Por Giorgio Bongiovanni-03 de abril de 2021

(Hermano carnal de una víctima de la mafia)

Estimado señor presidente de la República Sergio Mattarella:

Le deseo como cristiano católico una Santa Pascua y me tomo la libertad de escribirle en mi nombre y en nombre de la redacción de la revista ANTIMAFIADuemila la siguiente carta.

Como ciudadanos que llevamos años estudiando el fenómeno del crimen organizado, nos preocupa lo que está sucediendo, en un silencio casi total, en nuestro país.

El 23 de marzo, ante la Corte Constitucional, se volvió a discutir la cadena perpetua obstativa y la posible concesión de la libertad condicional a un mafioso que quiere acceder a este beneficio sin colaborar con la justicia.

Un tema del que se viene hablando desde hace algún tiempo, a raíz de la sentencia de la CEDH (Corte Europea de Derechos Humanos) y la posterior de la Consulta que declaró la ilegitimidad del artículo 41 bis, abriendo de hecho la posibilidad a los condenados a prisión perpetua 'de por vida' para acceder a permisos premio durante su detención sin la restricción de la colaboración.

Y si bien estos pronunciamientos ya alcanzan para generar alarma, lo que indigna es que la Fiscalía General del Estado, clara expresión de la voluntad del Gobierno, que debió haber defendido las leyes vigentes sobre la cadena perpetua obstativa, les haya abierto la puerta de la libertad condicional a los condenados a esa pena, incluso a los irreductibles jefes de las masacres, los que custodian una parte de los secretos de esos terribles crímenes.

Y lo hicieron al no solicitar que se considere inadmisible el pedido de la Corte Suprema, es decir, declarar la inconstitucionalidad de la norma que prohíbe a los condenados a cadena perpetua hasta el fin de la vida por actos de mafia y de terrorismo, acceder a la libertad condicional si no colaboran con la justicia. En cambio, invitaron a la Consulta a emitir una sentencia que en lenguaje jurídico se denomina "interpretativa de rechazo".

La Corte, al no declarar inconstitucional la norma sobre la cadena perpetua obstativa, debería reconocer al juez supervisor la facultad de evaluar a su discreción caso por caso, siempre que los jefes mafiosos hayan cumplido 26 años de prisión.

Y aquí aparece la grieta que abre la puerta. Una señal que los jefes más importantes han estado esperando desde hace mucho tiempo.

No me dirijo a usted sólo como presidente de todos los italianos, sino también como familiar de una víctima de la mafia.

Ayer, en Palermo, muchos se reunieron en la plaza Verdi para expresar su disconformidad con respecto a lo que sería una verdadera bofetada al sacrificio de tantos mártires.

Usted puede comprender, señor presidente, su inmenso dolor que se convierte en nuestra consternación.

Ante nuestros ojos, en cada conmemoración, fluye la imagen en la que usted saca del auto el cuerpo acribillado a tiros de su hermano Piersanti, entonces presidente de la Región de Sicilia, asesinado el 6 de enero de 1980.

Un delito sobre el que todavía hoy sigue abierto un expediente de investigación para intentar identificar a los asesinos, hasta ahora impunes, a diferencia de los jefes de Cosa Nostra (fueron condenados a cadena perpetua ante todo Totò Riina y Michele Greco, y todo el resto de los miembros de la cúpula: Bernardo Provenzano, Bernardo Brusca, Pippo Calò, Francesco Madonia y Antonino Geraci).

Giovanni Falcone planteó la hipótesis de la coparticipación de organizaciones terroristas neofascistas y diversos elementos probatorios apuntan a pensar en la vigencia de esa pista, aunque el terrorista negro Giusva Fioravanti, reconocido por la viuda de Piersanti Mattarella, Irma Chiazzese, haya sido juzgado y absuelto del cargo de homicidio.

En los últimos dos años han surgido nuevos elementos y la investigación continúa.

Lo cierto es, en nuestra opinión, que su hermano no solo era hostil a Cosa Nostra, sino también a ese grumo de poder gris en el que la mafia y la política se mezclan para convertirse en uno.

Su hermano, Piersanti Mattarella, fue sin duda uno de los primeros en romper esa relación ambigua entre la mafia y el Estado y hacer una distinción entre la política real y la connivencia con el crimen organizado.

Y usted, al igual que toda su familia, merece saber toda la verdad sobre ese crimen.

Ahora, sin embargo, hay otra emergencia.

Porque jefes de la mafia como Giuseppe Calò, condenado como instigador del asesinato de su hermano, y los "herederos" de los otros asesinos, jefes de las masacres y muchos más, están muy cerca de ser liberados de la cárcel. E incluso un solo día de libertad daría una señal devastadora, anulando todo lo que se ha hecho en los últimos años en la lucha contra la mafia.

Somos perfectamente conscientes de que su papel está por encima de las partes con respecto a la política, pero le pedimos su intervención precisamente en nombre de la Constitución de la que es garante.

Porque existe el riesgo de que se señale como predominante, respecto a las exigencias de tutela de toda la sociedad, el derecho subjetivo del detenido a elegir los modos y las rutas de su propia resocialización, negándose a adherirse a los previstos por la ley.

En lo que refiere al tema de lucha contra la mafia nuestro país le lleva años luz a los demás países de la Unión Europea. Por eso no es posible aceptar indicaciones y dictados de quienes fingen desconocer la peligrosidad del fenómeno.

La Corte de la UE, que fue la primera en abrir la discusión sobre ciertos puntos, no se da cuenta de que los hombres de honor son mafiosos hasta que les llega la muerte. Y así es a menos que se rompa el vínculo colaborando con la justicia, como usted bien sabe.

La posibilidad de que los mafiosos sean admitidos a los beneficios penitenciarios de permisos premio, semilibertad y libertad condicional en ausencia de colaboración, desmotivaría cualquier impulso de colaboración, permitiendo así que la mafia logre el objetivo de privar al Estado de un instrumento que ha demostrado ser valioso para desestabilizar el equilibrio interno de las organizaciones criminales, al desarticular sus estructuras y permitir que se llegue a importantes partes de verdad, incluso sobre masacres y crímenes excelentes que permanecen envueltos en el misterio.

Es necesario devolver al remitente ese pedido que se origina en Europa y usted, como presidente de la República, puede intervenir con mayor fuerza porque, de hecho, ha experimentado en carne propia el significado de tener a un familiar asesinado, crimen sobre el que aún no se conoce toda la verdad.

Usted bien sabe que sólo gracias al 41 bis se logró evitar casi totalmente (lamentablemente no siempre, como muestran las investigaciones más recientes) la transmisión de órdenes al exterior por parte de los grandes jefes mafiosos.

Imagínense lo que podría suceder si jefes peligrosos y asesinos en masa volvieran a ser libres para expresar su poder, seguir ordenando asesinatos y dirigir el tráfico de drogas.

Su intervención sería importante en la defensa de esa ley concebida e inspirada por Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, pero puesta en práctica solo después de su muerte.

Pero también, como presidente del Consejo Superior de la Magistratura, sería importante su intervención para proteger a los jueces de vigilancia que, si fueran investidos con la carga de evaluar caso por caso la posible liberación de los jefes mafiosos, se encontrarían seriamente expuestos.

Lamentablemente, otros familiares de las víctimas de la mafia, hasta la fecha, también han descuidado estos temas. Excluyendo a Salvatore Borsellino, Maria Falcone y algunos más (Vincenzo Agostino, Graziella Accetta (madre del pequeño Claudio Domino), Margherita Asta, Massimo Sole, por nombrar a algunos de los que fueron a la plaza de Palermo para protestar contra este último escándalo) la mayoría ha guardado silencio, frente a la grave conducta de la Fiscalía General del Estado. Incluidos los hijos de Borsellino. Una falta de participación que nos entristece si tenemos en cuenta el alto riesgo de que los asesinos de sus familiares puedan salir de la cárcel y, posiblemente, llevar a cabo nuevos delitos o masacres.

Esperamos que su intervención, presidente Mattarella, pueda estimular e inspirar a todos los familiares de las víctimas de la mafia, ante esta enésima bofetada que se le hace a la Justicia.

Cada año, el 21 de marzo, se leen más de mil nombres y apellidos de las víctimas, para conmemorar y prometer un compromiso civil renovado. Si todos los familiares quisieran y supieran unirse y compactarse en una protesta civil, la historia podría cambiar totalmente.

Y le pedimos a usted, como jefe del Estado, una intervención moral, fuerte y decisiva.

Porque la emergencia mafiosa no ha terminado en nuestro país.

Nuestras organizaciones criminales fueron y siguen siendo hasta el día de hoy las más fuertes y poderosas del mundo, conformadas por criminales y asesinos que, con el narcotráfico internacional, matan a miles de jóvenes y no solo en nuestro país.

Usted, como Jefe de Estado y presidente del Consejo Superior de la Magistratura, puede conmover al país a la luz de estos hechos.

Usted puede tener el coraje de reiterar el concepto de que el crimen organizado es uno de los problemas más urgentes a abordar y que debe ser la "máxima prioridad" en la agenda política de cualquier gobierno, porque nuestra democracia está en riesgo.

Realmente espero que así sea, señor presidente Sergio Mattarella. De verdad lo espero. Quizás su hermano, el presidente Piersanti, lo hubiera esperado incluso más que yo.

Con respeto y estima.

Giorgio Bongiovanni

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*Foto de portada: © Imagoeconomica / Letizia Battaglia

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