Por Giorgio Bongiovanni-13 de septiembre de 2021

Primero fue la noticia de una exposición dedicada a la figura empresaria de Silvio Berlusconi, omitiendo colapsos políticos, leyes ad personam y fechorías (sobre todo la condena por fraude fiscal o el dinero pagado a la mafia). Después, una dedicatoria a página entera en el Corriere della Sera, en un espacio pago, por los ochenta años de Marcello Dell'Utri, mano derecha del expremier y cofundador de Forza Italia, además de condenado en forma definitiva a 7 años por concurso externo en asociación mafiosa (sentencia cumplida) y en primera instancia a 12 años en el proceso de la Tratativa Estado-mafia.

No es una broma. Todo es verdad. Y el escándalo fue servido en el histórico periódico, fundado en 1876, y considerado uno de los más autorizados del país.

¿Qué pasó con la ética? ¿Qué pasó con la verdad de los hechos? Un periódico seriamente influyente debería haber rechazado un anuncio pago con tal contenido. Poco importa si en apoyo de lo escrito en letras grandes, "Saludos querido Marcello", hubo cerca de 200 firmas de exgerentes y trabajadores de Publitalia.

Porque Marcello Dell'Utri no es una figura cualquiera. Alabar a Benito Mussolini o a Adolf Hitler está prohibido por nuestras leyes, pero me pregunto: ¿hay diferencia entre exaltarlos a ellos, incluso con simples saludos, y exaltar a un "mafioso" de alma, que cometió delitos muy graves?

En mi opinión no. Por eso creo que el Corriere della Sera debería haber rechazado la publicidad paga, sin más y sin peros.

Hay una sentencia definitiva que establece que desde el '74 hasta el '92 Dell'Utri fue garante de un pacto entre Berlusconi y las familias mafiosas de Palermo. Y el fallo de la Tratativa, aunque sea de primera instancia, dice que la intermediación no se detuvo en el '92, sino que se extendió a todo el primer gobierno de Berlusconi.

Ignorar todo esto, darle la espalda, es la demostración de que, aún hoy, hay una parte del pueblo que después de más de 150 años de historia quiere tener relaciones con la mafia.

En la película "Centopassi", en la que se cuenta la historia de Peppino Impastato, hay una escena en la que se reconstruye el monólogo de Salvo Vitale, emitido el 9 de mayo de 1978, poco después de la muerte de su amigo fraterno, en Radio Aut. "A quién le importa Peppino Impastato -dice Claudio Gioé- hagan una cosa: apaguen esta radio y den media vuelta, ya se sabe cómo terminan estas cosas, se sabe que nada puede cambiar. Tienen la fuerza del sentido común de su lado, la que no tenía Peppino. Mañana habrá un funeral. No vayan, dejémoslo solo. Y digamos de una vez por todas que los sicilianos queremos a la mafia. Pero no porque nos da miedo, porque nos da seguridad, porque nos identifica, porque nos gusta. Somos la mafia".

Lo que está sucediendo hoy, en el 2021, claramente nos hace comprender el gravísimo problema cultural que atenaza a nuestro país y que manifiesta la presencia de un amplio estrato de ciudadanos que, aunque honestos y trabajadores, no quieren ver ciertas verdades. Y que, a la mafia, también representada por figuras como Marcello Dell'Utri, en el fondo no la quieren derrotar.

Como para hacer que se retuerzan en la tumba Falcone, Borsellino y todos los mártires que lucharon contra ella.

Damos por descontado que quienes firmaron esa página publicitaria conocen la condena por actividades mafiosas aplicada a Dell'Utri.

Un manifiesto evidente de la "cultura mafiosa", que tiene raíces lejanas y que es un aspecto de la ideología dominante, la del poder, que lamentablemente se manifiesta incluso entre las clases sociales más débiles.

Y la prensa no está exenta de culpa al difundir este "mensaje perverso".

Esa misma prensa que hizo varias campañas contra los magistrados que tuvieron el coraje de investigar a los líderes del sistema criminal y que no se resignan en la búsqueda de la verdad sobre las masacres y los misterios que siempre han existido en nuestro país. Las exposiciones y los anuncios, aparentemente inofensivos, no hacen más que alimentar todo esto, en un clima de revisionismo que ahora recorre todos los sectores de la sociedad. Así que quitémonos la máscara. Y digamos que queremos la mafia "porque nos identifica" y "porque nos gusta". Sin hipocresía.

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*Foto de portada: Reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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