Por Jean Georges Almendras-11 de mayo de 2022

Todo se puede suponer. Todo nos resultaría -lo digo con horror- ya como algo natural, hasta que un fiscal paraguayo especializado en crimen organizado, en narcotráfico y lavado de dinero, haya sido asesinado a plena luz del día en una playa caribeña de Colombia. Pero por orden de quién. Por orden de qué estructura mafiosa, de nuestros días. Por orden de qué mano criminal. ¿Una mano sudamericana? ¿Una mano paraguaya? ¿Una mano colombiana? ¿Una mano de la ‘Ndrangheta, con base en Italia?

Marcelo Pecci, de 45 años pagó con su vida, quizás entrometerse con su profesión y su ética, de hombre al servicio de la Ley, en los sinuosos y nada santos intereses del sistema criminal que hoy por hoy, sigue aferrado a la idea de que todo aquel que entorpezca debe ser literalmente sacado del medio, de inmediato.

Y para llegar a los asesinos. A los autores intelectuales de una masacre con olor a la pólvora de las armas mafiosas ejecutando uno de los primeros asesinatos trasnacionales, hay que pasar revista a los pasos de la víctima. A sus pasos de su labor antimafiosa. Y es eso precisamente lo que deben estar haciendo las autoridades que se encuentran abocadas a echar aguas claras sobre un hecho que ha impactado a la sociedad paraguaya, pero mucho más a quienes conocemos desde adentro los pormenores operativos de las organizaciones mafiosas, que como una implacable topadora arrasan con vidas, sin medir fronteras, con tranquilidad pasmosa, a sabiendas que ese paso les será de utilidad inequívoca, no solo porque el obstáculo ha sido retirado de un plumazo, sino por el mensaje que conlleva la acción en sí misma. Un mensaje dirigido dramáticamente a sus enemigos naturales: los operadores de justicia, del planeta.

Esta vez la víctima fue un fiscal paraguayo entendido en la materia mafiosa, que vaya uno a saber bajo qué circunstancias hizo un viaje de luna de miel, a Colombia, con la guardia baja, es decir sin custodias. Un hecho que fue ideal y propicio para los mafiosos y para quienes consideraron que apagar su vida, era necesario y vital, dadas las características de su perfil como hombre funcional al estado de Derecho y a la legalidad, de un país tóxico, desde hace ya bastante tiempo.

Y seguramente, quien accionó el gatillo del arma asesina, bajo un sol radiante y a la vista de todos, cumplió a rajatabla no solo órdenes precisas, sino que además logró su objetivo respaldado por una muy eficiente logística criminal, poseyendo datos confidenciales de la agenda personal de Pecci, así de sencillo.

Solo una organización mafiosa poderosa en economías y excesivamente sutil y prolija en su operatividad podría llevar adelante (y con éxito) un operativo de esta magnitud. Porque a las claras se visibiliza, que no fue un narco improvisado el ejecutante de la masacre. Todo nos lleva a suponer con certeza, desafortunadamente, que los asesinos -sean paraguayos o colombianos- eran piezas de un mecanismo de una muy sólida y poderosa estructura mafiosa, dotada de una capacidad económica, de muy alta gama, como se diría en Italia, propia de las mentes refinadísimas.

¿No estará la ‘Ndrangheta sumergida hasta el cuello en este atentado? Es perfectamente viable la interrogante. Muy viable, porque no podemos olvidar, ni dejar en el tintero, la vigencia de su gran incidencia en el narcotráfico sudamericano y viceversa. Y a tal punto, de que recientemente, tal como lo publicamos, uno de sus archi enemigos, el fiscal italiano Nicola Grateri, operador de la regio Calabria, fue amenazado de muerte, nada menos que desde Sudamérica, por su intensa labor en poner el ojo sobre las actividades de la ´Ndrangheta, que como sabemos, está vinculada estrechamente con los narcos sudamericanos.

Esa dinámica sugiere una ecuación. Un común denominador: Marcelo Pecci se cruzó en algún momento de sus investigaciones en el Paraguay, con los hombres de esa organización mafiosa italiana, bien sea por cuestiones del narcotráfico, o bien sea por sus cuantiosas maniobras relacionadas con el lavado de dinero (no olvidemos que Pecci no solo tenía que ver con los narcos traficantes, sino también con los lavadores de fuertes sumas de dinero anexos a sus actividades transnacionales al margen de la Ley).

En el año que pasó, diciembre más concretamente, Marcelo Pecci al regresar de Italia, donde mantuvo contactos con jueces con los cuales abordaron temas en común, y uno de ellos fue el de la poderosa presencia de la ‘Ndrangheta en el Paraguay, según sospechas de los magistrados con los cuales se reunió, accedió a los requerimientos de la prensa local, interesada en su accionar fuera de su tierra natal.

Oportunamente Pecci, en diálogo con el diario La Nación, no tuvo reparo alguno en declarar, refiriéndose a la ´Ndrangheta, que es una organización cuyo objetivo primordial es insertarse en los distintos países (de Sudamérica) mimetizándose en los ámbitos financieros, académicos y que, en la gran mayoría de los casos, sus miembros, carecen de antecedentes penales, circunstancia que les da absoluta impunidad para desenvolverse en el país elegido para operar.

En ese contexto, Pecci agregó: “La conjunción de estos factores es lo que hace de esta asociación que tenga un lineamiento claro y que haya tenido éxito en el escenario criminal, sobre todo en el tema del tráfico de droga. Las particularidades son las señaladas y como bien sabemos, al hablar de narcotráfico, necesariamente se debe conectar la variable criminal con el lavado de dinero, lo cual está siendo considerado a nivel regional como el factor preponderante a perseguir en esta organización”, puntualizando que los integrantes de esta asociación mafiosa “son personas con preparación académica y los negocios van desde costosos restaurantes, hoteles, por citar algunos de los segmentos que manejan o administran los exponentes de esta organización, y tienen un sistema de comunicación cuidadoso. No obstante, debo destacar que la policía italiana ha logrado desencriptar comunicaciones de alto nivel que permitieron tener datos precisos y avanzar dictando órdenes de captura y con una serie de medidas que permitieron tener un diseño mucho más claro sobre los componentes, sobre la fisionomía y la dinámica de esta organización”.

Marcelo Pecci destacó que desde Paraguay están en comunicación casi permanente con las autoridades italianas, las que nos “ilustran sobre los datos más relevantes en el entendimiento que el Ministerio Público es el que debe llevar la dirección de la investigación de las actuaciones que sean penalmente relevantes”.

Oportunamente subrayó la versatilidad de la ´Ndrangheta manifestando además que “es una preocupación porque ya estamos lidiando en la región con organizaciones como el PCC Comando Vermelho y estamos atentos a cualquier tipo de indicadores conjuntos que puedan alertar y puedan ser disparadores de las actividades concretas”.

El fiscal, hoy desaparecido, en diciembre del 2021, cerraba el año posicionado en arremeter contra la ´Ndrangheta y dentro de ese marco, en los meses siguientes su tarea en casos varios, debe haber sido notoriamente incisiva, acorde a los intercambios de información con sus pares italianos. De hecho, seguramente, para cometerse este atentado contra su vida deben haber incidido múltiples causas, y múltiples circunstancias. Creo que debe haber prevalecido, además de alguna investigación muy precisa, en la muerte de Pecci, el haberse declarado públicamente un demoledor operador en contra de la ´Ndrangheta, dentro del territorio paraguayo. Suponemos que el cóctel en su contra debe haber sido inevitable, de confirmarse que los piolines de la estructura mafiosa, de esta organización, hubieron incidido fehacientemente en el atentado.

La cuestión es que todo aconteció y ahora allá en Colombia y en el Paraguay, y en la región se trabaja con ahínco y sin tregua para llegar a la cabeza de la serpiente que a puro plomo (como en los años 90) acabó con la vida de un fiscal antimafioso, en una tierra guaraní en la que el crimen campea, con asombrosa impunidad.

Cada hora que transcurre, se hace vital para no distanciarse de los autores del hecho, y para acercarse al rostro del autor intelectual, que como siempre es más proclive que aparezca en medio de las sombras: invisible, pero desafortunadamente presente (y en ocasiones, muy presente y cercano a los anillos de la investigación)

Se corre entonces una verdadera carrera contra reloj.

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*Foto de portada: ultimahora.com

 

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