Grupo de Puebla y los desafíos de la política latinoamericana

Por Andrés Volpe, desde Argentina-13 de marzo de 2021

Héroe para algunos, villano para otros, Baltasar Garzón sin dudas, quedará en la historia de la lucha por los derechos humanos como un personaje ciclotímico, polémico. Nadie es profeta en su tierra reza el dicho. Proceso mediante, fue inhabilitado para ejercer como juez en su España natal, pero su figura cobro fama internacional ante la orden de arresto librada contra Augusto Pinochet. Su papel protagónico durante la persecución contra periodistas y militantes de la independencia vasca, su rol como asesor de los presidentes Uribe y Santos para la supuesta desmovilización paramilitar en Colombia, conforman una parte de ese lado ambiguo que es necesario destacar. Hoy su perfil mediático abarca la coordinación de la defensa a Julián Assange. Su breve incursión en la política lo acercó al progresismo latinoamericano. En una suerte de declaración de principios, el exjuez, expuso en un artículo del periódico Página 12, la visión del Grupo de Puebla y los desafíos de la política latinoamericana.

“Desde una óptica progresista, construir una alternativa creíble que propicie el nuevo y necesario bienestar de la sociedad, exige un trabajo común para que las cosas cambien y, previamente, reconocer la realidad en la que vivimos como primer paso para transformarla así lo creo y así lo he dejado reflejado en mi libro La encrucijada. Es el mismo espíritu que alienta al Grupo de Puebla, la organización creada por líderes progresistas de América Latina y España que intenta revertir la inquietante situación del continente”, afirma Garzón.

¿Podrán revertir la situación de América Latina estos líderes progresistas, muchos de ellos tantas veces cuestionados por marcar continuidad en políticas de estado disfuncionales a los derechos más básicos, de las personas?

El grupo de Puebla está compuesto por 47 líderes políticos de quince países y el Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (en el cual Garzón tiene su papel) estableciendo un eje que abarca Buenos Aires-Montevideo-Brasil-La Paz-Ecuador-Colombia-Ciudad de México-Santiago de Chile, y que actualmente cuenta con más de 100 miembros.

Entre sus figuras principales se destacan la del presidente de Argentina, Alberto Fernández, y los expresidentes de Colombia, Ernesto Samper que, junto al político chileno Marco Enríquez-Ominami, coordinador del mismo y el exministro brasileño Aloisio Mercadante, son los motores del grupo; los expresidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff; de Bolivia, Evo Morales; de España, José Luis Rodríguez Zapatero; de Paraguay, Fernando Lugo, y de Uruguay, José Mujica, además de decenas de dirigentes iberoamericanos.

Se destaca también un consejo asesor de personalidades como el filósofo estadounidense Noam Chomsky, la escritora canadiense Naomi Klein, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el economista griego Yanis Varoufakis, el excanciller brasileño Celso Amorim, el actor mexicano Gael García Bernal, el expresidente ecuatoriano Rafael Correa o la activista india Arundhati Roy.

Según Garzón, los objetivos del Grupo de Puebla, se concentran en brindar apoyo a estructuras regionales, separándolas de aquellos quienes intentan generar en América latina una cultura de servilismo, a su vez acentuando el frente político, frente al derecho y a una economía.

“Los instrumentos para llevarlo a cabo pasan por la defensa del medioambiente, la madre tierra y los pueblos originarios, las mujeres, los menores, y dando un papel protagonista a la sociedad civil y a los movimientos sociales”, anade.

A finales del mes de enero el grupo de Puebla acordó presentar un manifiesto, que según Garzón marcará el camino a la reactivación del continente. El enemigo común elegido es la pandemia y el móvil es la solidaridad.

"La región está sufriendo una pérdida irreparable de vidas humanas y ha visto como empeoraba la crisis económica y social que desde hace años se ha venido arrastrando. Los golpes blandos asestados contra los gobiernos progresistas en diferentes naciones tienen mucho que ver con estas desigualdades y esta ruina para los más débiles”.

A su vez agrega una receta: “los medios para superar la situación son de un lado la ciencia, mediante el suministro universal de vacunas eficaces y seguras, que acaben con la explotación interesada de las grandes farmacéuticas que agrandan la desigualdad entre los que más tienen y los que menos disponen; medidas socioeconómicas de apoyo a la población más vulnerable y a un nuevo modelo de economía solidaria”.

¿Podrá ese nombrado apoyo a la sociedad más vulnerable romper esa brecha con el sector más rico, si hasta este momento aún nunca se pudo implementar en el continente de manera efectiva, masiva y duradera?

¿De qué manera se puso en práctica los cientos de discursos de muchos de los integrantes del grupo de puebla, muchos de ellos presidentes alguna vez?

¿Qué poder real de acción manejan estos referentes?

“Para el Grupo de Puebla, lo que ha desencadenado esta situación tiene raíces profundas en el modelo neoliberal apoyado en la financiación del capital que promueve la desigualdad extrema y la precariedad del mercado laboral; fragiliza el estado de bienestar y la democracia; socava derechos sociales; amenaza el medioambiente; deriva en crisis económicas recurrentes y ha convertido en incompatibles el crecimiento sostenible y la justicia social”.

La situación en la que estamos es bien conocida, y la historia de saqueo de las economías es recurrente. ¿Cuántas veces debemos justificar el punto donde nos encontramos como punto de partida? ¿Cuántas veces deberán prometer recetas mágicas, nuevos comienzos, nuevas alianzas con las mismas caras?

Según el exmagistrado, el Grupo de Puebla viene a sembrar la preocupación por el avance de la extrema derecha en el mundo, y que es necesario un marco jurídico que nos aleje en cualquier ámbito de esta ideología y coloca a Polonia, Hungría y España como sendos ejemplos.

“Si la ultraderecha está actuando coordinada en diferentes rincones del globo, los progresistas debemos unirnos igualmente para defender la democracia, nuestras libertades, los derechos humanos y el medioambiente. Es nuestro deber como demócratas, porque ya sabemos adónde lleva este camino por el que nos quieren arrastrar nuevamente los fascistas. Acabó en Auschwitz, en Dachau, en Buchenwald, en Mauthausen-Gusen, acabó en las cámaras de gas y en los crematorios, acabó en la ESMA y en los vuelos de la muerte, acabó en Villa Grimaldi y en Colonia Dignidad”.

Otro punto fundamental es el Lawfare, y se ha vuelto un arma muy poderosa en este tiempo, exclama Garzón. “La perversión de la justicia se produce cuando se olvida que el derecho es un instrumento de pacificación social y facilitador de la convivencia humana y no un arma para derrotar políticamente a los contrarios. Y hay que tener siempre presente para toda actuación judicial que los derechos humanos son hoy la esencia misma del derecho”.

Garzón, está convencido, en su idea, de que “el progresismo humanista”, es el motor que puede cambiar el mundo.

“Es una tarea ardua pero imprescindible y consiste ante todo en tomar conciencia del valor del ser humano sobre cualquier otra consideración y de proteger a los movimientos sociales y la libre expresión de la protesta pacífica y constructiva”, afirma Garzón.

Ojalá sus palabras puedan ser puestas en práctica. Ojalá puedan ser llevadas a la calle. Ojalá pueda prosperar un proceso cultural que viene pospuesto por planificaciones maquiavélicas pre y postdictaduras.

Las señales de recuperación se están avisorando en este momento sobre el asfalto del Abya Yala. Los pueblos vuelven a recuperar su memoria. No sea cosa que se interrumpa ese despertar por la retórica de escritorio o quizás, podamos ver por vez primera a las figuras de saco y corbata marchar junto a la gente, porque ellos son también pueblo, como así lo entendieron los grandes mártires de la historia.

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*Foto de portada: www.lavozdegalicia.com

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