Por Jean Georges Almendras-20 de junio de 2021

Los ciclos de la vida, irrefutables, hacen su cierre en la cotidianidad que nos rodea, y siempre tienen un nombre y un apellido. Un rostro. Una sensibilidad humana. Y siempre nos retrotraen al recuerdo, a la valoración, al reconocimiento. Hace escasas horas, el ciclo de vida de Jorge Parodi, periodista uruguayo, se cerró y dio un portazo. El portazo que nos impacta y nos da de bruces con la desazón y la impotencia, especialmente -porque debido a nuestras rutinas y a las distancias, involuntarias- por bastante tiempo, no solo no pudimos compartir juntos, el anecdotario, como veteranos, sobre la Primera Misión Oficial del ROU 24, a la base Antártica Gral. Artigas (en el verano de 1991, junto a otros colegas de radio, diario y televisión del Uruguay), sino además, sobre el mundo de hoy, como periodistas, que en más de una ocasión hicimos parte de programas radiales en radio Sport, abordando temas profundos de la vida en América Latina y el mundo, ya en aquellos días, inclusive, junto con quien hoy es director de Antimafia Duemila, Giorgio Bongiovanni.

La noticia de su desaparición física, en la jornada sabatina, sacudió también a varias figuras del medio periodístico, y fuera de él. Jorge Parodi tenía, por su personalidad, la capacidad de ser un verdadero anfitrión cuando entrevistaba, o mejor dicho, cuando dialogaba con un invitado porque ante todo su calidad humana hacía que su interlocutor se sintiese en armonía con la oportunidad de comunicarse con la audiencia. Era un hombre de radio. Un profesional, diríamos hoy de “la vieja guardia”. Un hombre noble, transparente y frontal. Humilde y muy sediento de justicia.

A comienzos de los noventa cruzamos nuestros caminos y desde ese momento, hasta hoy, que debo recordarlo y evocarlo, no perdimos conexión. Lo tengo muy presente, hablando con él, en estudios de Radio Sport, junto a Bongiovanni, sobre un mundo complejo, y sobre los hombres denostando a la naturaleza, a la ley, y a la vida. Y sus palabras, sus comentarios, los de Jorge, siempre apostaban a la vida y a la verdad, y a la búsqueda de un mundo mejor. Lo tengo muy presente, en los días de navegación a la Antártida, compartiendo juntos vivencias a bordo de la ROU 24, siempre en un marco de disponibilidad, donde la amistad y la vocación de servicio, eran sus principales estandartes.

Jorge Parodi luego, fue parte de la familia de radio Imparcial: todo un emblema y todo un maestro para las generaciones que lo escrutaban a la distancia, quizás ajenos a su extensa y rica trayectoria como ser humano y como profesional.

Por dos décadas fue la figura central de “Amaneciendo en Imparcial”; fue el maestro indiscutible de Santiago Carbone, hasta que, en 2017, no tuvo alternativa (por cuestiones de salud) de dejarle a él, ese clásico de las madrugadas en CX28.

Desde estas páginas no habremos de sumar mucho más sobre su vida y sobre su persona, porque Jorge Parodi, que además era un comunicador de la verdad, hizo camino al andar y su huella siempre fue un canto al amor a la naturaleza, a la amistad, a la lucha por los valores de justicia y a su tierra.

Un hombre (y un colega) íntegro, (y un amigo entrañable) que evoco y homenajeo. Un hombre a quien despido en este plano, sabiendo perfectamente que lo extrañaré, hasta convencido de que algún día, dando vuelta la esquina, lo habré de encontrar, y me abrira los brazos de su amistad, con su sonrisa inconfundible.

Y con su voz, inconfundible. La voz de un hombre de radio, de un comunicador, como hubo pocos. Hasta la vista Jorge Parodi, los redactores de Antimafia Dos Mil, te saludan, merecidamente, y sentidamente, haciendo extensibles los saludos y las condolencias a toda su familia.

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*Foto de portada: Jean Georges Almendras / Jorge Parodi en la Antártida, 1991

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