“…y esta es una forma de mantener la paz”

Leonor Zalabata: la indígena colombiana que representará a su país en las Naciones Unidas

Por Daiana Carracedo desde Argentina-3 de agosto de 2022

Abya Yala es la manera correcta de llamar a nuestro continente. Por lo menos así consensuaron la mayor parte de los pueblos originarios andinos. Decirle América, seria no reconocer que en estos territorios había vida antes de la llegada de Colón. Desde el gobierno y medios de comunicación hegemónicos hasta los propios individuos de la sociedad, nos une un pensamiento colonizado.

“Los pueblos indígenas de Colombia existen únicamente por la resistencia, y esta es una forma de mantener la paz”, cuenta Leonor Zalabata en una entrevista para el libro Mujeres, paz, política y poder, de Ediciones Aurora, de 2016, Bogotá.

La dirigente indígena arhuaca de la mítica Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, fue nombrada recientemente, vía Twitter, por el presidente de Colombia electo, Gustavo Petro, como la nueva embajadora de Colombia en la ONU.

Desde Colombia, pero a la vez representando a cada pueblo originario, tiene una difícil tarea: frenar la desculturización de los indígenas. La educación occidental comenzó en 1909 en los cuatro pueblos originarios de Sierra nevada: los arhuaco, los kogui, los wiwa y los kankuamo. Pero detrás se escondía el negocio de las madereras y la explotación de los recursos naturales. Les compraban a los originarios sus tejidos y les vendían caro los siempre anhelados anzuelos, clavos y herramientas. En 1917, ante el pedido de protección de los pueblos al Estado, llegaron los misioneros capuchinos españoles. Lejos de ayudar, empezaron prohibiendo sus costumbres, rapaban a los niños y se los llevaban a un internado para ser educados con la educación tradicional.

Esta desculturización continua hasta 1981, cuando la nueva embajadora de Colombia en la ONU, una de las mujeres en la Directiva Central Arhuaca, puso fin al proceso llevado a cabo por el Estado. Ocuparon los internados hasta que lograron expulsar a los educadores. En noviembre de 1983, 64 arhuacos incluida Leonor Zalabata, viajaron a Bogotá para acordar el plan de educación. Es así como desde 1984 hasta 1989 funcionó una educación bilingüe ikum-español, con un currículo incompleto pero que incluía la propia historia arhuaca. Ikum es la lengua arhuaca.

“Lo sagrado no es lo que se tiene sino lo que se es, y no es algo ajeno a lo que vivimos y a lo que hacemos", reflexiona Leonor Zalabata. En 2019 recibió el premio franco-alemán de derechos humanos Antonio Nariño. Fue elegida para el Parlamento Andino en 2014, aunque después los congresistas que ansiaban esos cargos lograron anular la elección y nombrarse entre ellos. Ha sido Comisionada de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas de Colombia y miembro de la Red de Mujeres de Biodiversidad de la ONU, así como representante en la Mesa Permanente de Concertación de los Pueblos Indígenas de Colombia con el Gobierno.

El paisaje de la ONU ahora se verá distinto. Leonor paseara con vestimenta tradicional, de lana blanca, y con su bolso en crochet blanco y negro cruzado al hombro, con dibujos que tienen un hondo significado. Todos los arhuacos, hombres y mujeres, visten su traje tradicional estén donde estén. Y una frase sonara fuertemente: la Madre Naturaleza es la religión de los 115 pueblos originarios de Colombia. Todas las mujeres representan la Madre Tierra y por eso sí importa que jueguen un papel en la cultura.

La cosmovisión de los pueblos originarios se mantiene con el pasar de los siglos. En nuestro pensamiento occidental creemos que lo mejor para cualquier etnia distinta es traerlos a nuestra forma de vivir. Cegados por la vanidad, estamos convencidos que encontramos la manera perfecta de vivir en sociedad. Nos olvidamos de las desigualdades con la cual nuestra sociedad se sustenta y las guerras que enfrentan al pueblo con el pueblo.

"Las tradiciones indígenas han sido capaces, durante miles de años, de dar una respuesta en cada época y en cada tiempo"."Nosotros, por ser lo que somos, nos sentimos iguales a cualquier sociedad. No sentimos inferioridad porque no tenemos un edificio. Tenemos una casa de bahareque, una casa de paja. Pero sentimos igualdad cuando estamos juntos con el otro, que puede tener un edificio", comenta Leonor en su participación para el libro Mujeres, paz, política y poder.

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*Foto de portada: lanoticiadiaria.com 

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