien, si conoce a alguien que pueda ser culpable. Entonces mi mamá le dice que el funcionario falleció en otra comunidad, es lo que dice la prensa, es lo que hemos escuchado hasta el día de hoy. Entonces, no me pregunte si vi algo porque esto no sucedió aquí y usted lo sabe, les dijo”.

-¿Usted alcanzó a llegar ese 25 de febrero cuando estaban los detectives?

"No, no alcancé. Cuando llegué, ellos ya se habían ido. Todo me lo contó mi mamá. Pero días después de esa visita comenzaron a llamarme de números privados. La primera llamada fue dentro de la primera semana de abril. Comencé a recibir llamadas de números privados. No las contesté porque no contesto números que no conozco. Y el 8 de abril llegan dos funcionarios de la PDI. Cuando se presentan les pido una identificación y me muestran su nombre en la casaca. Fueron amables, me saludan por mi nombre. Entonces me dicen que quieren que vaya de testigo y yo les dije que no, que yo no me prestaría de testigo. Entonces me dicen, usted sabe que hubo un allanamiento el 7 de enero, allanamos acá arriba por marihuana. Entonces me preguntaron si ellos (los mapuches) tenían alguna preparación por su rápido actuar. A mí no me pregunten por el allanamiento ni me pidan ser testigo, porque yo no estaba ahí; yo estaba arrancando de Carabineros que me disparaban y no sé por qué", les dijo Isla a los PDI.

-¿Estaban tratando de sacarle alguna información?

“Entonces me piden que firme una citación y les dije que no la voy a firmar. Déjeme el papel, pero no la voy a firmar. Entonces querían que la firmara para justificar (su visita frente) a su superior. Yo les dije que no, que me la deje y que le diga a su jefe que me llame y yo le digo que tengo la citación, pero no la voy a firmar. Porque no sé qué pueden hacer con mi firma. Si quiere leo para que su jefe vea que sí me la entrego. Pero yo no voy a ir, porque no vi nada y no tengo nada que declarar. Lo que más me extraña es que me metan en esto porque el señor no murió aquí. No sé quién me metió en esto, no sé si fueron ellos o el fiscal, porque un nombre no puede llegar y aparecer. ¿Por qué yo? ¿Por qué soy chilena y no mapuche?”.

-¿Eso fue todo lo que sucedió?

“No, ellos querían pasar a la casa y les dije que no. Entonces me dijeron que podía declarar como testigo reservado, que les diera nombres, que ellos hacían una cosa cerrada y nadie sabría qué pasó ni quién fue. Y si no me dijo, podemos pasarle algo y usted lo firma no más, solo necesitamos que firme un documento. Entonces ahí les dije, sabe qué más, váyanse. Y los eché. Los eché y les dije, por favor no se queden en este callejón, por favor váyanse. Porque si ustedes están acá la gente puede creer que yo los voy a ayudar y eso no es verdad. Después de que me pasó eso no me atreví ni siquiera a llamar a alguien porque creo que mi teléfono puede estar intervenido”.

-¿Le generó un problema con la comunidad esta visita de la PDI?

“Yo llegué a esta comunidad a los 5 años. Luego me fui para estudiar y volví cuando falleció mi papá. Acá mi familia es bien corta, somos sólo mi mamá y yo. Entonces, acá el problema se me presentó porque si aparezco como testigo, cualquiera que sepa diría la Marcela, o la “gringa” como me dicen acá, está prestando como testigo. Entonces pedí ayuda porque me metieron en un peligro gratuitamente. No sé si lo hicieron con su segunda intención o qué, porque somos dos mujeres solas, pero no tontas. Yo voy a hartas comunidades, conozco a harta gente porque los ayudo con sus animales y pueden pensar que soy una soplona. No es la primera vez que me ofrecen ser testigo protegido, pero esta vez más encima fue con esa trampa. Porque yo no vi nada, porque quieren que firme algo que no vi, que no existe. Quieren que delate a alguien que no sé quién es. A mí el apoyo de mi comunidad me ha dado un poco de tranquilidad, pero mi madre no está bien, ella tiene más de 80 años y no está bien. Anda descompensada. Esta persona que falleció siempre supimos que murió en otra comunidad”.

-¿En Temucuicui?

“Si, según los medios de prensa. Y después resulta que fue en el cruce, a unos 300 metros de la salida de mi terreno. Y ahora resulta que murió acá, afuera de mi propiedad. Esto parece un montaje, como que andan buscando donde armar y me pillaron a mí. Entonces, qué tengo que ver yo con la muerte de él, a lo mejor quieren decirme que murió en mi predio, no sé. No entiendo. Yo no voy a ir de testigo de esto y además no voy a testificar algo que no sé. Pero tengo miedo por mi madre, porque me da miedo pensar que un día voy a salir a hacer un trámite y me detengan. Y quieren que acuse a alguien y yo no tengo nada que decir, si no vi nada”.

La versión de fiscalía según CIPER

“La PDI tiene un caso sólido, incluso con pruebas de la trayectoria del proyectil que asesinó al detective Morales”, señala una fuente de la fiscalía de La Araucanía. Esta misma fuente asegura que, pese a los cuestionamientos que se plantean desde el medio alternativo “Interferencia”, ya ha mostrado en relación a los peritajes balísticos, a los que ha tenido acceso en exclusiva “la evidencia indica que todo apunta a que el testimonio de esta testigo puede ser relevante debido a que vive frente al lugar de los hechos”.

Es por esta razón que la fiscalía intentará tomar la declaración de Marcela Isla, pese a su negativa de asistir a un cuartel de la PDI, a realizarla. Legalmente, la testigo deberá cumplir con este trámite, aunque la fuente consultada, luego de esta entrevista, aseguró a este medio que se considerarán los antecedentes aportados en esta entrevista para garantizar su seguridad y transparencia en que este testimonio no genere dudas sobre haber sido inducido.

La primera citación que recibió era para el lunes 12 de abril en un cuartel de la PDI, pero ella no asistió.

"Yo quiero decirle a la gente de las comunidades que a mí me involucraron en esto. Siento que estoy siendo víctima de las policías que me están usando. Yo aquí soy víctima, y con mucha preocupación, porque me quieren poner de soplona y yo no lo soy. Para ellos soy testigo de algo que no ví”, asegura la agricultora. “Fui una víctima de la policía ese día 7 de enero y no lo denuncié porque no creo en la justicia. Así de simple. Yo estoy apoyada por las comunidades y por eso quiero dejar en claro que no voy a declarar, porque no tengo seguridad de nada. ¿Este señor no murió acá, ¿por qué me quieren meter a mí?”.

¡Cómo les arruinan la vida a las personas, con tal de cerrar judicialmente un caso! Sin que ellos se vean afectados, ni inculpados, ni menos imputados por un crimen. Siempre para ellos lo más fácil es culpar a uno de los llamados “nadie”; en este caso, un miembro del pueblo mapuche, que son aquellos que no tienen acceso a ni siquiera una pizca de justicia.

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*Foto de portada: CIPER

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