Contundente libro de denuncia, del periodista uruguayo Pablo Fernández Acheriteguy
“Debemos enfrentar a los corruptos y no pasar a la historia como cómplices”
 
Por Jean Georges Almendras-10 de agosto de 2021

Conocer a Pablo -nacido en San José de Mayo, en junio de 1968- tiene un muy particular significado para quien entiende el periodismo (libre, independiente) como uno de los instrumentos más idóneos para desarrollar la lucha contra el sistema criminal, o como en este caso, para hacer parte de una lucha incondicional contra la corrupción imperante dentro de una sociedad, en la que uno ha nacido, crecido y se ha desarrollado, como ciudadano, en el entendido de que quienes llegan a puestos públicos, deben fundamentalmente deberse a su comunidad, y no a las mezquindades más inimaginables como camino para alcanzar objetivos de carácter personal, dinero o poder. Pablo, con una amplia trayectoria periodística, como hijo de una tierra distante no más de cien kilómetros de la capital del Uruguay, es una persona, que además de amar profundamente sus raíces, es en su trato, un ser humano que genera empatía, confianza, transparencia y honestidad.

Portador además, de valores que se codean, con la sed de justicia, como común denominador de todos quienes nos hemos comprometido con las causas en favor de la vida y de la coherencia a la hora de hacer una denuncia dirigida exclusivamente a desmantelar los artilugios y los cimientos del poder liado estrechamente con metodologías mafiosas o de corrupción solapada, en puestos de poder político, o la institución pública, el colega Pablo Fernández en el 2019 ha escrito un libro que según sus propias palabras: “Nace del dolor. Del dolor de ver a mi querido departamento de San José en un estado de alineación, de mentira, de decaimiento, de chatura, de corrupción”; un libro que “nace de la obligación. De la obligación que me impone mi profesión: periodista”; un libro que “nace de mi memoria futura, que ojalá me distinga de aquellos que aun sabiendo lo que yo sé, se quedaron calladitos, y permitieron que la corrupción avanzara, envenenando el futuro y el pasado de todos. La verdad es ahora; es ahora que debemos enfrentar a los corruptos y no pasar a la historia como cómplices. Patas cortas tiene la mentira, y para su condena, largos brazos tienen la memoria, la verdad y la justicia. Este es mi aporte”.

Capítulo tras capítulo -son 40 en total- uno va sumergiéndose, de la mano de una narrativa frontal (y amena) y sobrada en nombres, apellidos y circunstancias, que no hacen otra cosa que constituirse en evidencias y en inexorables pruebas que van desgranando situaciones, episodios y corrupciones, dentro de un contexto de profunda investigación, que al decir del colega Richard Prieto (*) -al prologar la publicación- “podemos destacar varios ítems característicos del buen periodismo; todo es investigación si es hecho a conciencia y seriedad; el periodista no investiga por tomar partido por otra cosa que sea la verdad; la única forma de conocer la verdad son las fuentes que aportan datos, dichos y documentos; las amenazas contra la vida y la libertad de trabajo contra el periodista, con un arma de uso común que se extreman en ámbitos sociales del interior, en los que tanto periodista como investigados se cruzan a diario por la calle”.

Sergio Israel (**), también en su prólogo, da cuenta de valoraciones que también compartimos: “Este trabajo, como corresponde al buen periodismo, contiene un conjunto de informaciones incómodas para el poder. Revela detalles de algunas cosas que se conocen solo por los títulos y de otras que ni siquiera eso. El lector encontrará elementos para saber más acerca del funcionamiento del gobierno de San José en los últimos años y de la agenda que tiene para encarar el departamento en el futuro”.

Prácticamente han transcurrido ya dos años desde que “Patas cortas” ganó las calles del departamento de San José, y la región, donde su entrada fue triunfal, cosechando a su paso, los sinsabores que le son destinados a quien valerosamente confronta al poder y al sistema mafioso instalado en los puestos más estratégicos de gobierno municipal y empresarial, en este caso maragato.

Recientemente, en las instalaciones del periódico Visión Ciudadana, donde tuve el gusto de participar del programa de televisión “Opinión Pública”, junto a Pablo y a Jorge Eduardo Scagini (director del periódico), hablamos largo y tendido de la antimafia italiana y mundial, y congeniamos con el sello de una causa común, que debe ser precisamente así, compartida entre quienes creen en el periodismo independiente y descontracturado, y a distancia de los lineamientos del establishment, particularmente cuando se trata de erradicar y señalar con el dedo (con sólidas (pruebas) a los que corrompen sociedades, instituciones y las pocas democracias que hoy (en el mundo) sobreviven (en apariencia) incólumes de los apadrinamientos financieros y políticos, que hacen a la criminalidad organizada mundial, en nuestros términos: al Sistema Criminal Integrado.

Recomendamos el libro, casi como una obligación ética, si amamos la libertad, la justicia y la verdad. Recomendamos el libro, porque en él, hay nombres de personajes de la vida política nacional, algunos de los cuales, ya habiéndose alejado institucionalmente del departamento josefino, siguen erguidos bajo el cono de sombra de sus corrupciones, ejercidas en puestos estratégicos del sistema político y estatal del Uruguay, de hoy, agarrados a sus desviaciones del ayer, expandiéndolas descarada y cínicamente en los cuatro puntos cardinales, sin respetar fronteras, y leyes. Recomendamos el libro, porque es un libro valiente, que no tuvo su caja de resonancia necesaria, porque todo su contenido, es verdadero, es certero, y fue una bofetada, muy bien dada, al poder de turno. Recomendamos el libro, porque es vigente. Muy vigente.

Escribiendo sobre Pablo Fernández Acheriteguy sobre “Patas cortas” (***) no escatimé palabras, ni expresiones, muy merecidas, por cierto, valorando y exaltando la investigación, y a todos y a cada uno de sus fundamentos y de sus denuncias, pero, además, me resultó imposible omitir una de sus confidencias recordando el lanzamiento del libro, sentados alrededor de una mesa de la confitería del Club San José. Una confidencia que nos debería avergonzar a todos, porque es la demostración más sincera y más descarnada, de lo que significó para Pablo, dar a luz este libro. Una confidencia que el lector desprevenido, quizás no llegue nunca a comprender o a considerar (pero puedo equivocarme), en contrario del lector que tiene bien claras las ideas sobre lo que puede llegar a hacer el poder de la corrupción, para desprestigiar al periodista libre, y para demoler y obstaculizar las verdades que se hacen públicas, porque son verdades mafiosas, las que hay que difundir, para desenmascarar a los que gobiernan, accionan dentro de las instituciones y viven la cotidianidad, disfrazados de corderos, cuando en realidad son lobos depredadores de vidas y de esperanzas, cohabitando entre todos nosotros, como si tal cosa.

“El libro no llegó a Montevideo, primero porque me lo banqué yo. Creo que Sergio Israel lo cuenta, en uno de los prólogos del libro. Yo empecé un año antes a pedirle a la gente que depositara, de a 400 pesos, y así fue como banqué el libro, que fueron uno 400 ejemplares. Y los tuve que entregar yo mismo en mano, porque me entero que los tipos estaban preparados, estos mafiosos de acá; estaban preparados, porque si yo mandaba diez libros a una librería -hay cuatro librerías en San José- los tipos ya tenían arreglado para ir y comprar los diez libros y esperar. Y si yo mandaba más, los compraban. Los tuve que entregar yo, uno a uno en mano; no hubo libro que viajara por correo, ni nada de eso. Me recorrí el departamento. Los entregaba en plazas. Marcaba un día que yo iba a estar en tal plaza, me llevaba un amigo y ahí iba cayendo la gente, conversábamos un rato en una plaza pública y ahí yo le llevaba el libro, fue tipo gitano. Yo ya estaba jugado con el libro, lo duro habían sido los años anteriores: 2011 y 2012, que me sacaron de todos los medios. Casi me llevaron a la indigencia. Y en medio de todo eso, perdí mi familia. Uno sabe las consecuencias que tiene que pagar. Tengo que empezar a preparar la segunda parte, porque “Patas cortas “es la mentira y “Manos largas” serán las confirmaciones que se han dado, de todo lo que yo digo ahí. En “Patas cortas” tengo pruebas” pero el tema acá era hacer que la gente confiara en el periodismo, más allá de datos y alguna fotito de algún documento, por eso se me amenazó y el libro no pudo llegar a Montevideo. Al segundo día que el libro estaba acá, José Luis Falero ya estaba en medios montevideanos diciendo que era todo mentira. Amenazó al semanario Búsqueda, que fue donde salió una muy cortita nota, unas 48 horas antes de que el libro llegara a la ciudad de San José, es decir terminado de imprimir. Y después, Falero fue a programas de gente amiga, donde hay maragatos vinculados, y por supuesto, que le rinden pleitesía”.

Antimafia Dos Mil no rinde pleitesía al crimen, pero sí a la justicia y a la verdad. Gracias Pablo por “Patas cortas”, porque estamos en el mismo camino.

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(*) Richard Prieto: Psicólogo especializado en comunicación y medios. Periodista. Colaborador en temas de comunicación para Unesco y UNICEF. Dirigente de la Asociación de la Prensa Uruguay (2004-2010)

(**) Sergio Israel: Licenciado en Ciencia de la Información-Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Periodista y escritor.

(***) Interesados en el libro, dirigirse al periódico Visión Ciudadana de San José de Mayo, o directamente con Pablo Fernández Acheritegy y con Antimafia Dos Mil

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*Foto de portada: Romina Torres / Our Voice y Antimafia Dos Mil

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