Que se opone al rescate de emergencia oficial

Alejandro Lewis, montañista de expedición de National Geographic, denuncia pacto de silencio

Por Daiana Carracedo, desde Argentina-25 de julio de 2022

“Allí estaban –al pie del Volcán-, en el campamento base, a 4500 metros cerca de un cementerio indígena, los trofeos ‘rescatados’ del Santuario a 6.700 metros de altura: tres cuerpos humanos, con sus ofrendas de incalculable valor económico, sin el contexto mágico, deshecho por la ambición y pretexto científico que justificó el ultraje a un sitio sagrado. Dispuestos para las fotos exhibición y morbo occidental”.

Estas palabras son el resultado de un grito de dolor que no fue escuchado. Pertenecen a Alejandro Lewis, un montañista que acompaño la expedición de National Geographic realizada en junio de 1999, que culminó con el hallazgo y posterior descenso de 3 niños indígenas momificados.

Abre una denuncia contra los expedicionarios extranjeros que vinieron a Argentina, más precisamente a Salta, para explorar el volcán de Llullaillaco. Denuncia que clarifica el “pacto de silencio” denunciado por la antropóloga Blanca Lescano, quien fue (y sigue siendo) una de las críticas de aquel entonces ante la expedición.

Alejandro estaba seguro que aquel hallazgo constituía un saqueo, por lo cual decide separarse de la expedición para poder realizar la denuncia. Caminó tres días y dos noches para dar aviso a las autoridades de lo que estaba ocurriendo en la cima del Volcán Lullaillaco, en la Puna salteña. Llegando al límite con Chile, logra ser rescatado para contar su versión: una expedición liderada por referentes de la National Geographic había desenterrado y extraído los cuerpos de dos niñas y un niño de un lugar sagrado.

“En la misma montaña, en el campamento base, muy cerca de un antiguo cementerio y con la excusa de realizar el documental –quizás para que sea más creíble-, se manipuló con total desidia restos humanos que desenterraron y mostraron para ser filmados”, denuncia el escrito de Lewis fechado hace 23 años, al que accedió el diario Salta/12.

El 10 de septiembre del mismo año, Alejandro envía una carta a la legislatura salteña, que, junto con otra conservada por su excompañera, constituyen la única denuncia escrita del hecho.

“Me fue increíble ser convocado por la National Geographic Society (NGS) para formar parte del proyecto arqueológico ‘Santuarios de Altura’, donde ascenderíamos el Volcán Quewar y Llullaillaco, en la Puna Salteña. Cómo negarme, si el sueño se hizo realidad (crecí admirando e incorporando los documentales de la N.G.S)”, cuenta la carta que conservó su ex compañera y a la que Salta/12 también accedió.

Tanto el amigo como el hermano de Alejandro, coinciden en que tenía un compromiso muy fuerte con las comunidades indígenas.

El sueño de niño de compartir terreno con National Geographic, poco a poco se fue desvaneciendo a la par que se daba cuenta de ultraje del cual, hasta ese momento, estaba formando parte. Muy fácil le hubiera sido ser parte de la versión oficial que habla de un “rescate de emergencia” (*) Pero Alejandro debió deconstruirse con cada paso que lo alejaba de la expedición.

“Fueron dos días de caminar solitario y dejar en cada paso (a modo de lastre), parte de complicidad cultural y ganar el alivio de la conciencia” afirma Alejandro Lewis en de sus cartas.

Cuatro años después de aquel suceso, en agosto de 2004, cuando se disponía a escalar el volcán Sajama en Bolivia, Alejandro encontraría la muerte en medio de un clima desfavorable para el ascenso. El Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) abriría sus puertas en el mismo año. Y solo tres años después, en 2007, se exhibían las dos niñas y el niño para “deleite” de quienes quisieran visitar el Museo.

“Pido perdón a los habitantes de Tolar Grande. Me avergüenzo de lo sucedido”, se puede leer en la carta que conserva su excompañera.

La complicidad cultural de la que hablaba Alejandro sigue estando presente. Se manifiesta cuando como sociedad seguimos insistiendo en exhibir sus costumbres como si fueran reliquias, parte de una historia pasada. Seguimos negando su existencia en la actualidad como comunidad originaria, deslegitimando su forma de vida solo porque no se nos parece (o porque no nos conviene). En una sociedad mercantilizada, los pueblos originarios tienen más valor como comunidad extinta que como cultura viva.

Nos vestimos de hipocresía cuando damos santa sepultura a nuestros difuntos, pero exhibimos a los cuerpos momificados de indígenas como si fueran piezas de trofeos.

Hace más de 500 años venimos hablando nosotros, es hora que los escuchemos a ellos.

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Artículo relacionado:

*El caso de los niños indígenas del volcán Illullaillaco ¿reliquias o presente?

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*Foto de portada: pagina12.com.ar / Carlos y Alejandro Lewis

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