Lucas Villa fue baleado en medio de una manifestación, en Colombia: esta al borde la muerte
 
Activista pacífico, estudiante y además artista
 
Sus agresores tripulaban una moto y se cree que serían elementos paramilitares
 
Por Jean Georges Almendras-6 de mayo de 2021

Se sintieron ocho detonaciones de arma de fuego. Una detrás de la otra. La mano criminal de un hombre tripulando una moto, empuñando una pistola de alto poder de fuego, en apenas cinco segundos, hizo que un hombre cayera al pavimento herido de extrema gravedad. La víctima se llama Lucas Villa Vásquez, de 37 años. Es uno de los cientos de colombianos que estaba manifestando en las calles de su ciudad, Pereira, capital del departamento de Risaralda, en la noche del pasado miércoles 5 de mayo. Lucas es un estudiante de Ciencias del Deporte y la Recreación de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP), y es además, un activista pacifista, que además hace arte, cantando, siendo muy querido por quienes integran su círculo universitario, su comunidad y su familia. Una familia que ahora vive horas desesperantes, porque la vida de Lucas corre serios riesgos. Una familia que vive en carne propia, el efecto devastador de una represión criminal, de la que participan esbirros uniformados del Estado de Colombia (los nuevos sicarios de un presidente desalmado, como es Iván Duque) y hombres sin uniforme que aparentemente harían parte de grupos de guardias de seguridad privada, cuya presencia en esas manifestaciones ha sido tildada de sospechosa, porque se baraja en filas de organismos de derechos humanos -extraoficialmente- y con cierto grado de certeza, que esos personajes sin uniforme, ni identificaciones, compartiendo acciones junto a uniformados represores, serían elementos paramilitares que se suman a la tarea de las fuerzas de seguridad para “barrer” a manifestantes, con impunidad asegurada.

Horas después del hecho trascendió que Iván Duque habría hecho comentarios de repudio ante el episodio, disponiendo inclusive el inicio de una serie de investigaciones. ¿Cómo terminarán esas investigaciones? Lo ignoramos. Y me pregunto algo más: ¿Desde qué momento se iniciaron las primeras averiguaciones de las autoridades competentes y dentro de qué parámetros? Lo ignoramos.

Lo cierto es que aquella noche, los manifestantes de ciudad Pereira cayeron a merced de las fuerzas de seguridad, las que en los últimos ocho días se han caracterizado por tirotear primero y preguntar después, sin es que hay lugar a las preguntas, en medio de las violentas arremetidas en las calles y en las plazas. Y en esas circunstancias es que Lucas fue baleado, pero extrañamente no por policías blandiendo armas o garrotes, sino por una persona tripulando una moto, dentro de un clima tenso y de notorio sello represor.

Para Iván Duque y para los matones que obedecen -a ciegas y sin discernimiento- sus demenciales mandatos, expresarse públicamente y pacíficamente, reclamando por una causa justa, es un crimen. Y como es un crimen hay que balear impunemente, sin sentimientos, sin emociones. Y esto es lo que ocurrió al momento de ser herido Lucas Villa, activista pacificador, que fue literalmente barrido al pasar, por hombres desconocidos, con aires de asesinos que actúan amparados en la oscuridad y por sobre todo en la impunidad.

Para Iván Duque, y mucho más allá de que condenara el ataque y dispusiera las investigaciones de rigor, estamos seguros que el nombre Lucas Villa no le significa nada, ni mucho menos su grave situación de salud, ni mucho menos el dolor de su familia y de los seres queridos, ni mucho menos el sentimiento de repudio del pueblo colombiano, después del cobarde atentado. Repudio al que nos sumamos, por antonomasia.

Alrededor del episodio de Lucas Villa, se erige, en la ciudad de Pereira, la figura de su alcalde Carlos Maya (de la coalición de gobierno Más Cambio) quien ha sido fuertemente criticado por haber instado y promocionado a que miembros de la seguridad privada formaran parte de un frente común con policías y militares, para “recuperar el orden en la seguridad ciudadana”, ante el avance del vandalismo y de los disturbios, refiriéndose a las manifestaciones que se están realizando en todo Colombia. Dentro de ese marco, y después del atentado, incluso se ha dicho que el mismo Maya habría ofrecido una recompensa de 50 millones de pesos colombianos (unos 13.000 dólares) para quien aporte información que permita llegar a los responsables de los disparos contra Lucas Villa.

¿Hay que considerar estos planteos como valederos y ciertos? ¿Acaso forman parte de una maquiavélica estrategia para despistar a las autoridades para que no se llegue nunca a dar con quienes participaron del atentado? Eso es todo un verdadero enigma.

Pero lo que no es un enigma, sino una dramática certeza, es que Luca Villa, un activista ejemplar de la ciudad de Pereira, está internado y es un herido de gravedad cuya vida se encuentra seriamente comprometida. Los proyectiles impactaron a nivel del cráneo.

En cuestión de pocos segundos la alegría de vivir de Lucas cruzó el umbral de una puerta para perderse en un mundo de tinieblas indescriptible. Lucas, está al borde de la muerte. Al momento de redactarse estas líneas se encuentra internado en terapia intensiva y según los últimos informes médicos su estado es sumamente crítico. Si bien algunas versiones apuntan a señalar que el diagnóstico es “muerte cerebral”, el gerente de la clínica Juan Carlos Restrepo afirmó que su estado “es reservado”, y que se aguarda su evolución para las próximas horas, pero sin atreverse a pronosticar mejorías.

Resumiendo, el ataque, según versiones recabadas en medio de la confusión y del nerviosismo de quienes se encontraban cerca de Lucas, habrìa sido cometido por un desconocido tripulando una moto, ignorándose otros datos sobre su identidad, ni tampoco del birrodado en el que se encontraba. Los disparos fueron hechos en medio de una protesta, desde la moto, a la altura del viaducto César Gaviria y en la ocasión también resultaron heridos de gravedad otras dos personas: Andrés Felipe Castano -quien presenta heridas en el cuello y el abdomen- y Javier David Clavijo, quien presenta lesiones a nivel de una de sus piernas.

Algunos testigos afirmaron, que, en los minutos previos a ser alcanzado por las balas, y quizás dándose cuenta de la presencia de la represión, Lucas Villa gritó: “Nos están matando en Colombia”. Otros testigos consignaron que Lucas, en la protesta callejera de esa noche, no dejó de arengar a los manifestantes a no ser violentos en la movilización.

Se estima que Lucas, en los instantes previos a caer al pavimento en medio de un charco de sangre, presintió el peligro y supuso que se acercaban represores uniformados, pero no imaginó que sus agresores serían los tripulantes de una moto. Desconocidos, que seguramente lo vendrían acechando, amparados en las sombras, hasta que finalmente el atentado se cometió.

Lucas, ahora, lucha por vivir, sus agresores están impunes, y la represión al pueblo colombiano continúa.

https://twitter.com/Colom2021/status/1390139776272044032?s=20

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*Foto de portada: www.rcnradio.com

*Fuente de video: Twitter de @Colom2021 S.O.S Colombia

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